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Por el camino, 5

Engaño y traición.
Extraviar y desviarse (II)

  1. Después de advertir a “los Doce” del gran engaño de extraviar a alguno de los pequeños que le han dado su adhesión, Jesús les avisa de las causas que a ellos los puede llevar a desviarse del Proyecto Humano:

“Y si tu mano te pone en peligro, córtatela; más te vale entrar manco en la vida que no ir con las dos manos al quemadero, al fuego inextinguible. Y si tu pie te pone en peligro, córtatelo; más te vale entrar cojo en la vida que no con los dos pies ser arrojado al quemadero. Y si tu ojo te pone en peligro, sácatelo; más te vale entrar tuerto en el reino de Dios que no ser arrojado con los dos ojos al quemadero, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga. Es decir, cada cual ha de ser salado con un fuego.

¡Qué buena es la sal! Porque si la sal se vuelve sosa, ¿con qué podréis salarla? Tened sal entre vosotros y vivid en paz unos con otros”

34.1. Y es que el extravío lo ocasionan quienes llevan ya un buen trecho de camino extraviados

El Galileo, a quien nunca le fueron las medias tintas, alertó exigente y de mil maneras a “los Doce” respecto al riesgo de ir descaminados. Y procuró de hacerles ver dos cosas de capital importancia:

  • que nada supera la grandeza del Proyecto Humano
  • ni se obtiene más alto cargo que el de ser el último de sus servidores.

Les puso, pues, sobre aviso del peligro de desviar de esa ruta a quienes han decidido ir por ella, o lo que es lo mismo: escandalizar a los que han optado por ser pequeños. Tal actuación es señal inequívoca de un andar completamente desorientado.

 

  1. El Galileo dará un paso más en su enseñanza a “los Doce” incidiendo en las causas y origen del rumbo desviado por el que se guían

En su instrucción toma de nuevo protagonismo el verbo σκανδσαλίζω (‘hacer tropezar’, ‘emboscar’, ‘desviar’), esta vez siendo ellos los dañados o extraviados debido a sus nocivos y ocultos planteamientos. El verbo se emplea ahora en presente de subjuntivo seguido de pronombre personal de segunda persona (σκανδαλίζη σε; “te extravía” traducido: “te pone en peligro”), indicando así la actual realidad de sus acciones y su capacidad de reincidir en el futuro. Para exponer el origen de la decisión de desviarse o extraviarse (‘escandalizar’), el Galileo acude a la maniobra realizada figuradamente por tres órganos del cuerpo humano. Su triple explicación no tiene desperdicio y sigue vigente a lo largo de la historia hasta la fecha actual.

35.1. La primera recurre a la figura de la mano: “Y si tu mano te pone en peligro…” (Καὶ ἐὰν σκανδαλίζῃ σε ἡ χείρ σου)

Es importante notar que utiliza el término ‘mano’ (χείρ) en singular y con artículo determinado (ἡ χείρ; ‘la mano’) como si solo tuviésemos una mano. La mano es usada aquí, como en otras muchas lenguas, en sentido figurado. Representa la actividad humana que capacita a cada individuo haciéndolo dueño de su propio avance y responsable de su contribución al desarrollo social. La mano de Jesús, se acerca, libera, salva. Las ideologías que someten al ser humano impidiéndole su progreso son contrarias al Proyecto; van a contramano. Un ejemplo de esta actividad destructiva lo encontramos en Marcos en el relato del hombre de la mano atrofiada (Mc 3,1-7; https://www.atrio.org/2012/07/un-paso-un-mundo-5/ ). El pronombre personal de segunda persona: σου: “tu” asociado a “la mano” (ἡ χείρ σου; ‘la mano tuya’ o ‘tu mano’) informa de estar refiriéndose a cada uno de “los Doce”. El manejo ajetreado del colectivo, siempre en danza con aires de grandeza y a escondidas, pretendiendo ocupar puestos de reconocida superioridad (“Ellos guardaron silencio, pues en el camino habían discutido entre ellos quién era el más grande”; Mc 9,34) les extravía (‘escandaliza’) de la auténtica ruta que conduce a la plenitud humana.

35.1.1. De ahí que el Galileo empuje a dar al traste con esa actividad: “…córtatela”

La razón que aporta para dar fin a dicha manera de actuar resulta concluyente. Pone ante los ojos la incalculable fortuna de ser leales al Proyecto Humano o la fatalidad de desviarse hacia el Orden Injusto. El Proyecto es manantial de vida; el desvío por los derroteros de dicho orden conduce directamente a la basura: “…más te vale entrar manco en la vida que no ir con las dos manos al quemadero (γέενναν), al fuego inextinguible”. El término “quemadero” se ha usado para la traducción de γέεννα (‘Gehenna’) el antiguo valle de los hijos de Hinnon, cercano a Jerusalén y dedicado a la suelta de basuras de los habitantes de la capital, un lugar constantemente ardiendo (“fuego inextinguible”) y cuyo aspecto nocturno sobrecogía a las gentes que lo observaban. La realidad de ese “fuego inextinguible” se usa como imagen de una destrucción total y sin arreglo. Vida y basura son dos realidades opuestas; incomparables e incompatibles. La opción por la vida denota inteligencia; la preferencia por la basura solo puede calificarse de extrema insensatez.

