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Repensar la existencia: una tarea necesaria en tiempos de incertidumbre

No es la primera vez  que agradezco a Leandro Sequeiros sus colaboración para abrirme a nuevos medios y personas que enriquecen  ATRIO. Ayer omití decir que fue él quien me volvió a conectar con José Sols Lucia, de quien había perdido la pista hace timpo. Y hoy me da a conocer este medio de El Chaco de Argentino, Norte, donde una simple licenciada en Filosofía, María Cielo Aucar, nos informa de un Congreso de Filosofía en Friburgo en el que presentó una ponencia: Repensar la existencia: una tarea necesaria en tiempos de incertidumbre. En ese congreso se estudió las aportación de Kierkegard y de sus seguidores del «Círculo de Friburgo” y, en concreto, la del teólogo Bernhard Welte, alumno y amigo de Heidegger como su coetáneo Rahner, pero menos famoso que él. Es tal la similitud con mis tres compañeros de cordada que me afianza en la escalada (o profundización) emprendida, que no tiene por objeto obtener un record en exclusiva sino compartir la ruta entre personas jóvenes como María Cielo en tierras de Argentina. Y, habiendo publicado esto hoy, voy a ver si en el resto del día puedo acabar mi columna del viernes, que me cuesta siempre mucho. AD.

El mundo de la filosofía, a menudo tan lejano y abstracto para quienes no están inmersos en sus complejidades, sigue siendo una herramienta vital para entender no sólo nuestras vidas individuales, sino también los grandes interrogantes que definen nuestra sociedad. En este sentido, el trabajo conjunto entre la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) y la Albert-Ludwig Universität de Freiburg, de Alemania, abre una puerta interesante hacia la reflexión profunda sobre conceptos como la existencia, el interés infinito en ella y la pasión con la que ha de ser vivida, conceptos que hoy, más que nunca, siguen siendo relevantes.

El evento, realizado en la Universidad de Freiburg, fue el escenario ideal para profundizar en temas que son esenciales en esta época, como la naturaleza de la existencia humana, nuestra relación con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea y la búsqueda de un objetivo absoluto que de sentido a los demás sentidos finitos de la existencia. El Congreso titulado «La existencia como pasión por la paradoja. Sobre la importancia de la recepción de la filosofía existencial de Søren Kierkegaard por Bernhard Welte para el cristianismo actual», se centró en cómo Welte recibió y desarrolló las ideas de Kierkegaard.

En las conferencias, abordamos un tema complejo, a la vez que fundamental: la relación entre la existencia y la pasión de lo absoluto que el existente encuentra en sí y a partir de la cual realiza su existir. El doctor Garrido-Maturano se centró en el análisis del significado filosófico de la noción kierkegaardiana de «salto en la fe», mientras que en mi ponencia trabajé las categorías filosóficas de unicidad, interés infinito y pasión.

El interés por la existencia

El punto de partida del pensamiento kierkegaardiano se halla en su comprensión de la existencia humana. La categoría filosófica de existencia es fundamental tanto para Kierkegaard como para Welte. Kierkegaard ha sido el primero en reconocer el carácter dinámico y relacional del existir. Para el pensador danés, la existencia es entendida como el proceso temporal en el que el individuo, en virtud de una libertad formal —cuyo contenido sustancial no está determinado por anticipado— ha de «llegar a ser» aquel existente que en cada caso ha de ser, de acuerdo con el modo en que éste se relacione consigo mismo y con los demás. Para el pensador danés, vivir no es un proceso estático ni determinado de antemano, sino una tarea, una constante construcción de sí mismo, que se da a través de la relación de cada individuo consigo mismo y con su entorno.

Cada uno de nosotros tiene una «historia personal única» que no se puede reducir a una definición abstracta del ser humano en general. Lo que Kierkegaard propone es pensar en la existencia como un camino individual que cada uno ha de recorrer, con sus propios desafíos y con sus propias decisiones.

Este pensamiento fue retomado y desarrollado por Welte, quien en sus lecciones de 1950-51 y 1955-56, se centró en el análisis de tres aspectos clave: la unicidad, el interés infinito y la pasión por la paradoja. La unicidad hace referencia a que cada individuo es irremplazable en su totalidad. Cada ser humano tiene una experiencia irrepetible de la vida, algo que lo define y lo distingue de todos los demás. Este es un punto que resuena en un mundo cada vez más globalizado, donde a menudo tendemos a homogeneizar las experiencias y los problemas.

