
UNO. –
Escribo cuando miles de personas intentan ver el cadáver de Mario Jorge Bergoglio y despedir al papa muerto en la Basílica de San Pedro. “La desintegración del orbis terrarum es, en todas partes, obra del occidente cristiano”, escribía en 2007 Karl Lowith en su libro “Historia del mundo y salvación. Los presupuestos teológicos de la Filosofía de la Historia”. En medio de esa destrucción nació, trabajó, fue jesuita y obispo, el papa que falleció la madrugada del lunes de Pascua. Pero su pontificado de una docena de años recuerda que el cristianismo es para el estudioso judío R.I. Moore “el sistema cultural hegemónico más poderoso de la historia del mundo”.
Las colas, los pésames, los 4.000 periodistas acreditados en la oficina vaticana de prensa y los 160 representantes de naciones y estados, también Donald Trump por cierto, lo indican por si algún desnortado lo ha olvidado. “Por mucho que los bancos de las iglesias estén cada vez más vacíos, Occidente permanece amarrado con firmeza a su pasado cristiano” afirma el historiador inglés Tomas Hollánd, en Dominio. Ahí me sitúo, con fe católica personalmente elegida libremente, a reflexionar sobre el pontífice y su pontificado. Seguidor pasional del San Lorenzo de Almagro, equipo que nació en un oratorio salesiano fundado por un sacerdote salesiano, a cuyos jugadores llamaban “cuervos” a causa de la sotana del fundador, el papa muerto ha considerado y actuado desde la convicción de que el fútbol es una alegoría de la vida. Se gana, se pierde, surgen imprevistos en cada partido, hay bajas, hay insultos, hay cabreos ontologicos por los goles. Osvaldo Soriano, escritor argentino, ha recordado que la devoción apasionada por el San Lorenzo es un capital que se lleva de por vida. Como el Betis, el Barça, el Madrid o la Ponferradina. Hablando a los jóvenes, ya con blanca sotana, les dijo: “Muchachos, la caridad es una bella cosa, pero la política es necesaria”. Los goles forman parte de la política deportiva y de la táctica de los entrenadores. En una entrevista concedida por Jiang Zemin, presidente de la Republica Popular China hasta 2003, ya con 96 años en 2022, habló por vez primera del Vaticano. Con Bergoglio y su secretario de Estado, cardenal Parolin, se ha llegado a acuerdos sobre el nombramiento de obispos para las diócesis chinas (indigesto para los norteamericanos). Ahora, muerto Bergoglio, ha llegado el martes 22 un mensaje oficial del PCChino expresando sus condolencias por su muerte. El actual alejamiento del Vaticano con Estados Unidos, gracias entre otros a Trump y sus políticas, le añade valor político al mensaje, máxime tras la vista del D.J. Vance al pontífice. Consciente de que la Iglesia que presidía está, y estaba, atravesada por profundas tensiones entre norte y sur, entre los que aceptan la regulación ortodoxa del catolicismo y los que se lo toman cum mica salis, entre clero y sinodalidad, entre clero y feminismo, no ha apresurado el tren de las reformas. Ha resultado impedido por la curia, por un catolicismo identitario, por las tensiones de guerras tremendas y crueles, por la edad y por las enfermedades muy graves que ha padecido, pese a su corajuda andadura final. Un hombre al fin que ha tenido que reconocer, pese a ser jesuita y practicante del discernimiento espiritual, que ha ejercido como soberano de un reino temporal y único dueño de su propio calendario. “Nadie tiene que decirme lo que debo hacer”. El 15 de este mes firmó la normativa de la reforma de la Academia Pontificia Eclesiástica, la antigua Academia de Nobles Pontificios, donde se formaban los nuncios. Una normativa sobre el estatuto y la función de los nuncios papales. Jordi Evole ha contado que cuando le preguntaba al papa como estaba, contestaba: “Vivo”. El 80% de los cardenales electores han sido creados tales por este pontífice. Ha gobernado sobre 1.400 millones de católicos en el mundo.
DOS. –
“No juzguéis”, nos avisó el Galileo amigo de Salvador Santos. Desde esa posición es posible valorar la acción papal de Jorge Mario Bergoglio. Ofrezco mí valoración:
Primero: Los guardianes esforzados de la única economía valorable, gritan y exigen desde el siglo XVIII: “Dejad que el dinero actúe, dejad que circule” (Alain Badiou). El papa muerto ha tenido el coraje de denunciar la estructura injusta que sustenta tal griterío secular que pone en primer lugar el dinero que conlleva el origen de todas las exclusiones, crea esclavos y roba la libertad al mitificar el progreso infinito y eficacia por encima de cualquier otra consideración. “Los sudarios no tienen bolsillos”, decía a menudo, de forma improvisada. Dominique Seux, ha puesto de manifiesto estos días el difícil entendimiento entre el papa y los grandes medios empresariales. “El papa Francisco solo ha visto los defectos de la economía mundial, la cual, sin embargo, ha mejorado las condiciones de vida como nunca en la historia – escribe Seux –. Parece haber tenido una visión populista de la economía (…) La paradoja es que ese modelo europeo, socialdemócrata, con su Estado del bienestar, es el que más se acerca a lo que él hubiera querido, pero jamás lo hubiera reconoció porque nos veía viejos y adormilados”. Bergoglio ha insistido cachazudamente en la necesidad de protagonismo a los agentes sociales del cambio, hoy domesticados, anestesiados, anclados en su subjetividad y dormitando. ¿Contrates?, claro, evidentes. Preferible el despertar y el combatir que la esclavitud mental y social.