35.2. La segunda acude a la imagen del pie: “Y si tu pie te pone en peligro…” (Καὶ ἐὰν ὁ πούς σου σκανδαλίζῃ σε)

El formato de la frase inicial de esta segunda explicación mantiene el esquema condicional de la primera. Como en aquella, la referida a la mano, habla a cada uno de “los Doce” de un solo pie (ὁ πούς σου; “el pie tuyo” o “tu pie”). Y como en el ejemplo de la mano, “el pie” tiene sentido figurado. Representa la andadura, el itinerario marcado por un proceder fiel a una aspiración. El trazado descubierto al avanzar muestra la coherencia o deslealtad al objetivo que se dice perseguir. Una andadura que desvía (‘escandaliza’) del Proyecto Humano no se atiborra de la vida que él regala, la desperdicia. De forma que es preferible romper con esa marcha: “…córtatelo”. De no llegar a nada, terminando donde se tiran las sobras, sale a cuenta, dejar atrás lo ya andado y emprender camino a la vida, antes de terminar en la inmundicia: “…más te vale entrar cojo en la vida que no con los dos pies ser arrojado al quemadero”.

35.3. La tercera se sirve esta vez de un órgano de la cara: el ojo: “Y si tu ojo te pone en peligro…” (Καὶ ἐὰν ὁ ὁφθἀλμός σου σκανδαλίζῃ σε)

El formato de la frase se repite grabando en la memoria la base de la instrucción. Del mismo modo que en los dos anteriores ejemplos, dirigiéndose siempre a “los Doce”, se habla solo de un ojo. Descubre, así su carácter representativo de otra realidad. Clavado en una finalidad equivocada, el ojo, conducto físico del sentido dominante, ha motivado una fuerte distorsión de la actividad (mano) y el comportamiento (pie) de quien mantiene fijada la vista en ese erróneo objetivo. El ojo es figura aquí de la ambición de “los Doce”. Su significación retorna al hecho causante de la enseñanza del Galileo: Una ambición desbocada que dio lugar a la discusión entre los integrantes del colectivo sobre quién era el más grande: “Ellos guardaron silencio, pues en el camino habían discutido entre ellos quién era el más grande” (Mc 9,34).

35.3.1. “Los Doce” tienen la mirada puesta en el día de la celebración de la fiesta conmemorativa de la liberación de Egipto: la Pascua

Durante esa jornada en la capital, esperan convencer a Jesús de acaudillar un levantamiento popular en contra del imperio romano (https://www.atrio.org/2010/07/el-hombre-del-cantaro/). Alcanzada la victoria, conseguirían al fin satisfacer sus ocultas ambiciones y ansias de grandeza. Pero ese plan nada tiene que ver con el Proyecto del Galileo. Él, por el camino a Jerusalén, tratará de hacerles ver su desvío, mostrándoles la ruta a seguir y exigiéndoles lealtad a su Programa. Para el Galileo, el desarrollo histórico de la sociedad alternativa no puede estar basado en la grandeza, la riqueza y una estructura de poder escalonada y engrandecida a base de peldaños significados por la preeminencia y la superioridad. La ambición extravía del auténtico trayecto, el que distingue a la sociedad alternativa, el de la igualdad y la fraternidad. Respecto a ese empeño, por obtener grandeza y Poder, metido entre ceja y ceja de “los Doce”, el Galileo les invita a quitárselo de encima y perderlo de vista para siempre: “…sácatelo”.

35.3.2. La ambición aleja del Proyecto, oculta la Buena Noticia e impide contemplar su realidad social

En oposición al Orden Injusto, que desprecia y roba la vida, la sociedad alternativa, acontecimiento anunciado como la Buena Noticia y denominado “reino de Dios”, la regala. En este ejemplo del ojo como figura de la ambición, el Galileo presenta la vida como polo opuesto a la basura; hablará de la realidad social donde la vida florece: “…más te vale entrar tuerto en el reino de Dios que no ser arrojado con los dos ojos al quemadero…”.

 

  1. El uso reiterado del término γέεννα (‘Gehenna’), escrito tres veces en este relato y traducido por “quemadero”, conduce a pensar en un fuego destructor que arrasa

El texto lleva la idea al verso final del libro de Isaías, al que cita en su penúltima línea: “…donde su gusano no muere y el fuego no se apaga” (ὅπου ὁ σκώληξ αὐτῶν οὐ τελευτᾷ καὶ τὸ πῦρ οὐ σβέννυται). Isaías termina su libro recurriendo a un tema frecuente entre los profetas del AT: El Juicio de las Naciones, una idea de castigo final divino contra los pueblos adversarios de Israel y adoradores de ídolos diversos. Este pensamiento fue corregido por el evangelio de Mateo dirigiéndose a la comunidad judía destinataria de su escrito (Mt 25,31ss.). El juicio a las naciones -no a los adheridos al Proyecto Humano- lo realiza la historia con el criterio de la ayuda o el desamparo de los abandonados.

