El difuso límite de la libertad
Si nos preguntamos si somos libres, la respuesta sale enseguida, “sí, lo somos”. Decir lo contrario significaría negar la realidad humana, pues la libertad es una característica esencial, una “nota”, del hombre. Todo el sistema humano, tal como lo concebimos, se derrumbaría. Por ejemplo, no habría delincuentes a los que condenar, puesto que no habrían actuado libremente; no podríamos tampoco criticar al hombre maltratador de su pareja, ni al dictador sanguinario, ni al ladrón, porque ninguno de ellos habría actuado libremente. Por tanto, decimos, “sí, lo somos”.
Sin embargo, en pleno siglo XXI, y con el enorme desarrollo de algunas ciencias como la psicología, sabemos que hay patologías que nos llevan a actuar al margen de nuestra libertad. Cuando esto ocurre, no atribuimos una acción a la libertad, sino a esa patología. Por ejemplo, nadie censura a una anciana de noventa años con Alzheimer por decir cosas que no son ciertas y que hieren a otros; nadie dice que esa anciana es una mala persona. Y si agrediera con un cuchillo a la anciana de al lado en su residencia, nadie diría que es una asesina. Simplemente diríamos que tiene Alzheimer, y con ello indicaríamos que sus acciones no se rigen por la libertad.
El Alzheimer avanzado es un ejemplo muy claro, extremo. No obstante, hay patologías mucho más matizadas, aquellas que te impiden ejercer tu libertad solo en ciertos momentos, o solo en ciertas situaciones, o solo en ciertas zonas de nuestra existencia. Ahí tenemos, por ejemplo, el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno de la personalidad borderline, el trastorno depresivo mayor, el trastorno de ansiedad generalizada o el trastorno de la personalidad antisocial, entre muchos otros. La verdad es que la lista es larga. No solo eso: con el avance actual de la psicología van apareciendo nuevos trastornos. Algunos que se conocen hoy no se conocían hace cien años; y dentro de cien años se habrán descubierto otros hoy desconocidos. Que sean desconocidos no significa que no estén presentes en nuestras vidas.
¿Dónde termina la libertad en cada uno de estos trastornos? ¿Y quién puede responder esta pregunta? ¿Estaremos acusando de inmoralidad, de maldad, a personas en realidad inocentes? ¿Será esta nuestra particular “caza de brujas”, por la cual se nos juzgará en el futuro como hoy juzgamos las cazas de brujas de hace siglos?
Por todo ello, cuando una persona tiene un frecuente mal comportamiento hacia los demás, hacia su entorno o incluso hacia sí misma, tal vez no deberíamos juzgarla demasiado rápidamente, sino tratar de acercarnos a ella e indagar qué le lleva a tener ese comportamiento con la finalidad de ayudarle: a ella y de rebote a los demás que sufren su pésimo modo de proceder. Pero no es fácil. No lo es, en primer lugar, porque vamos siempre con prisas, y en segundo lugar, porque no todos somos psicólogos especializados en cada uno de esos trastornos. Incluso para un especialista sería difícil determinar dónde acaba la libertad de un sujeto con un trastorno no tan claro como el Alzheimer avanzado.
Estamos ante un reto enorme de este siglo, sobre todo si tenemos en cuenta que algunas de estas personas son, somos, padres y madres de familia, educadores, directivos, gobernantes de países, psicólogos, científicos, empresarios, sacerdotes; en otras palabras: personas con capacidad de influir en la vida de los demás. Para bien o para mal.
¿Somos libres? Sí, lo somos, pero con un montón de condicionamientos difíciles de identificar, lo que hace que ese “sí, lo somos” sea altamente problemático.Seguiré, espero.
NOTA: Del mismo autor pueden versedos artículos recientes sobre sendos ltemas de actualidad:
- Artículo sobre Gaston Fessard: https://ribet.ibero.mx/index.php/ribet/article/view/364/580
- Reseña sobre el libro Dios – la ciencia – las pruebas: https://ribet.ibero.mx/index.php/ribet/article/view/372/588
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Pues no sé qué dice Arregi. Pero tengo clarísimo que eligió. Insisto. Soy afortunada porque, dentro de todos los dentros, sé que tengo capacidad de elección. No siempre , por supuesto . Y de hecho he elegido en ocasiones. Nada que ver con el libre albedrío. Un concepto llevado al extremo el absurdo. No me considero un barco a la deriva. A lo mejor es mi propia Limitación intelectual la que me hace pensar así. Pero, elegir, a veces, he elegido. Porque Alá es grande y misericordioso.
