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Los discípulos no entendían a Jesús 5/7

Nueva clase particular para los testarudos (III)

  1. La escena del monte se corta en ese punto sin que haya reacción alguna por parte de los testarudos

La clase particular ha terminado con ellos en silencio. El relato prosigue con una segunda parte marcada por el regreso desde el espacio en alto donde se ha impartido la enseñanza. La acción de los personajes en ese tránsito tiene relación directa con lo acontecido arriba. La escena recoge las conversaciones tenidas entre el Galileo y los tres discípulos en su bajada desde el lugar que había sido escogido por Jesús como el más idóneo para el aleccionamiento.

Mientras bajaban del monte les advirtió que no contaran a nadie lo que habían visto hasta que el Hombre resucitase de la muerte. Ellos se atuvieron a este aviso, aunque discutían entre sí qué significaba aquel <<resucitar de la muerte>>. Entonces le hicieron esta pregunta:
— ¿Cómo dicen los letrados que Elías tiene que venir primero?
Él les repuso:
— ¡De modo que Elías viene primero y lo pone todo en orden! Entonces, ¿cómo está escrito que el Hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado? Os digo más: no solo Elías ha venido ya, sino que lo han tratado a su antojo, como estaba escrito de él”

 

29.1. El entorno queda configurado de inicio con el participio καταβαινόντων (lit. ‘Bajando’) del verbo καταβαίνω (‘bajar’, ‘descender’)

Marcos expresa con él la circunstancia temporal en que se produce el movimiento descendente de los personajes que han intervenido en la escena del monte. De ahí que se traduzca como imperfecto, reflejando duración: “Mientras bajaban”. La acción se prolonga en esos momentos de bajada “…del monte…” hacia el encuentro con el resto de discípulos. Durante ese desplazamiento tiene lugar una conversación entre los actores motivada por lo ocurrido en la cumbre. Ella ocupará toda la segunda sección del relato.

 

  1. El Galileo rompe el silencio

Pero, curiosamente, el relato omite su nombre, cuando en la primera parte lo hubo mencionado en cuatro ocasiones. Tampoco será nombrado ninguno de los tres discípulos. La intervención de Jesús contrasta con su papel pasivo mantenido durante todo el tiempo ocupado por la enseñanza en el monte. Comienza con una seria advertencia a los tres tozudos: “…les advirtió…” (διεστείλατο, del verbo διαστέλλω: ‘encargar’, ‘advertir’, ‘ordenar’). La pedagogía de Marcos se hace notar. El evangelista busca que los integrantes de la comunidad destinataria de su escrito concentren su atención en lo que va a transmitir y se sientan implicados en los hechos, asumiendo la responsabilidad de asimilar la lección que los testarudos se han resistido a aprender.

30.1. El serio aviso del Galileo a sus tres acompañantes tiene relación directa con su cerrazón ante la enseñanza recibida en la cumbre

Allí han demostrado su incapacidad para hacer suyo el contenido de una lección entendida al revés. Sus intereses los llevan siempre a interpretar los hechos en una única dirección, la marcada por sus fuertes ambiciones. La torpeza de los muy cerriles les ha impedido darse cuenta del refrendo del AT a Jesús. Se resisten a aceptar que la Ley (Moisés) y los Profetas (Elías) tienen a Jesús como principal referente. Habían considerado, por el contrario, que el Proyecto del Galileo debía acomodarse a los dogmas tradicionales establecidos desde la lectura nacionalista de los libros sagrados. Sus ansias de obtener el Poder les ciega. Están atascados en la ideología de la violencia e imposibilitados para ver la grandeza y el alcance del Programa expuesto por Jesús. Solo son capaces de ver en el Galileo al Mesías davídico esperado por todos. Y eso es precisamente lo que no deben transmitir. Ese es el sentido de la seria advertencia: “…que no contaran a nadie lo que habían visto…”.

30.2. La reserva exigida a los atrancados discípulos tendrá un límite: “…hasta que…” (εἰ μὴ; ‘si no’, ‘excepto’, ‘a no ser que’, ‘a menos que’),

determinado por el hecho de que haya pasado el tiempo en que el Proyecto ya no corriera el riesgo de ser distorsionado por mucho que los discípulos lanzasen al aire sus equivocadas ideas. La excepción al silencio vendrá marcada por un acontecimiento: “…hasta que el Hombre resucitase de la muerte”. En este punto del relato se ve la mano de Marcos. El evangelista escribe un tiempo después de que el Galileo haya sido ejecutado y la comunidad, madre de su texto, tenga ya experiencia de un Proyecto que ha recobrado vida. La muerte del Galileo no habrá apagado su energía, que emerge imparable en la comunidad.