El fuego (πῦρ) tiene máximo protagonismo en la amenazante presentación profética del Juicio de las Naciones:

“Porque el Señor llegará con fuego
y sus carros como torbellino,
para desfogar con ardor su ira
y su indignación con llamas.
Porque el Señor va a juzgar con su fuego
y con su espada a todo mortal:
serán muchas las víctimas del Señor” (Is 66,15-16).

El final del libro de Isaías, en ese mismo tono inquietante, expone el desgraciado porvenir que les espera a los rebeldes:

“Y al salir verán los cadáveres
de los que se rebelaron contra mí:
su gusano no muere, su fuego no se apaga,
y serán el horror de todos” (Is 66,24).

36.1. Marcos prescinde de juicios y amenazas, esquiva expresiones atemorizantes y recoge de forma escueta una doble figura, la del fuego y el gusano,

fácilmente comprendida en la cultura judía, como puede comprobarse, por ejemplo, en este texto del Eclesiástico: “humilla más y más tu soberbia, pues el castigo del impío es fuego y gusano (πῦρ καὶ σκώληξ)” (Eclo 7,17). El evangelista se vale exclusivamente de ese único verso de Isaías para explicar cómo el extravío se encamina hacia situaciones de imposible salida y acarrea consecuencias de inviable reparación.

 

  1. Lejos de querer amedrentar a “los Doce”, el Galileo pretende con su enseñanza ayudarles a recapacitar, reconducirlos y recuperarlos

Utilizará ahora la imagen del fuego haciendo hincapié en su poderosa eficacia para dejar hechas cenizas las ideologías que conducen al extravío. Foguearse en la lealtad y adhesión al Proyecto Humano, fortalece hasta el punto de actuar como vacuna frente a los virus ideológicos que adulteran y descomponen la escala de valores que distingue el auténtico trayecto marcado por el Galileo. De ahí que él emplee ahora, la figura de la sal asociada a la del fuego: “Es decir, cada cual ha de ser salado con un fuego”. La sal, valioso elemento utilizado desde muy antiguo para evitar la corrupción, mantener y alargar la vida de los alimentos, juega aquí el papel figurado de valor que reafirma la lealtad al Proyecto, un valor que se adquiere con el ardor, la pasión y la fogosidad empleados al poner los cinco sentidos en el objetivo planteado por el Galileo en su enseñanza. “Ser salado” significa, así, alcanzar un nivel de lealtad bien afianzada y resistente al mismo fuego.

 

  1. Jesús pone término a esta instrucción a “los Doce” llevando su advertencia hasta el límite

Abre el aviso dejando caer un elogio sobre la sal: “¡Qué buena es la sal!”. El dicho atrae la atención y al mismo tiempo alerta respecto al razonamiento que saldrá de esa aseveración. Acostumbrados a la inteligencia del Galileo, que no dejaba escapar una y apuntaba siempre al centro neurálgico del tema, “los Doce”, al igual que el Lector, ven venir la observación hacia el punto donde ellos flaquean. Y no se equivocan. El valor de la sal se halla en los elementos que constituyen su esencia, no en su apariencia. La pérdida de sus propiedades la vuelve inservible; y lo que es más grave, resulta imposible recuperar su utilidad: “Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué podréis salarla?”. La pregunta sin posibilidad de respuesta positiva interpela a “los Doce” resonando repetidamente a su vez a través del eco de la historia. De nada vale acompañar al Galileo haciendo el paripé. El colectivo de discípulos va con él, aunque jugando a dos bandas. Su adhesión es solo superficial y sin fundamento; ¡es sosa!

38.1. “Los Doce” no estaban por la sociedad alternativa; su actitud solo tenía utilidad para la consolidación del Orden Injusto

Mantienen una postura que Jesús identificó como la sal sosa; es decir, sin arreglo posible. El contubernio no tiene cabida entre los adheridos al Proyecto. Las componendas requieren ser erradicadas y adoptar la posición del “criadito”.

 

  1. Jesús finaliza exigiendo a “los Doce” el abandono de un posicionamiento en busca de un triunfo que solo consigue el fracaso

La ambición individual divide y destruye. Por el contrario, la lealtad al Proyecto construye una calidad de vida sobre el tablero de la igualdad y la fraternidad. Una fidelidad inmarchitable genera una situación que une poniendo a cada uno en su sitio, consigue, por tanto, la Paz tan anhelada: “Tened sal entre vosotros y vivid en paz unos con otros”. La Paz dará la auténtica imagen de la sociedad alternativa, una imagen a ser evaluada y refrendada en cada momento de la historia.

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o a ATRIO (antonio.duato.gn@gmail.com ).

 

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