Vale.Cómo no soy muy reflexiva, me considero con un grado de libertad suficiente como para reconocerme como persona libre. Y a otros muchos, y muchas, también . Porque no todos tenemos una enfermedad mental. . Me considero una persona con suerte. Es estupendo sentir que, dentro de todos los dentros, tengo capacidad de decisión. A lo mejor se debe a mí falta de reflexión, de lectura sobre estos temas. Vaya usted a saber…
Sólo el título, “Pensamientos sabáticos”, ya en sí…
Sólo el título, “Pensamientos sabáticos”, ya en sí, es una invitación a la calma, a la tranquilidad, al sosiego y al disfrute, en el que se nos invita a apartarnos del bullicio de la vida cotidiana para sumergirnos en la introspección y la meditación.
Es invitación a detenernos, a desprendernos de la inmediatez de las rutinas diarias y abrirnos a una dimensión de reflexión que trascienda lo meramente funcional. En ese espacio de «descanso mental», se fomenta el cuestionamiento de paradigmas establecidos y se cultiva una conexión más íntima tanto con uno mismo como con lo trascendente, permitiéndonos así la posibilidad de renovar perspectivas y encontrar un sentido más profundo en la existencia.
El pensamiento sabático está libre de esquemas y epistemologías y la libertad alcanza sus niveles máximos de expresión. La propia libertad es cuestionada con absoluta libertad. El pensamiento sabático, no es metódico, no es académico, es cálido y entrañable.
En este artículo se nos propone reflexionar sobre “El difuso límite de la libertad”, a la vez que se nos afirma que esta es la nota esencial del ser humano, pero que hay factores de tipo patológico y relacional que la condicionan. También se nos afirma que sin libertad no seríamos responsables de nada.
Entiendo que todo esto nos debe invitar a reflexionar sabáticamente al respecto. El autor, nos centra la reflexión en tres pilares: La propia Libertad, La Responsabilidad, y la Relacionalidad. Es decir que el ser humano en su esencia es una realidad trinitaria. Es Libre, es Responsable y es pura Relación. Unidad trinitaria.
Estoy seguro que en futuros pensamientos sabáticos, el autor nos acabará dando debida respuesta al respecto, a la vez que nos invita a participar. En esta de ahora ya nos ha situado, nos ha centrado su pensamiento sabático en esa relación trinitaria, que no es poco.
Personalmente agradezco su iniciativa, que de entrada se centra en una reflexión a la que la objetividad científica y objetiva le está velado.
La “filosofía cristiana”, con su antropología y su moral, son un nudo de contradicciones, como no podía ser de otra manera, cuando no se basan en hechos científicos, sino sobre apriorismos subjetivos. Y el tema del “libre albedrío” humano, que el amigo José, trata en este artículo, es una de ellas.
El concepto de libertad” está muy idealizado, cuando en la práctica lo asociamos a “imprevisiblidad”.
Y en ese sentido Avi Loeb señala que “la combinación de caos, incertidumbre cuántica y respuesta a un entorno indocumentado y con muchos grados de variedad, puede explicar plenamente la imprevisibilidad, que asociamos con el libre albedrío”.
Pero para comprender el comportamiento del ser humano, es importante el contexto en que nos situemos. Es importante situarnos en nuestro lugar en el Universo.
Somos una especie viva más en un Universo hiperdeterminista, donde no se mueve un grano de arena, sin que todas y cada una de las leyes de dicho Universo actúen sobre él. Y todo ente del Universo, es esclavo de su naturaleza, que es el conjunto de las características que caracterizan su acción en el Universo.
El “libre albedrío” es un constructo o ficción mental, que en un estadio racionalista de conciencia, precisamos, para sostener una idea del mundo mas o menos coherente.
A ninguno de nosotros le gusta el pensamiento de que lo que hacemos depende de procesos que no conocemos; preferimos atribuir nuestras elecciones a la voluntad, el libre albedrío, el autocontrol… Quizás sería más honesto decir: “Mi decisión fue determinada por fuerzas internas, que desconozco”. (Marvin Minsky)
A las religiones no les gusta esta idea, pues, como muy bien indica José, un ser humano determinado por sus circunstancias, no es responsable, y no se le puede castigar, con lo que se desmonta y desarma el moralismo clásico de toda religión, basadas en el juicio universal.
Y a la Modernidad laica y secular, tampoco le gusta reconocerlo, porque nos sitúa como barcos a la deriva de los vientos y corrientes marinas, sin control de nuestra vida, lo que es un torpedo bajo la línea de la utopía racionalista de dicha Modernidad, de que disponemos de una razón todopoderosa que nos guía fielmente hacia el conocimiento perfecto de la Realidad.
Total, que unos y otros se instalan en el reduccionismo simplista, aunque ya Spinoza, y Einstein y otros sabios, nos advierten de dicho planteamiento. Cuando negamos la realidad, mas pronto que tarde, nos acaba explotando en las narices.
