
Esperaba que este martes se publicaría una Conversación en el atrio sobre la serie de artículos concluida el martes pasado. No han llegado los correos esperados. Por eso Savador empeza hoy una nueva serie que comprenderá unas diez entregas. AD.
Jesús se desvive explicando y ellos no aprenden
Marcos y los otros tres evangelistas escribieron todo su texto en un solo bloque
No hicieron separaciones entre los diferentes relatos que constituían su conjunto. Las divisiones entre escenas que encontramos en la diversidad de traducciones a nuestro alcance han salido de la mano de quienes han trasladado esos textos a las diferentes lenguas. La mayoría de los títulos aplicadas a cada una de esas narraciones indicando lo esencial de su contenido han ido cobrando solera y renombre a lo largo de la historia hasta quedar registrados con la denominación generalmente reconocida.
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Ahora bien, los relatos no son islas
Conforman una unidad que responde en su totalidad al planteamiento didáctico seguido por cada uno de los evangelistas. Ellos pretendieron de ese modo mostrar los fundamentos del Proyecto del Galileo con una lógica adaptada a las comunidades destinatarias de sus escritos. Las costuras con que sus autores engarzaron unos a otros tales relatos resultan esenciales para entrar a fondo en su sentido. Ignorar dichos pespuntes, conlleva el riesgo de alejarse de la hebra pedagógica mantenida en el texto, perder de vista su significado y desvariar a la hora de interpretarlo en todos sus detalles.
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La relación de Jesús con sus discípulos aparece descrita en Marcos siguiendo, pues, un hilo conductor
A lo largo de todo su evangelio sobresale una discordancia entre el posicionamiento del Galileo y el de los discípulos. Sus objetivos y sus actitudes no se acoplan. Un tira y afloja se deja ver de principio a fin como una constante en cada una de las situaciones. Por más que Jesús insistirá en dar razón de su propuesta, ellos desistirán de esforzarse por entenderla. Mientras él no decaerá en su intento infatigable por abrirles las entendederas, el grupo al completo remoloneará para seguir en lo suyo. La narración que leemos ahora es una muestra más de esta desavenencia:
“Se marcharon de allí y fueron atravesando Galilea; no quería que nadie se enterare, porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía:
– Al Hombre lo van a entregar en manos de ciertos hombres y lo matarán; pero, después que lo maten, a los tres días resucitará.
Pero ellos no entendían aquel dicho y les daba miedo preguntarle.
Y llegaron a Cafarnaún (Mc 9,30-33a).
Este breve texto muestra estar hilvanado con la escena precedente nada más iniciarse. Su comienzo: Κἀκεῖθεν = Καὶ ἐκεῖθεν (“Y de allí”) actúa como puntada que cose este relato al anterior al hacer una clara referencia al espacio (“en casa”; Mc 9,28) de donde procedía el colectivo formado por Jesús y sus discípulos. Han dejado atrás ese lugar: “Salieron o se marcharon de allí” (Κἀκεῖθεν ἐξελθόντες) en dirección a un nuevo destino aún sin desvelar. El recorrido de ese trayecto servirá de marco a unos hechos que desempeñan el papel de introducción a un conjunto de relatos (Mc 9,33b -10,31). El itinerario se describe en forma general diciendo: “…y fueron atravesando Galilea”. La única anotación precisa sobre el emplazamiento aproximado donde se encontraban la hallamos en Mc 8,27: “Salió Jesús con sus discípulos para las aldeas de Cesarea de Filipo”, lo que indica que partieran desde ese sector, al norte de Galilea, bajando por la región hacia el lago de Genesaret.
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El Galileo ha dado por concluida la presentación de su Proyecto en Galilea
Su actividad está centrada ahora en lograr que sus discípulos comprendan su propuesta y le den leal adhesión. De ahí que Marcos declare su intención de pasar desapercibido en su paso por la región: “no quería que nadie se enterase…”. Jesús continúa explayándose en explicaciones a los suyos, lo que es indicativo de que el grupo de seguidores se resistía a darle una respuesta a su enseñanza. Él había tratado últimamente de aclararles las ideas usando diferentes fórmulas: una instrucción en el monte específica para testarudos (Mc 9,2-13) o ejemplos prácticos de cómo responder a los anhelos de libertad del pueblo (Mc 9,14-29). Pero ni por esas. No había manera de sacarlos de su equivocación. Sin embargo, el Galileo persistió en su tarea de hacerles comprender que la Liberación no se conquista con métodos opresivos, sino generando espacios sociales de libertad y fraternidad capaces de propiciar el triunfo de la Humanidad sobre la insensatez y la brutalidad del orden injusto. Tal objetivo es la razón, según el evangelista, de que Jesús optara por el anonimato y la clandestinidad al pasar de regreso atravesando por Galilea: “…porque iba enseñando a sus discípulos”. Esta finalidad es esencial para dar con la clave del relato. La calificación tradicional como anuncio (‘Anuncio de la muerte y resurrección’) olvida que su contenido es específicamente didáctico: “…iba enseñando…”.
