
Torpes, fanáticos e intransigentes
-
La ejemplar lección, ilustrada con la figura del “criadito”, no interesó al colectivo de “los Doce”
El texto parece indicar que el silencio mantenido por ellos, lejos de ser señal de atención, fue una muestra de su rechazo. Ellos no están por el servicio; han accedido a constituir un bloque junto al Galileo motivados por su condición de líder. Con él a la cabeza, estaban convencidos de poder ocupar posiciones privilegiadas una vez alcanzado el Poder. Sus pretensiones estaban respaldadas por una larga historia religiosa. El Dios de los padres, el autor de la liberación de Egipto se había manifestado como poderoso guerrero, violento y vengativo. Él era el dominador omnipotente a quien se le debía completa obediencia y veneración. ¿Cómo entender esas extrañas declaraciones del Galileo? ¿Y cómo hacerse a la idea de Dios como el último de los servidores? Pero Marcos no enmascaró la novedosa lección de Jesús aún hoy inentendible para muchos. Sorprende que un texto escrito hace casi dos mil años tenga tanta actualidad.
El relato que el evangelista presentó a renglón seguido manifiesta con claridad el atasco de “los Doce”. Se lee así:
Juan le dijo:
-
-
- Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y hemos intentado impedírselo, porque no nos seguía.
-
Pero Jesús le replicó:
-
-
- No se lo impidáis, pues nadie que actúa con fuerza como si fuera yo mismo puede al momento renegar de mí.
-
O sea, que quien no está contra nosotros está a favor nuestro. Además, quien os dé a beber un vaso de agua por razón de que sois del Mesías, no quedará sin recompensa, os lo aseguro (Mc 9,38-41).
-
La narración comienza anunciando la entrada de Juan en escena: “Juan le dijo” (Ἔφη αὐτῷ ὁ Ἰωάννης)
Sin otra introducción, el evangelista da continuidad al relato anterior concediendo protagonismo a uno de los dos tormentosos hermanos. Será esta la única vez que, según los Sinópticos este intervenga de forma individual y directamente en la acción. El original griego no aporta el nombre de la persona a quien él se dirige, usa solo el pronombre αὐτῷ (‘le’, ‘a él’). Lleva a pensar, por tanto, en Jesús como interlocutor y a Juan interesado quizás en alguna cuestión relacionada con la lección magistral del Galileo y en la novedosas ideas con las que él intenta hacer recapacitar a “los Doce”. La forma de denominar Juan a Jesús parece corroborarlo. Se dirige a él llamándole: “Maestro” (Διδάσκαλε), una designación alejada de la usada por Pedro en la escena del monte: Ῥαββί (Mc 9,5), término con que designaba a los maestros de la Ley, los Letrados, fieles a la tradición rabínica. Al referirse a él con el término διδάσκαλος (“maestro”) sugiere estar aceptando la enseñanza especial impartida al grupo.
20.1. Juan ha tomado la palabra como portavoz de “los Doce”
El plural de inicio: “Hemos visto” (εἴδομέν) declara que habla representando al grupo. Lo hace sacando a colación un hecho percibido por todos, aunque desconocido por Jesús. Su autor ha sido alguien extraño al grupo. El tal individuo andaba actuando con una energía liberadora asociándola al mismo Jesús: “…a uno que echaba demonios en tu nombre…”. La labor que hacía demostraba ser eficaz. Desde el conocimiento de Jesús y su Proyecto Humano, aquel hombre liberaba de las ideologías fanáticas y violentas que estrechan el pensamiento y dejan hecho trizas a los invadidos por ellas. Esa autoridad y tarea realizada por el anónimo personaje eran precisamente las propias de la sociedad alternativa, “Los Doce”, al ser constituida por Jesús en el monte: “Entonces constituyó a doce… …con autoridad para expulsar a los demonios” (Mc 3,14). Los discípulos, sin embargo, revelaron su ineptitud al fracasar con el chiquillo que tenía un espíritu que lo dejaba mudo: “He pedido a tus discípulos que lo echen, pero no han tenido fuerza” (Mc 9,18).
-
La reacción de “los Doce” ante la tarea liberadora del desconocido personaje fue tratar de abortarla: “…y hemos tratado de impedírselo”
La personalidad del grupo, con Juan en primera fila dándole voz, sale a relucir. No están por la liberación y el desarrollo humano, persiguen únicamente el Poder. De ahí que hasta el fanatismo violento les venga de perlas para sus planes. Pero llegados a este punto de la escena, no se entiende el sentido de la intervención de Juan y su conexión con el relato precedente. Su acción ha provocado un parón en la enseñanza del Galileo y la lección del “criadito” ha quedado suspendida al desviar la atención hacia un acontecimiento que nada tiene que ver con esa instrucción tan novedosa. El corte producido por Juan a las explicaciones de Jesús solo ha demostrado la torpeza sin límites de “los Doce”. Incluso mirado desde esta perspectiva, el tratamiento dado a Jesús como “Maestro” (διδάσκαλος) por parte de Juan, más que ser una muestra de reconocimiento de su especial magisterio, parece una simulación hecha a conciencia con el encubierto propósito de intentar confinar en el olvido la impecable lección del “criadito”.