30.3. La expresión ὁ υἱὸς τοῦ ἀνθρώπου (lit. ‘el Hijo del Hombre’), traducida: “El Hombre”

es usada siempre por Jesús en tercera persona y con dos artículos para referirse a sí mismo como individuo representativo del género humano. Su recorrido señalará la ruta que los discípulos habrán de transitar. El descaminado propósito de ellos, marcado por la ambición y la violencia, ha de quedar acallado hasta el instante en que se demuestre el triunfo del Ser humano: “…resucite de la muerte”. Jesús avisa de nuevo (Mc 8,31) respecto al resultado de la implacable reacción de la cúpula del Poder contra él y su Programa. Los representantes políticos, económicos y religiosos del orden injusto rechazarán de plano una sociedad alternativa (el reino de Dios) fundada en la igualdad y la fraternidad. Y pondrán al Galileo ante la sentencia criminal del imperio dominante. Pero la muerte no señalará el final. La comunidad evidencia con su calidad de vida el triunfo del Ser Humano (“el Hijo del Hombre”) y el fracaso del Poder en su continuo intento por destruirlo. Promover la violencia y la conquista del Poder, como pretendían los testarudos, no tendrá entonces efecto alguno en una comunidad plena de vida. Ese será el límite señalado por la advertencia (“…que no contaran a nadie lo que habían visto…”) de Jesús a los tres discípulos “mientras bajaban del monte”.

30.4. Los discípulos acataron lo ordenado por el Galileo: “Ellos se atuvieron a este aviso…”

(καὶ τὸν λόγον ἐκράτησαν; donde el término λόγος: ‘palabra’, ‘mensaje’, ‘cosa’, ‘encargo’, alude al asunto requerido, y el verbo κρατέω: ‘ser fuerte’, ‘mantenerse firme’, indica que respetaron lo ordenado). Pero la obediencia al mandato de Jesús entrañaba docilidad, pero carente de convencimiento. No hicieron esfuerzo alguno por comprender el sentido de no airear sus torpes ideas mesiánicas y mucho menos por asimilar la enseñanza del Galileo sobre su Programa. Destacan por su sordera. Y no hacen el más mínimo esfuerzo por escucharle, como les recomendó la voz desde la nube (“escuchadlo”). Se conforman con la subordinación y el mero cumplimiento.

30.5. Los testarudos observan el mandato, pero se reservan sus pensamientos

Persisten contraídos y agrupados aparte (πρὸς ἑαυτοὺς; ‘entre ellos’) debatiendo sus deliberaciones (συζητοῦντες; del verbo συζητέω: ‘discutir juntos’, ‘hacer pesquisas’): “…aunque discutían entre sí…”. Marcos, aleccionando a las comunidades destinatarias de su evangelio, desvela cuidadosamente que actúan a escondidas, en secreto, evitando que sus juicios lleguen a oídos del Galileo. La distancia entre ellos se mantiene. Los testarudos están lejos de comprender que el triunfo del Ser Humano se alcanza a pesar de padecer la ferocidad criminal del orden injusto. Y siguen preguntándose: “…qué significaba aquel <<resucitar de la muerte>>”.

 

  1. Las cavilaciones de los tercos acrecientan su malestar

Empecinados en el ideario de un mesianismo violento y triunfador, los tres discípulos vuelven a la carga con un argumento escondido bajo forma de pregunta: “Entonces le hicieron esta pregunta”. El interrogante ha surgido a partir de sus conversaciones privadas. Y pretenden con él dejar en evidencia el encargo del Galileo:

“¿Cómo dicen los letrados que Elías tiene que venir primero?”

31.1. Tras la construcción de la pregunta se detecta un fino hilo de contrariedad y desacuerdo

Los testarudos no quieren oír hablar de la muerte que sufrirá el Galileo de llevar adelante su Proyecto. Pero Marcos deja ver que ellos no manifiestan su desavenencia abiertamente. Se repliegan en sus pensamientos y presentan el interrogante como una duda a resolver y no como un razonamiento contrario al Programa de Jesús. Se escudan, pues, en la autoridad de los Letrados. La materia de la cuestión planteada trataba de una afirmación de carácter fuertemente mesiánico proveniente de un profeta y aceptada por todo el pueblo como verdad incuestionable.

31.2. La declaración se halla en la conclusión del libro de Malaquías:

“Y yo os enviaré al profete Elías
antes de que llegue el día del Señor,
grande y terrible” (Mal 3,23).

Los Letrados habían elevado el vaticinio de Malaquías a un dogma que abría el tiempo del reinado de Dios. Como final de su escrito, el último profeta del AT hacía referencia al primero de ellos: Elías, augurando el regreso de este: “Os enviaré al profeta Elías”. E interpretaba su vuelta como preludio de la intervención directa, rotunda y definitiva de Dios en la historia: “antes de que llegue el día del Señor grande y terrible”. El texto de Malaquías concluye describiendo la necesaria tarea de Elías como pacificadora y restauradora del orden tanto tiempo perdido: “reconciliará a padres con hijos, a hijos con padres…” (Mal 3,24b). Pero los discípulos omiten hablar de tal objetivo a cumplir por Elías, solo lo insinúan con el final de su pregunta “¿…que tiene que venir PRIMERO?”. El texto de Malaquías pone punto y final al libro declarando la necesitad del quehacer de Elías poniendo todas las cosas en su sitio para evitar una acción mucho más violenta de parte de Dios: “…y así no vendré yo a exterminar la tierra”.