Segundo: Elegido en el cónclave de 2013 que había mostrado en las congregaciones previas de los cardenales electores la crisis en el gobierno central de la Iglesia Romana, ejerció cual un monarca absoluto el poder conferido. Vació de poder y de autonomía financieras a la Secretaría de Estado, incluyendo la condena penal a un cardenal con importante puesto en la estructura. Creó un consejo de cardenales al que no ha consentido una sola decisión a llevar a buen puerto. Por tanto, ha gobernado estilo ignaciano: en solitario con su única reflexión. Perinde ac cadaver, era la obediencia exigida por el vascongado Ignacio de Loyola. No se quejen sus electores y colaboradores. En consecuencia soslayó la colegialidad episcopal (y en algunos lugares más valía) ; dio menos importancia al clero y criticó el clericalismo, pero sabia y por eso no ha dado otros pasos, creo, que sin el clero el aparato ritual, organizativo y sacramental de la Iglesia se estancaría sin remedio. Con un gobierno personalista las decisiones sobre las finanzas vaticanas ha sido bamboleantes y contradictorias y éstas se han deteriorado.
Tercero: El salmo 100 nos recuerda “El nos ha hecho y de él somos”. Frágiles, de barro de la tierra, somos suyos, pertenecemos a su omnipotencia como ha escrito bellamente Erri de Luca. Los que hemos aceptado la Iglesia romana como uno de los modos de gestionar la contingencia no podemos soslayar el salmo 100 a la hora de hacer balances sobre la gestión del pontífice. De carácter colérico, sabedor de su poder de mando y de acción y con conciencia de su influencia inmaterial en el mundo ha transmitido, porque las tenia en su alma y en su cuerpo, la empatía, la generosidad y la bondad. Y la piedad antigua, frondosa de ritos y manías, pero piedad sincera. Y los cristianos que no leen revistas católicas y les tienen sin cuidado los obispos, los teólogos y los curas, han captado el signo. Jesús es el centro. Las puertas han de estar abiertas para acoger a todo bicho viviente y nadie esta excluido por mucho cura que los eche. Ese aire está ahí y por mucho freno que se eche por el cardenal que elijan papa los otros cardenales, hay cosa que no pararan. En ese estilo se enmarca la sinodalidad, “un aire nuevo en la manera de …”, con música de tango, de bajo, de bar del puerto, de gentes desgarradas, de mamitas queridas, de compañeros de farra que ya no están, pero los llevamos en el alma, como a nuestros muertos, los de la Iglesia triunfante. Por mucho purpurado vestido de rojo que se sienta protagonista ahora, los católicos del común hemos percibido que Jorge Mario Bergoglio era el papa con poncho y pantalones de lanilla apijamada de enfermo moribundo bajando a San Pedro a ver que pasaba. No pasaba nada, era el papa.
Cuarto: Loris Zanatta catedrático de Historia Latinoamericana en la Unversidad de Bolonia ha escrito en La Nación, de Buenos Aires: “Francisco es incomprensible sin Bergoglio; Bergoglio sin el peronismo; el peronismo sin el nacionalcatolicismo que, con varios matices, impregnó la Iglesia y la cultura argentina. En su papado veo la transposición global de su experiencia nacional. Nada nuevo ni misterioso”. Salmo 100. Ha defendido a capa y espada a los emigrantes y atacado a gobiernos de uno y otro signo para llevar al convencimiento de las gentes que todo hombre merece respeto. Que toda persona humana tiene derecho a un lugar en la tierra. Doctrina católica de raíz evangélica y veterotestamentaria. No ha adoptado las decisiones que se esperaban para despejar el lugar de las mujeres en la Iglesia. Ha situado mujeres en puestos de responsabilidad en la curia, alguna con poderes de perfecta de un dictaste río. No se ha atrevido a más. Los abusos sexuales que ha abordado en algunos casos expulsando del estado clerical como pena a un par de cardenales, tienen muchas ramificaciones y queda mucho por hacer. La aceptación de los homosexuales en situaciones mas visibles y menor circunstanciada en la iglesia, de las personas LGTB, quedan en un largo proceso de espera pues las tensiones entre progresistas y los católicos de rigurosa ortodoxia pueden fraccionar a Iglesia y ningún pontífice desea otro cisma. Casi nadie acepta que este papa, como todos los papas, es un hombre, solo un hombre y nada más que un hombre. Que el marketing vaticano, la prensa ligera de cascos y la propia vanidad de los pontífices y sus funcionarios quieran hacer creer otra cosa, es fácil de ver y comprender. La Biblia advierte: “Maldito el hombre que confía en los príncipes”. Aunque sean cristianos con responsabilidades en la Iglesia y pontífices máximos de la misma. Con ese escudo en el antebrazo no se pierde la fe. Salmo 100.
