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Pensamientos sabáticos, 5 y 6

 5. La libertad según Angela Merkel

Terminé de leer las memorias de Angela Merkel, Libertad (2024). La excanciller alemana describe la libertad en estos términos:

…la verdadera libertad no tiene que ser únicamente en beneficio propio, pues también tiene sus reparos y escrúpulos. La verdadera libertad no es por sí misma libertad de algo, de la dictadura y la injusticia, sino que se demuestra en la responsabilidad por algo: por el prójimo, por la comunidad, por la sociedad.

La libertad requiere de condiciones democráticas: sin democracia no hay libertad, ni Estado de derecho, ni defensa de los derechos humanos. Si queremos vivir en libertad, debemos defender nuestra democracia, dentro y fuera, de quienes la amenazan. Y ello será posible si trabajamos juntos, si nos implicamos todos. Cada uno para sí mismo y todos conjuntamente, ya que la libertad no es individual, la libertad tiene que ser válida para todos. (Angela Merkel, Libertad. Memorias [1954-2021], Barcelona: RBA, 2024, 789).

La libertad “de” algo responde a la tradición liberal. Supone que se nos permita expresarnos sin coacciones, presentarnos a unas elecciones democráticas, poder votar, que se respete nuestra integridad en el marco de un Estado de derecho. Son las denominadas “libertades del individuo”, también denominadas “libertades civiles” o “ciudadanas”.

Pero con eso no basta, nos dice Merkel. La libertad tiene que ser también un compromiso en favor de la justicia social (“responsabilidad por”), un trabajo por los derechos de todos, en nuestro país y fuera de él. No hay libertad sin justicia social, y no hay justicia social sin libertad. Merkel conecta la tradición liberal con la socialista, algo muy propio de una defensora de la Economía Social de Mercado y del Estado del Bienestar. Y ese doble reto ―“libertad de” y “responsabilidad por”― solo puede ser afrontado en democracia.

Qué ideas tan simples, y al mismo tiempo tan ciertas, agua cristalina en medio del actual desierto político.

 

6. Tambores de guerra

Suenan tambores de guerra en Europa, y cuando suenan en Europa, el conflicto acaba siendo mundial. Esta película ya la hemos visto dos veces. En diferentes países del mundo, con una denominación ideológica u otra, están ascendiendo los fascismos, esto es, gobiernos autocráticos, líderes con ideas muy simples, a menudo ridículas, con escaso o nulo respeto por las normas democráticas y por los acuerdos internacionales. Además, llevamos ya tres años de guerra en Ucrania (24 de febrero de 2022: invasión rusa de Ucrania), once años si nos remontamos a la anexión rusa de Crimea los días 17-18 de mayo de 2014 tras la invasión rusa del Dombás el 6 de abril anterior. Y llevamos año y medio (desde octubre de 2023) de masacre israelí en Gaza y progresivamente en Cisjordania. Geográficamente, Israel-Palestina no pertenecen a Europa, pero geopolíticamente comparten región con ella. Como Hitler en los años treinta, Putin parece dispuesto a irse apropiando por la fuerza de territorios de otros países. Como en Múnich 1938, algunos creen que lo mejor es dejar que se los apropie para que se quede tranquilo (Trump); sin embargo, Putin, como Hitler, parece tener más hambre cuanto más devora. Trump, amigo de Putin, se muestra interesado en debilitar la alianza atlántica (OTAN), lo que lleva a la Unión Europea a debatir sobre la necesidad de rearmarse frente a Rusia sin esperar a que Estados Unidos le saque las castañas del fuego. Los partidos de extrema derecha (antieuropeos) crecen por doquier, sin duda, espoleados (y tal vez incluso financiados) por muchos republicanos de Estados Unidos y por Rusia y China, interesados en una Unión Europea débil y desunida. Por su parte, con idéntico espíritu, Netanyahu parece dispuesto a que Israel conquiste los territorios palestinos. ¿Lo permitirán los países árabes/musulmanes de la región?

¿Es el rearme europeo la solución a la amenaza rusa y al nuevo ninguneo americano (sin olvidar a China)? Hay dos malas soluciones a esta situación:

  1. La primera es la del pacifismo ingenuo, el error europeo de Múnich 1938. En su momento fue muy bien analizado y criticado por el jesuita francés Gaston Fessard en su obra Pax Nostra. Examen de conscience international (1936) [Pax Nostra. Examen de conciencia internacional], lamentablemente todavía no traducida al español. Permitir a Putin que Rusia invada territorios de países vecinos no puede acabar bien, y además es una falta de respeto a los acuerdos internacionales.
  2. La segunda es la del rearme. Sin embargo, sabemos que el rearme suele acabar en guerra: las armas están para utilizarlas. ¿A quién le interesa una tercera guerra europea, que seguramente acabaría en tercera guerra mundial? (No es una exageración: estamos hablando de la Unión Europea, los países no comunitarios del Este de Europa, Rusia, China, Corea del Norte, Estados Unidos, Oriente Medio y Oriente Próximo).

¿Hay una tercera solución? Solo alcanzo a pensar en la del trabajo incansable por la democracia, los derechos humanos, el Estado de derecho, el diálogo en todos los frentes, el espíritu crítico, la cooperación internacional, todo ello acompañado, por si acaso, de un rearme para que una eventual invasión rusa no coja desprotegida a la Unión Europea. Lo dicho: tambores de guerra.

Seguiré, espero.

Un comentario

  • Antonio Duato

    Una buena entrevista sobre el papa Francisco hecha al autor de este artículo y a un teólogo mexicano