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Por el camino, 2.

El singular privilegio de ser el último de los servidores

  1. El viaje desde el norte de Galilea hasta Cafarnaún estuvo marcado por la confidencialidad

El recorrido se hizo evitando el contacto con la gente. Jesús quiso aprovechar ese tiempo para dar instrucciones precisas a los discípulos. No convenía airear una enseñanza orientada exclusivamente al grupo de seguidores. Ellos se hallaban aún lejos de comprender el Proyecto y darle leal adhesión. A cada paso, se hacía más urgente que los discípulos salieran de su desinterés y mostraran abiertamente su posicionamiento a favor o en contra del Programa que el Galileo les presentaba. Él puso sus cartas sobre la mesa durante ese largo trayecto hacia el sur (Mc 9,31). Pero ellos continuaron sin pronunciar palabra, rumiando sus disimulados pensamientos (Mc 9,32). Marcos cuenta ahora lo ocurrido una vez llegados al final de su viaje:

“Cuando llegó a la casa, les preguntó:
.– ¿De qué hablabais por el camino?
Ellos guardaron silencio, pues por el camino habían discutido entre ellos quién era el más grande. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
.– Su uno quiere ser primero, ha de ser último de todos y servidor de todos.
Y cogiendo a un criadito, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:
.–El que acoge a un chiquillo de estos como si fuera a mí mismo, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no es a mí a quien acoge, sino ql que me ha enviado”
(Mc 9, 33b-37).

 

11. Marcos echó el cierre al relato anterior con el plural: “Y LLEGARON a Cafarnaún”

Pero en la apertura de este hizo uso del singular: “Cuando LLEGÓ…”  para referirse con él exclusivamente a Jesús. El hecho ponía sobre aviso respecto a cierta desunión entre el Galileo y el grupo de seguidores. El lugar aludido, escenario de la acción, aparece descrito con artículo: “…a la casa…”, aunque el texto no precisa localización alguna, algo que sí se detalló en las otras dos ocasiones en que él estuvo en Cafarnaún. En la primera, se menciona la casa de los hermanos Simón y Andrés: “…fue derecho a casa de Simón y Andrés…” (Mc 1,29); en la segunda se habla de la casa de Leví: “Estando él recostado a la mesa en su casa…” (Mc 2,15). La inconcreción, no obstante señalar el lugar con artículo: “la casa”, indica el desinterés del evangelista por fijar un emplazamiento específico. Su intención va por otro lado.

11.1. “Cuando llegó a la casa…”

El término empleado οἰκία (‘casa’) se usa en su significado material: ‘edificio’, ‘vivienda’, a diferencia de οἶκος (‘casa’), empleado aludiendo a ‘familia’, ‘hogar’, donde convive un colectivo de personas emparentadas y una servidumbre sin relación de consanguinidad. Este segundo término, utilizado sin artículo, es del que se vale Marcos al hablar del espacio propio de la sociedad alternativa (Jesús con los Doce): “Cuando entró en casa” (εἰς οἶκον Mc 9,28). El espacio donde el grupo se halla ahora, “la casa”, es el lugar apropiado para la comunicación compartiendo pensamientos, disposiciones, sentimientos, opiniones, opciones ya elegidas o a valorar… El Galileo toma la iniciativa y abre el diálogo: “…les preguntó:”. Marcos no identifica a sus interlocutores, lo que es indicativo de la continuidad de este relato con el anterior y cómo ha de interpretarse teniendo en cuenta ese lazo de unión entre ellos.

11.2. “…les preguntó”

La pregunta de Jesús busca poner al descubierto las encubiertas conversaciones tenidas por los discípulos durante el viaje. Ante la enseñanza impartida por él durante ese trayecto, ellos optaron por callar. Les atemorizaba lo que oían y ni siquiera quisieron ahondar en dicha instrucción: “…no entendían aquel dicho y les daba miedo preguntarle” (Mc 9,32). Pero no estaban mudos. Ellos estuvieron un tiempo ocupados charlando de asuntos que, por su naturaleza, quisieron mantener en secreto, fuera del alcance del Galileo. Marcos no lo reseñó en su momento. Lo dejó en la recámara de su escrito para sacarlo ahora como lección aparte, abriéndola con la pregunta de Jesús al grupo: “¿De qué hablabais por el camino?”. El verbo griego διαλογίζομαι (‘dialogar’, ‘conversar’) indica el interés de Jesús por el tema de la conversación, no por la forma de llevar el diálogo. El evangelista, usando de su finura pedagógica, pone sobre el tablero el tema del ‘camino’. Los asuntos hablados entre los discípulos tienen que ver con qué dirección tomar. El itinerario que ellos pretenden seguir nada tiene que ver con el fijado por Jesús. Sus objetivos se hallan en el polo opuesto al suyo. El de Nazaret les empuja con su pregunta a aclararse: “¿De qué hablabais por el camino?”.