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El nuevo aleccionamiento evidencia que los discípulos no se han movido de sus posiciones
El esfuerzo del Galileo dándoles explicaciones solo encontró en ellos terquedad y sordera. No había manera de hacerlos reflexionar. El colectivo de seguidores estaba obcecado en conseguir la liberación del sometimiento convirtiéndose en dominadores, un procedimiento que nunca ha contribuido a poner término de una vez por todas a la injusticia que oprime y machaca a los pueblos. Dicha fórmula detiene y anquilosa el desarrollo de la condición humana. Los discípulos habrán de transformar su cabezonería en inamovible adhesión y defensa del Proyecto Humano.
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La instrucción del Galileo cobra un nuevo aire
Ahora no hablará, como hizo con anterioridad, de los poderosos representantes de la política, la ideología, la economía y la religiosidad institucional: “… ser rechazado por los senadores, los sumos sacerdotes y los letrados…” (Mc 8,31). En esta ocasión avanzará en su razonamiento aclarando que el Proyecto Humano del que él representa su plenitud pasará por momentos de gran dificultad porque intentarán abortarlo: “Les decía: Al Hombre (literalmente, ‘Hijo del Hombre’) lo van a entregar…”. Y esa actuación hostil será realizada por los mismos esclavos necesitados de culminar su desarrollo como humanos: “…en manos de ciertos hombres”. Esta actitud contraria a su condición manifiesta ser un despropósito, fruto de una torpe inconsciencia: ¿Cómo pueden los seres humanos atacar a degüello al ideal que podrían llegar a ser? La argumentación daba pie a que los discípulos se pusieran a discurrir y cuestionar sus agresivos planteamientos.
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El desatino de quienes han optado por la destrucción del desarrollo humano llegará aún más lejos
No se conformarán con la paralización de ese Proyecto social, llegarán a derribar y acabar con el Modelo (‘el Hijo del Hombre’) que lo representa: “…y lo matarán”. Pero esa misma violencia extrema se volverá contra ellos revelando su gran equivocación. Una vez ejecutado: “…pero después que lo maten…”, en un corto espacio de tiempo: “…a los tres días…” (expresión significando: brevedad, celeridad), la intentona destructiva verá frustrado su objetivo de hacer desaparecer de la vista el modelo de la plenitud humana. Ese ideal a alcanzar se erguirá como destino y enseña inmarchitable: “…resucitará” (ἀναστήσεται; futuro del verbo ἀνίστημι: ‘ponerse en pie’, ‘levantarse’).
7.1. El Lector no pasará por alto que el evangelista ha usado aquí el mismo verbo (ἀνίστημι) utilizado en el relato anterior
para describir cómo el muchacho -personaje representativo del pueblo esclavizado-, asido de la mano del Galileo, recobró su dignidad y su libertad: “Jesús, cogiéndolo de la mano, lo levantó y SE PUSO EN PIE (ἀνέστη)” (Mc 9,27). Los discípulos tienen nueva argumentación a su alcance para salir de sus contradicciones y descabalgar por fin de la ilógica de sus ocultos planes. Del orden injusto solo quedarán sus escombros; el triunfo definitivo corresponderá al Ser Humano.
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Pero por más que el Galileo insiste, los discípulos desisten de dar un vuelco a sus pensamientos
Se mantienen seguros en sus pretensiones. Con esa actitud, son incapaces de entender: “Pero ellos no entendían aquel dicho…”. Y les asaltó el miedo al Programa del Galileo, de manera que no se atrevían a dar la cara queriendo entrar más a fondo en el tema. No se mojan: “…y les daba miedo preguntarle”. No han superado el canguelo que les entró cuando la crisis de la barca: “Él les dijo: ¿Por qué sois cobardes? ¿Aún no tenéis fe?” (Mc 4,40). Como Marcos cuenta en aquella escena, el miedo desvela la falta de adhesión.
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Marcos termina el relato aportando el dato de la llegada al destino adonde se dirigía el grupo formado por el Galileo y sus discípulos: “Y llegaron a Cafarnaún”.
Pero el evangelista guarda silencio de momento sobre lo que los discípulos pudieron estar pensando o debatiendo entre ellos.