 

  1. El interrogante de los testarudos colocaba a Jesús ante una difícil salida

El cumplimiento de lo anunciado por el último de los profetas significaba la entrada en escena de Elías para reestablecer el orden y pacificando la sociedad judía, lo que iba en contra de que produjera una acción criminal de las autoridades en contra del Galileo. Y de no llegar a realizarse dicho anuncio profético, con más razón resultaba necesario generar un movimiento multitudinario para conquistar el Poder y emprender una lucha contra el imperio, facilitando de ese modo lo que los Letrados tenían como dogma: la actuación victoriosa de Dios para establecer su reinado mediante la obtención de la hegemonía política de Israel, el pueblo elegido para llevar a cabo la obra divina. La pregunta estaba planteada, pues, como encerrona. La falta de respuesta demostraría que ellos, los porfiados discípulos, estaban acertados con sus planteamientos y el Galileo equivocado con su anuncio.

32.1. El interrogante no achicó ni mucho menos al Galileo

Lejos de eso, aprovechó su respuesta (“Él les repuso”) para instruirlos con una última lección. Quiere hacerlos pensar. El tonillo irónico empleado por Jesús en su entrada no ha perdido actualidad:

“¡De modo que Elías viene primero y lo pone todo en orden!”.

Su observación inicial adelantaba que a continuación iba a echar abajo la evidencia del dogma fijado por los letrados. Comenzó a hacerlo retomando los términos usados por los discípulos en su pregunta, pero añadiendo lo callado por ellos: la labor pacificadora objetivo de la vuelta de Elías: “¡y lo pone todo en orden!”. El sarcasmo de esta última expresión inducía a pensar que la pacificación esperada antes de la actuación del Mesías no se había producido. Los máximos representantes de la nación y la religiosidad, en connivencia con el imperio dominante, persistían en su opción por implantar la injusticia como modo de vida social.

32.2. Esa pincelada primera del Galileo dio paso a un argumento que rebatía las tesis de los ideólogos de la religión judía

Lo usó en forma interrogativa animando más si cabe el discurrir de los tercos discípulos:

“Entonces, ¿cómo está escrito que el Hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado?”.

32.3. El Galileo recurre de nuevo en su planteamiento

a la fórmula ὁ υἱὸς τοῦ ἀνθρώπου (lit.: ‘el Hijo del Hombre’), traducida “el Hombre”, para referirse a él mismo como figura representativa de todo lo humano. Lo que ocurrirá con él, se convierte en signo de lo que sucederá a la humanidad a lo largo de la historia. Al aludir a lo que “está escrito” hace una interpretación global de los textos del AT, fundamento de los dogmas sagrados instituidos por Los letrados. El capítulo 7 del libro de Daniel habla de una visión suya donde aparecen cuatro (el número cuatro es símbolo de universalidad) fieras, representativas de los poderes criminales y avasalladores que desprecian todo lo que huele a humanidad. Pero, a pesar de su ferocidad, el profeta anuncia el triunfo final del Ser Humano:

“Ví venir en las nubes del cielo una figura humana (καὶ ἰδοὺ ἐπὶ τῶν νεφεῶν τοῦ οὐρανοῦ ὡς υἱὸς ἀνθρώπου ῆρχετο)”.

32.4. El Galileo dará remate a su lección: “Os digo más” asegurando que la vuelta de Elías ya se había producido

con los resultados opuestos a las tesis dogmáticas defendidas por los ideólogos a cuya autoridad ellos han acudido. Un personaje real de carne y hueso, a quien ellos conocieron bien, fue el Elías precursor. Su tarea consistió en denunciar la injusticia e invitar al pueblo a abandonar los pasos arbitrarios marcados por los poderosos. Ni el precursor Elías ni el Mesías emprenderán una actividad en espera de una intervención definitiva de Dios. Dios no participa en la historia. El Ser Humano es su único protagonista. Y triunfará a pesar de que los altos representantes del orden injusto, como las fieras de la visión de Daniel, hayan empleado una y mil veces los métodos más expeditivos acostumbrados en sus atroces hazañas:

“…no solo Elías ha venido ya, sino que lo han tratado a su antojo, como estaba escrito de él”.

 

  1. Esta última afirmación del Galileo dejó a los discípulos sin palabras

El relato terminará con el silencio de los testarudos. El Lector no tendrá posibilidad de aclarar si llegaron a aprender algo de esta clase particular especial. La comunidad estará pendiente de conocer algo más en el siguiente relato del primero de los evangelistas.

 

 

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