 

  1. El grupo de seguidores le dará de nuevo la callada por respuesta: “Ellos guardaron silencio”

Sin embargo, lejos de servirles como escondite para sus intrigantes maniobras, su mutismo ponía sobre aviso al dar a entender que con él ocultaban una postura en franca discordancia con las enseñanzas del Galileo. Pero la realidad sobre la que el grupo de discípulos había echado un velo, fue sacada a la luz por el evangelista: “… pues por el camino habían discutido entre ellos…”. Marcos apuntará al mismo tiempo, haciendo uso de una conjunción con sentido causal: γάρ (‘pues’, ‘porque’), la razón de tal reserva. La repetición del término ὁδός: ‘camino’ advierte al Lector de no perder de vista el significado de su trayectoria, la que guía los pasos hasta su destino: Jerusalén. El modo de concebir ese destino marcará distintas formas de recorrer el camino que conduce hasta allí. Marcos adelanta el matiz de que el grupo no realizó la andadura dialogando. En esta ocasión no utilizará el verbo διαλογίζομαι (‘dialogar’, ‘conversar’), sino hará uso de διαλέγομαι (‘discutir’, ‘disputar’) para dejar claro que las conversaciones entre ellos fueron de hecho una porfía persiguiendo un objetivo ambicionado por cada miembro del colectivo: “…quién era el más grande”.

 

  1. El tema debatido por los discípulos yendo de camino sale por fin a la luz

El grupo de seguidores continuaba teniendo entre ceja y ceja emprender una acción de extrema violencia contra el imperio romano. El objetivo era acabar con su ocupación y alcanzar la independencia y el Poder. Se llevaría a cabo desde la capital, mediante un movimiento masivo aprovechando la fiesta conmemorativa de la salida de Egipto, la Pascua. En esos festejos Jerusalén estaba de bote en bote y los ánimos nacionalistas, efervescentes. Bajo el liderazgo de Jesús, reconocido como Mesías por las multitudes, podrían tener muy fácil alzarse con el Poder. Estaban tan convencidos de la llegada de ese momento decisivo que les situaría en la cumbre, que la andadura por el camino hacia el sur despertó el apasionamiento y el ansía por obtener los puestos más relevantes en ese nivel superior. Ese anhelo individual desmedido reflejaba que el grupo de seguidores estaba situado en la posición contraria a la primera de las condiciones exigidas por el Galileo para optar a participar en su Proyecto: “Si uno quiere venirse conmigo, que reniegue de sí mismo” (Mc 8, 34). Quedaba a la vista que ellos iban por otro camino. Que el Galileo no estuviera al tanto de sus ambiciosas disputas fue una estrategia mantenida por el colectivo desde que le conocieron y tuvieron noticia de su Proyecto. Estaban convencidos de que, llegado el instante decisivo, al ver que todo el pueblo reconocía su condición de Mesías, él se pondría al frente del movimiento popular y conseguirían por fin bajo su liderazgo la tan deseada Liberación.

 

  1. El relato no ofrece información sobre cómo llegó a Jesús lo que tramaban los discípulos

Marcos dejó en manos del Lector suponer detalles propios de una historia. El evangelista se abstuvo de hacer una crónica. Puso los cinco sentidos en dar cumplida cuenta de la pedagogía seguida por el Galileo. En esa tarea se volcó con inteligencia cuidando los detalles.

14.1. El relato introduce la intervención de Jesús con unos apuntes de gran significación

La concisa presentación de estas acciones previas: “Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:”, sirvió a Marcos para adelantar la importancia de su discurso, despertando de este modo la atención de la comunidad destinataria de su escrito. El primer movimiento que hace el Galileo es el de sentarse: “Se sentó…”. Dicha maniobra echa a un lado la actividad ordinaria en “la casa” generando un espacio de calma en torno a él donde ha de quedar fijada toda la atención. Una vez posicionado, Jesús reclama la presencia de los suyos para ocupar ese entorno próximo a él: “…llamó a los Doce…”. El perímetro de ese lugar acotado estará constituido por un colectivo específico: “los Doce”. Ellos representan el nuevo pueblo (‘Doce’), la sociedad alternativa. Ella es la destinataria de la instrucción que les dirigirá el Galileo. Los Doce habían sido constituidos para ser uno con él: “Entonces constituyó a doce para que estuviesen con él…” (Mc 3,13). Pero los Doce no están “con él”. De ahí que Marcos, minucioso al límite, utilizara el verbo griego φωνέω (‘vocear’, ‘emitir una voz fuerte’, ‘llamar’): “…llamó (ἐφώνησεν) a los Doce…” dejando entrever que ellos estaban a distancia de Jesús. Una vez en el sitio, el Galileo tratará de reconducirlos al auténtico camino, el que ha de recorrer la sociedad alternativa, los Doce, para cumplir el objetivo para el que fue constituida: estar con él y proponer el mensaje liberando de las ideologías que degradan y desgracian la vida del ser humano: “Entonces constituyó a doce para que estuviesen con él y para enviarlos a predicar con autoridad para expulsar a los demonios” (Mc 3,13-14).

