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Bienvenida a León XIV

Hoy os preento a un nuevo autor que espero que nos acompañe y enriquezca con sus reflexiones. Rafael Vicente Ortíz es profesor recién jubiliado. Licenciado en filosofía, estudió después teología por vocación, sin dejar nunca de ser laico y cristiano comprometido en comunidades y movimientos progresistas. Ah! y comparte conmigo la suerte de haber nacido en Valencia, junto al Mediterráneo. Al final de nuestros itinerarios entrecruzados, nos encontramos en ATRIO. Y en este sintético y acertado análisis del cambio actual de papa, en la línea del Vaticano II. AD.

El pontificado de Francisco
no ha causado división en la Iglesia,
ha puesto en luz la realidad

Es una falsedad insinuar que el pontificado generó división en la Iglesia, quien así lo hace utiliza perversamente una argumentación falaz.

La realidad es que la Iglesia Católica ha subsistido en una constante división, bajo apariencia de unidad, desde los años sesenta del pasado siglo, a partir de la puesta en marcha del Concilio Vaticano II de la mano de Juan XXIII.

De los, aproximadamente, 2.500 padres conciliares congregados en dicho sínodo 200 de ellos, capitaneados por el cardenal Ottaviani, opusieron férrea resistencia al aggiornamento impulsado por el papa y a las consecuentes reformas conciliares. Dicha facción, contraria a lo que terminó siendo la letra de los documentos del concilio y Espíritu que aleteaba en ella, no ha dejado de permanecer operante y bien organizada al interno de los ambientes eclesiales poniendo constante freno a las dinámicas de implementación y consolidación de una ortopraxis obediente a la ortodoxia conciliar.

Dicha división, existente desde tales orígenes, ha actuado de modo subterfugio y cómodo desde una clandestina invisibilidad operante. Algunas veces se ha manifestado como distintos picos de un iceberg cuya masa principal, y real, permanecía oculta bajo la línea de flotación.

Desde prácticamente la conclusión del concilio no han dejado de aparecer, aquí y allá, fenómenos como: Fraternidad Sacerdotal San Pío X (lefebvrianos); Tradición, Familia y Propiedad; La Sacristía de la Vendée (que recientemente ha reanudado su actividad), por poner algunos ejemplos. También se puede constatar la eclosión de algunas congregaciones religiosas de proyección vintage y el hecho paradójico de que algunos nuevos movimientos eclesiales (NME) o las, ahora llamadas, nuevas realidades eclesiales (NRE) son posibilitadas por la eclesiología del concilio, pero, sin embargo, en ellos queda frenada, cuando no sofocada, la brisa que el Espíritu suscita a través de sus documentos como constante y susurrante voz.

La luz que ha supuesto el pontificado de Francisco, que procede de su decidida e imperturbable fidelidad a la gracia conciliar, ha desenmascarado la labor de dique de contención realizada, a esa misma gracia, por diversos grupos, más o menos organizados, pero con un mismo propósito. Y ello ha tenido lugar porque han manifestado abierta y machaconamente, aversión y oposición al pontificado de Francisco, que no es otra que al aggiornamento conciliar.

El asedio ha tenido lugar en diversos campos y niveles. En ello jugaron un papel destacado, como hoy no podía ser de otra forma, las redes sociales. Podemos encontrar videos fácilmente accesibles donde sus protagonistas no tienen empacho alguno en denostar al Concilio Vaticano II, catalogándolo de herejía modernista, así como a grandes teólogos que asesoraron en él al episcopado, especialmente se ceban con uno de los grandes: Karl Rahner.

No, el pontificado de Francisco no ha causado división alguna, sino que ha iluminado una realidad operante que prefiere, como todo lo que es contrario a la gracia del Espíritu, permanecer en las sombras, porque desde la oscuridad trabaja mejor. Su objetivo de cara al nuevo pontificado es claro: que la Iglesia recupere nuevamente ese status quo, que no es otro que la penumbra de los tibios, donde ellos pueden realizar confortablemente su propósito.

La estrategia que están utilizando para alcanzarlo es vieja y manida. Se trata de presentar al nuevo pontífice, partiendo de los diferentes aspectos que sobre él han ido transcendiendo en los medios, según el perfil que pretenden que tenga y siempre en oposición a Francisco, pues se trata de presentarlo como reparador de sus desmanes y la división que supuestamente ha causado. Para ello, a cualquier detalle se le puede sacar punta: que si la muceta, por qué aposentos optará, que si utiliza el latín… De esta forma se le intenta sugerir sobre cuál es el camino que le conviene tomar si no quiere encontrarse con resistencias semejantes a las que se encontró su antecesor.  Pero, sobre todo, de momento, es muy conveniente hacer ver que “es de los nuestros” porque eso procura legitimación.

Con todo, el nuevo Papa León XIV ha sido muy claro en todos los mensajes emitidos, desde el primero leído en el balcón de la logia tras su elección, que no dejó a la improvisación. En él dejó claro que asumía la silla de Pedro recogiendo el legado de Francisco. Unidad, paz, sinodalidad y hacedor de puentes, pontífice fueron las palabras clave de su discurso. Y a través de esos signos, que algunos interpretan interesadamente, parece dejar claro quién es el Pontífice que se pone a caminar con nosotros.

Personalmente me consuela, me conmueve y me esperanza su arraigado perfil agustiniano, convencido que su búsqueda de la Verdad en aquél que la es, siendo el Camino y la Vida (Jn14: 6), pero sin miedo al conflicto (Mt 10:34-36).  Le doy la bienvenida como pastor del Santo Pueblo de Dios y le aseguro mi unidad y mi oración.

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