-
La razón expuesta por Juan para evitar la actividad liberadora del hombre: “…porque no nos seguía” aporta la clave de lo que mueve al colectivo de “los Doce”
Los que han mostrado su incapacidad para liberar se arrogan la exclusiva para desarrollar esa actividad del Galileo en favor del ser humano e incluso se enfrentan a quien la realiza impidiendo su actuación por razón de su no pertenencia a “los Doce”. Declaraban así al grupo como objeto de seguimiento, una prerrogativa solo correspondiente a Jesús, al que “los Doce” no han hecho el mínimo esfuerzo por seguir. Hasta hicieron oídos sordos a las condiciones que el Galileo les exigió a ellos juntamente con la multitud para ir con él: “Si uno quiere venirse conmigo, que reniegue de sí mismo que cargue con su cruz y entonces me siga” (Mc 9, 34). La intransigencia de quienes siguen con engaños y deslealtad al Galileo respecto a aquellos que llevan a cabo la Liberación Humana propuesta por él se ha pasado de la raya. Lo que se presenta como dogma no es más que un fraude al Proyecto. El verbo ἀκολουθέω (‘seguir’) acompañado de pronombre es usado por el evangelista como fórmula técnica empleada para hablar del seguimiento a Jesús. Lejos de reconocer la eficacia liberadora del hombre aquel, “los Doce” la imposibilitan anulando los efectos positivos que produce. Se asignan un poder sobre los demás que descubre sus oscuras intenciones. Ellos no están por el Proyecto Humano del Galileo ni aceptan la fraternidad como su culmen, persiguen, en cambio, situarse en el alto escalón desde donde se domina y somete a la gente.
-
El Galileo dará una drástica contestación (“Pero Jesús les replicó”) a las pocas luces de “los Doce”
Su entrada muestra un alto nivel de exigencia. Les conmina de modo categórico a dejar de poner freno a la actividad liberadora: Μὴ κωλύετε αὐτόν (“No se lo impidáis”). El imperativo κωλύετε del verbo κωλύω (‘impedir’) introduce una clara prohibición que, acompañada de negación (μή: ‘no’), descubre a los discípulos que se equivocan pretendiendo estar por encima de quien realiza tareas de liberación. Como servidores, la función que les corresponde es estar al tanto de las necesidades de libertad y no de poner trabas a quien trabaja por conseguirla para otros. Quienes se esfuerzan por el Proyecto Humano con el mismo criterio marcado y mantenido por El Galileo merece toda la confianza, porque con su forma de actuar ofrece garantía suficiente de no volverse atrás a las primeras de cambio: “…porque nadie que actúa con fuerza como si fuera yo mismo puede al momento renegar de mí”.
23.1. El Galileo había presentado a “los Doce” un sencillo argumento para hacerles reflexionar
Quienes, con energía, demuestran su compromiso con la Salvación humana, no traicionan. Por el contrario, la carencia de energía para liberar sí demuestra irresponsabilidad y nula adhesión al Programa que conduce a la libertad. Los obsesionados por ejercer el control tratando de asegurar fidelidades de otros, son quienes han hecho toda su andadura encubriendo su propia deslealtad. Ellos, “los Doce”, incapaces de liberar al chiquillo (Mc 9,18), se quieren asignar el papel de jueces y administradores del proceso liberador. ¿Cómo pueden estar al frente del Proyecto Liberador quienes impiden la actividad liberadora?
-
Jesús dará una vuelta de tuerca a su razonamiento para aclararles la ideas a “los Doce”
Como “el criadito”, la sociedad alternativa constituida por Jesús con “los Doce”, está para servir y no para excluir. No habrá exclusión alguna, salvo la de quienes se autoexcluyan oponiéndose a dicho Proyecto. El Galileo utilizará por dos veces el plural: “nosotros”, no en el sentido usado previamente por “los Doce”, como un coto cerrado, preeminente y dogmático, que emite fallos y dicta sentencias, sino configurado como sociedad abierta, acogedora y servicial: “O sea que quien no está contra nosotros (ἡμῶν), está a favor nuestro (ἡμῶν)”.
-
El Galileo dio solución a la parada y desvío hecho por Juan, reconduciendo el tema a la lección original del “criadito”
Presentándose ante la sociedad humana sin ningún género de ambiciones, mostrando la fraternidad como seña identificativa y el servicio a la Liberación como principal tarea y único objetivo, “los Doce” podrán ser considerados como la sociedad alternativa tan deseada, lo que provocará el deseo de prestar ayuda y colaboración: “Además, quien os dé a beber un vaso de agua por razón de que sois del Mesías…”. El Galileo se denomina por primera vez ‘Mesías’ (Χριστός), pero no como empleó Pedro este término y Jesús le instó a guardar silencio (Mc 8,29-30). Pedro usó el vocablo con artículo (ὁ Χριστός) refiriéndose con determinación al Mesías nacionalista que respondía a todas las expectativas descritas por los maestros de la Ley. Jesús utiliza el término, al igual que hizo Marcos en el título de su evangelio: “Orígenes de la buena noticia de Jesús, Mesías (Χριστοῦ), Hijo de Dios” (Mc 1,1). Ese Mesías es el que abrazó al “criadito” identificándose con él.
25.1. Cuando los discípulos actúen bajo ese prisma de ser los últimos servidores, la gente tendrá posibilidad de reconocer en ellos a Jesús
y, con él, al autentico origen del Proyecto Humano el más callado y último de los servidores. Tal reconocimiento gratifica y desvela el valor inconmensurable de la vida humana: “…no quedará sin recompensa, os lo aseguro”.