14.2. Marcos callará también el hecho del acercamiento a Jesús de los Doce

El texto parece indicar que se mantienen a distancia. Con todo, el Galileo, sentado, se concentra en ese grupo significativo. Lo que va a transmitirles resulta esencial para configurar el futuro de la sociedad alternativa y que se reconozca su identidad a lo largo de la historia. Marcos escribió el verbo en presente dando continua actualidad al encargo generalizado de Jesús:  καὶ λέγει αὐτοῖς (“…y les dice…”; traducido: “y les dijo”). El aviso apercibirá a cada uno de los integrantes de esa célula social, afectándoles en sus pretensiones: “Si uno quiere…”. Esa forma de entrar anticipa la relación directa entre la condición que exigirá Jesús y las disputas tenidas entre los discípulos durante su viaje hasta Cafarnaún. Cada uno de ellos ambicionaba aventajar al resto ocupando el puesto más prominente (“habían discutido entre ellos quien era el más grande”), Jesús se referirá a esa deseada superioridad descartando la gloria del Poder. Él habla del lugar a desear, como el más honorífico: el situado a la vera del que ocupa él, justo en la cabecera de la sociedad alternativa. Y desde esa base habrá de entenderse la auténtica imagen de tal espacio sobresaliente: “Si uno quiere ser el primero…”.

 

  1. Y el Galileo sorprenderá a los suyos. Situarse en primera línea junto al Galileo se consigue ocupando el puesto del último de los servidores

La expresión: “…ha de ser último de todos y servidor de todos” (ἔσται πάντων ἔσχατος καὶ πάντων διάκονος) está cargada de significación y reclama una mirada atenta. El futuro. “Será…” indica que lo que se va a decir resulta ineludible hacerlo si se desea estar en la primera posición. El repetido genitivo plural πάντων (“…de todos…”) alude directa y exclusivamente a la totalidad de integrantes de la sociedad alternativa (“los Doce”). El emplazamiento en último lugar (ἔσχατος: “último”) habla de una postura que ha desistido de grandezas y posicionamientos de dominio sobre otros. La exigencia coincide con la primera de las condiciones exigidas por Jesús para seguirle, el abandono de toda ambición de poder: “Si uno quiere venirse conmigo, que reniegue de sí mismo” (Mc8,34). Este requerimiento a los Doce hace recordar el ejemplo práctico de la parábola de los invitados a la boda (Lc 14,7-11), que empieza diciendo: “Cuando alguien te convide a una boda, no te sientes en el primer puesto…” (v.8) y termina: “Porque a todo el que se encumbra, lo abajarán, y al que se abaja, lo encumbrarán” (v.11). La directriz final marcada por el Galileo alecciona. Resulta indispensable reflexionar y aprender que la máxima categoría se adquiere en la sociedad alternativa desempeñando el papel de servidor: “…y servidor de todos”. No bastará renunciar a la ambición de escalar puestos para situarse por encima de los demás, es necesario plantarse el delantal y entregarse a servir a “todos”. “Último” y “servidor” son las dos notas identificativas del privilegio de estar situado en primera fila actuando codo con codo con el Galileo, el sirviente de los servidores.

