
Luis Argûello, Rarzobispo de Valladolid y Presidente de a CEE,
Siempre he pensado que en una situación en que está tan polarizada la política española y la geopolítica global, los más peligrosos son los líderes que, considerándose salvadores, pretenden ser maestros por su equilibrio super partes. En definitiva, que para España hoy es más peligroso Argüello que Rouco para presidente de los Obispos. Sus últimas declaracioes ya recibieron la tajante respuesta de la agrupación Cristianos socialistas en el PSOE donde está gente tan eclesialmente moderada como el Presidente de Iglesia Viva (ver en RD). Pero hoy me llega y publico este texto del profesor gallego Lucio Martínez Pereda que se expresa más tajantemente y merece ser difundido. AD.
El presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, ha dado un paso inédito en democracia al pedir públicamente elecciones anticipadas . Además, Argüello ha reforzado su acercamiento a la ultraderecha participando en un acto junto a Santiago Abascal, líder de Vox, y Miguel Ángel Quintana Paz, referente ideológico de ese sector, donde defendió la necesidad de una “batalla espiritual” y cultural para los creyentes.
Este gesto propagandístico rompe con la tradición de neutralidad política de la Iglesia española y evidencia el alineamiento de su presidente con la ultraderecha.
Argüello, ha roto con la tradición no escrita al pedir elecciones anticipadas en una entrevista con ABC el 15 de junio de 2025, en medio del escándalo del «caso Cerdán»
Pero la trayectoria ultraderechista de Argüello obedece a un proyecto que sigue todas y cada una de las propuestas políticas de Vox: calificó la amnistía como una medida que “atenta contra los pilares básicos de la convivencia en España” Ha criticado abiertamente la Agenda 2030. Respecto a la homosexualidad, ha apoyado cursos de “acompañamiento y sanación espiritual” para personas LGTBI. También ha minimizado repetidamente la magnitud de los abusos sexuales en la Iglesia, llegando a afirmar que “se está exagerando la cuestión” y que “quizás hay menos casos de los que mediáticamente se dice”. Ha participado anteriormente en actos organizados por la ultraderecha, como la clausura de un curso del instituto de Vox y Le Pen
No pretendo ser exhaustivo pero también conviene recordar que en 2019- como portavoz de la CEE- mostró rechazo a la exhumación de Franco del Valle de Cuelgamuros. En 2025 se manifestó a favor de limitar la libertad de expresión: lamentó que TVE, durante las campanadas, usara una estampa satírica del Sagrado Corazón de Jesús, calificándolo como una “burla” bajo la “coartada de la libertad de expresión” y apoyo públicamente a asociaciones como Hazte Oír, que denunciaron el acto.
En conclusión : estamos ante un golpe de estado blando contra el gobierno en el que también participa la iglesia católica y que inevitablemente trae a la memoria su forma de actuar en el verano de 1936. Solamente tenemos que sustituir Ejército por medios de comunicación de derechas y estamos ante una situación históricamente comparable.
Postdata: Otro texto sobre lo mismo publicado por Spanish Revolution
LUIS ARGÜELLO Y LA VUELTA DEL MITRAZO A LA POLÍTICA
El presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, ha dinamitado la falsa neutralidad de la Iglesia católica en la vida política del Estado. No es una declaración espiritual. Es una consigna electoral. No es una opinión pastoral. Es un acto de campaña. Con sotana, con púlpito y con Santiago Abascal a su lado.
En una entrevista publicada este domingo en ABC, Argüello pidió de forma explícita elecciones
anticipadas, alegando un supuesto “bloqueo institucional” tras el escándalo del caso Cerdán. Horas después, acudió a un acto con Abascal y Miguel Ángel Quintana Paz, el ideólogo oficial del posfranquismo gourmet, para presentar su nuevo libro en la sede de la Fundación Pablo VI. Allí repitió, sin matices, los dogmas de la “batalla cultural”: que la fe no es suficiente, que hay que conquistar el espacio público, que hay que politizar el alma.
No es un desliz. Es doctrina. Y tiene nombre propio: ISEEP, el think tank vinculado a Vox del que Argüello no solo es simpatizante, sino profesor titular. Y donde este verano se celebrarán cursos clausurados por el cardenal Müller, el gran antagonista del papa Francisco y de cualquier intento de teología social o apertura ecuménica.
No estamos ante un giro ideológico, sino ante una reconfiguración estratégica del catolicismo español, que ha dejado de replegarse para convertirse en actor explícito del bloque reaccionario. Como en Polonia, como en Hungría, como en Estados Unidos. Lo llaman libertad religiosa, pero es la vieja cruzada.

Mientras tanto, el mismo Argüello que pide a Sánchez rendir cuentas por los escándalos del PSOE fue el que calló ante los abusos sexuales del clero, guardó silencio ante las terapias de conversión, y se escondió cuando se le preguntó por el derecho al aborto o la violencia machista. Eso sí: cuando la ministra de Igualdad pidió una reunión para abordar estos temas, la respuesta fue un portazo. Porque, al parecer, el Estado no puede tocar la doctrina… pero la Iglesia sí puede dictar la agenda política.
Desde el propio seno del episcopado hay quien teme que la Comisión Permanente de la CEE, reunida esta semana, imponga un comunicado oficial pidiendo elecciones. Una intervención sin precedentes en democracia. Y que volvería a abrir los debates incómodos que la Iglesia prefería no reavivar: los beneficios fiscales, los conciertos educativos, la financiación pública y, por supuesto, la cruz franquista de Cuelgamuros.

Lo que ha hecho Argüello es poner a la Iglesia a disposición del bloque ultra, y a sí mismo como su capellán. Una suerte de cardenal Richelieu de las cruzadas posmodernas, que usa a Dios como coartada para blindar privilegios, atacar derechos y desgastar a un gobierno elegido democráticamente.
Desde Cristianos Socialistas, se le recuerda que su “pronunciamiento de parte” no solo es impropio de su función, sino también una muestra de doble moral: duro con lo civil, tibio con lo clerical. Intrépido ante el gobierno, cobarde ante la propia casa.
Hay una España que no teme al infierno porque ya conoce sus delegaciones en la tierra. Y las ve ahora, otra vez, en los púlpitos reconvertidos en atriles, en las homilías transformadas en editoriales, en los rosarios que repican al ritmo de la consigna reaccionaria.
La cruz como peineta. La sotana como esmoquin electoral. El catecismo como panfleto.