El Universo que es muy sabio, mediante su mecanismo de evolución emergente, ya detectó el problema que se nos venía encima al ser humano, que iniciaba su entrada en el mundo de la Inteligencia, y por eso en el último salto evolutivo, nos dotó, del “espíritu”, un complemento superior, de nuestro Inconsciente Colectivo, mediante la instalación en nuestra mente de unos fuertes instintos comportamentales, que nos impulsan hacia la Bondad, la Verdad y la Belleza, o sea un profundo instinto de trascendencia, que dentro de la naturaleza determinada que tenemos, no nos deja inermes, y sin rumbo en nuestro devenir evolutivo.
“¿Acaso no nos define el “no hago lo que quiero, y hago lo que no quiero”, a causa de nuestro cerebro limitado, de sus disfunciones congénitas, de la genética heredada, de las condiciones ecológicas y económicas, la cultura recibida, los miedos acumulados, y toda nuestra historia personal y colectiva?”. (José Arregui).
El único Ente que es libre, sería Dios. Todos los seres creados, somos según y como el Universo, en su, (incomprensible para nosotros), enorme Inteligencia, ha dispuesto.
Y los religiosos, que nos hacen el “enorme honor” de decir que de todos los seres integrantes del Universo, a nosotros se nos ha concedido ese don divino, lo que nos hacen en realidad, es cargarnos encima una carga insoportable, para la que evidentemente no estamos preparados. Es un regalo envenenado contra la Humanidad.
Si Dios fuera, (que no lo puedo creer), un sádico y sanguinario justiciero, que pide lo que no da, y necesitara sayones y fiscales acusadores de sus hermanos humanos, tiene muchos de donde elegir para el cargo.
Es verdad que ya no se amenaza directamente con los infiernos y eso, pero silenciosamente, ellos esperan ser recompensados por su actitud, lo que ya indica un privilegio sobre los demás hermanos de sangre.
Y se disfraza la “amenaza”, pero ahí está, silenciosa, implícita. Con el evangélico: ¡venid vosotros las ovejas buenas, los que…”, e implícitamente a los otros “cabritos”, ya tendrán lo suyo. Ahora solo te amenazan “con la mirada”. Es vomitivo.
(No se comprende que Jesús, era un judío de hace 2.000 años, cuando la psicología ni se conocía, y en plena conciencia primitiva, y muchos de sus dichos y filosofía responden necesariamente a esa época).
Estamos en los inicios del Tercer Milenio, y acabamos de cerrar los dos primeros, de los que hemos sido testigos. El cambio de Milenio, en este caso no es casual, sino significativo, de una nueva Era, con una nueva conciencia humana, y una nueva percepción del ser humano ante el Universo, del que formamos parte. Y las religiones deben adaptarse auténticamente a esta nueva Era.
El antropomorfismo de creernos el Centro del Universo, es una actitud ridícula, paleta y miope.
Toda nuestra filosofía actual se tiene que basar, en que el Universo es hipercomplejísimo, y nuestras mentes humanas, son hipersimples y falibles. Y que no podemos comprender ni el 1 % de la Realidad.
Esas actitudes en las que podemos controlarlo todo, y tener seguridades de todo, han quedado atrás. Nos están saliendo pelillos en el bigote, y ya los pantalones infantiles se nos quedan ridículamente cortos.
El Universo está repleto de seres inteligentes, y mucho mas que nosotros, que estamos subiendo los primeros escalones.
¡Hay que crecer y empezar a hacernos “mayores”, y se acabaron los Reyes Magos”, y si quieres algo, hay que ahorrar duramente para comprárselo!. ¡Pero nos espera el Universo ahí fuera!.
Willigis Jäger:
«En el koan 45 del Mumonkan, dice el maestro Tozan: «Incluso Shakyamuni y Maitreya sirven a ése. Dime: ¿Quién es ése?».
Todos servimos al Uno. La poesía que acompaña el caso dice: «No tires con el arco de otro; no cabalgues en el caballo de otro; no hables de las faltas de otros; no trates de averiguar los asuntos de otros».
Solamente existe un arco, solamente existe un caballo, solamente hay una vida que nos une a todos. Y si hablamos de las faltas de los demás, hablamos sobre nosotros mismos. Existe únicamente el Uno al que servir.
Dijo Thomas Merton: “¡Ojalá pudieran (las criaturas) tan sólo verse como son realmente! Si pudiéramos vernos mutuamente de esta forma, no habría motivo para la guerra, el odio, la crueldad… Creo que el gran problema consistiría entonces en que tendríamos que postrarnos para veneramos mutuamente».