 

  1. Jesús pone broche a su lección magistral con la más acertada de las ilustraciones

Ante la concluyente realidad que pondrá ante los ojos de “los Doce” no cabe discusión alguna. El Galileo llevará a cabo su acción realizando tres movimientos:

  1. El primero: “Y cogiendo a un criadito…” (καὶ λαβὼν παιδίον) está relacionado con un nuevo personaje. Pertenece a la casa; es un mimbro de ese hogar. Jesús no ha tenido que llamarlo como hizo con los alejados Doce. Se encuentra muy cerca, a su vera. Él sí está “con él”. Con su gesto de llevarlo hacia sí (λαβὼν: ‘cogiendo; de λαμβάνω: ‘coger’, ‘tomar’), el Galileo le otorga el máximo protagonismo. Marcos identificó esta figura usando el término παιδίον, que como παῖς, además de ‘niño’, significa también: ‘joven criado’. Estas dos acepciones, la de ‘niño pequeño’ y ‘criado de rango menor’ venían como anillo al dedo para coronar la ejemplar lección del Galileo. El personaje: “un criadito” proporcionaba la imagen idónea de lo exigido por el Galileo a cada uno de los Doce para conseguir el lugar más privilegiado: ser “el último de todos y el servidor de todos”. El joven criado era el último de los servidores en la escala social del hogar.
  2. El segundo propone al “criadito” como figura a observar por “los Doce”. Lo sitúa en el lugar central: “…lo puso en medio de ellos…” para concentrar en él rodas las miradas. Un personaje de escasa consideración, que suele pasar desapercibido por su minusvalorada posición, ha sido colocado por el Galileo en un punto privilegiado de la sociedad alternativa, el que a él mismo le correspondería como Maestro.
  3. El tercero manifiesta su estrecha unión con “el criadito”. Ya no habrá distancia entre ellos. El Galileo se funde es un abrazo con él: “…y lo abrazó…”, demostrando así una total identificación con el último de los servidores. El profundo gesto reclama la atención de “los Doce”. La imagen del criadito señala el auténtico perfil de Jesús, el de estar como servidor de un Proyecto humano y no a la cabeza de un proceso para destruirlo. Abrazando al joven criado demostraba la gran equivocación de “los Doce” al considerar a Jesús como el líder mesiánico que les conduciría a la obtención del Poder.
  4. Las palabras que acto seguido dirige Jesús al grupo: “Y les dijo” tratan de hacerles pensar en la clase de tarea que él se ha comprometido a realizar

Su breve alocución está caracterizada por el verbo δέχομαι (‘admitir’, ‘aceptar’, ‘acoger’, ‘comprender’, ‘aprobar’) que, repetido hasta en cuatro ocasiones en el verso, aporta la clave para entenderla correctamente. La cuestión estriba en aceptar su planteamiento.

 

17.1. El punto de partida sigue siendo “el criadito”

El Galileo vuelve a presentarlo como modelo de la última categoría de servidor: “El que acoge a un chiquillo de estos…” (Ὃς ἂν ἓν τῶν τοιούτων παιδίων δέξηται). Con el verbo siempre en subjuntivo (δέξηται: ‘acepte’, ‘admita’, ‘acoja’), aunque traducido en todos los casos en indicativo, Jesús propone asumir un compromiso a partir de ese instante. “El criadito” es un ejemplo de una clase de servidores (“un chiquillo de estos”; τῶν τοιούτων παιδίων) nada apreciada y muy abundante en cualquier tiempo y lugar. La aceptación de esa idea de servicio como la propia de Jesús: “…como si fuera a mí mismo…” (ἐπὶ τῷ ὀνόμα μου; ‘en, en relación, por mi nombre’; identificando a Jesús), equivale a admitirle a él en su calidad de servidor del Proyecto Humano (“…me acoge a mí…”) y no como abanderado de movimientos multitudinarios a la conquista del Poder, el objetivo que los discípulos persiguen y ocultan. El Galileo les plantea un cambio radical en su actitud.

17.2. La frase que sigue puede sorprender de entenderse en su literalidad: “…y el que me acoge a mí, no es a mí a quien acoge, sino al que me ha enviado”

Su aparente contradicción responde a una formulación de carácter semítico que utiliza la negación de un primer elemento (“no es a mí a quien acoge”) con intención de hacer destacar el segundo (“sino al que me ha enviado”). De este modo, el Galileo declaraba su condición de servidor y trataba de hacer ver a “los Doce” la importancia de comprometerse con el Proyecto Humano, actuando leales y con idéntica nobleza a la que está acostumbrado a tener el último de los servidores. Hacer suyo el ejemplo del “criadito” significa parecerse, identificarse y dar acogida al mismo que dio origen a dicho Proyecto.

 

  1. Marcos dejó marcada como una obviedad que Aquél, de quién el Galileo se sintió enviado, no interviene

Está siempre a la espera. Y no ejerce un papel dominante, porque está por la libertad. Resultará equivocado resaltar en Él una imagen de Todopoderoso, porque al dejar toda la iniciativa al ser humano, ha quedado como el Impotente. Y ni siquiera ha de contar como el Dueño, porque ha preferido tener el gran privilegio de ser el último y más callado de los servidores. Eso confirma que está en posesión del más singular de los privilegios.

 

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