El segundo concepto importante retomado por Welte es el «interés infinito» que el individuo tiene por su propia existencia. Existir significa interesarse por la propia existencia. En un sentido fundamental, nadie puede ser indiferente a lo que experimenta, a lo que siente y a lo que piensa. De un modo u otro, todo lo que vivo me afecta. Ese interés infinito tiene un carácter necesario, es decir, es inherente a mí y no puedo renunciar a él. Si bien puedo intentar evadirme de lo que me sucede, nunca puedo escapar completamente de lo que vivo, pienso y siento. Existir no es otra cosa que hacerme cargo de mi propia existencia. Este interés es lo que nos lleva a cuestionarnos constantemente, a no conformarnos con respuestas fáciles, a buscar un sentido más profundo en todo lo que hacemos. Por eso es infinito: nunca se satisface. Más bien, busca, anhela y desea constantemente un sentido absoluto que dé sentido a los objetivos finitos que persigue en su vida. Ese sentido absoluto es lo que Kierkegaard llama «la felicidad eterna».

Por último, Welte retoma de Kierkegaard la idea de la «pasión por la paradoja». Para Kierkegaard, vivir apasionadamente no es simplemente tener emociones intensas, sino comprometerse de manera total con la existencia, aceptar sus contradicciones y sus dilemas. La vida, según este pensamiento, no es un camino recto y claro, sino que está llena de contradicciones que, lejos de ser un obstáculo, nos desafían a vivir con mayor profundidad. En este sentido, la pasión es la fuerza que nos mueve a buscar respuestas, aunque esas respuestas a menudo nos lleven a nuevas preguntas.

 

¿Qué importancia tiene esta filosofía hoy?

En una sociedad que a menudo se encuentra inmersa en una búsqueda frenética de certezas y respuestas rápidas, las filosofías de Kierkegaard y Welte nos invitan a reflexionar sobre la importancia de la reflexión acerca de nuestro modo de vivir. Vivir, según estos pensadores, no es simplemente seguir un camino ya trazado, sino más bien asumir la condición que nos fue dada: la libertad, que conlleva la gran responsabilidad de la existencia. En un mundo que cambia rápidamente, la reflexión filosófica puede ofrecer una guía para vivir de manera más plena y responsable.

Las investigaciones de Garrido-Maturano y de Aucar son una muestra de cómo la filosofía sigue teniendo algo que decirnos sobre lo que significa ser humanos hoy. Tal vez no tengamos todas las respuestas, pero como señala el filósofo alemán Heidegger, lo importante no es saber la respuesta correcta, sino saber preguntar. En tiempos como los que vivimos, cuando las certezas escasean, reflexionar sobre estos temas nunca fue tan urgente ni tan relevante.

 

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20 comentarios

  • M. Luisa

     Me pregunto si para estos tiempos de incertidumbre, en lugar  de repensar la existencia desde el ser,  es decir, desde una ontología del ser,  no sería ya hora de repensar la existencia desde la realidad misma?

    En todos los existencialismos ha estado muy presente la angustia, es decir, la inquietud por  la búsqueda incesante del sentido del ser. Sí, por el “ser”  cuando en realidad  la cuestión vendría planteada no por la angustia que provoca la existencia considerándola  como aquello que puede ser llevado de una manera o de otra,   sino que habría que considerar la existencia como un  insistir en aquello que nos constituye como la realidad que  somos en propiedad.  En esta insistencia descubro mi yo y mi circunstancia, pero en la realidad misma, no en el ser existencial conceptivamente donde la hemos encerrado.  Es, por tanto, desde la intimidad abierta al mundo que nuestra  existencia se hace real  y no a la inversa.  

    Volviendo a la ontología, ¿no fue el propio Heidegger que a la Ontología la terminó llamándola Ontoteología?   Se lee aquí y se habla mucho de profundización, pero ¿el ser proveniente de un juicio se  deja  profundizar?  De ahí han surgido todos los dogmatismos. Toda la historia de la filosofía ha tenido el juicio como aquello primario en que la inteligencia consiste,  sin hacerse cuestión si anterior a él, a ese juicio pudiera haber algo que en realidad lo fundase, de manera  que lo dicho por él, por el juicio, por el decir propiamente humano,  en segunda instancia,  fuera real…

  • Gabi Vallejo

    A mi modesto entender, no soy filósofo y no he pasado muchos más allá de las teorías matemáticas de Platón,  el problema de la filosofía es que se queda en el academicismo,  hace tiempo que se ha desviado de  su finalidad, que es un modo de vivir y de entender la vida, no ese conjunto repleto de abstracciones eruditas para especialistas, por lo que a la gente no le llega. Yo también soy un simple licenciado, uno más, que posteriormente aprobó una oposición de profesor de Instituto, que no era fácil la verdad, un trabajador de la enseñanza ni más ni menos, como otros cualquiera. Y sí, modestamente, he intentado trasmitir a mis alumnos mis conocimientos en la materia que he impartido, y los valores, sí los valores, esas normas o principios que guían la forma de actuar, de ser y pensar de los individuos y las sociedades, como son la responsabilidad, la justicia, la lealtad y la paz,  esas cualidades positivas que a mi me han transmitido no solo con palabras sino con obras y hechos.

  • Y me parecen obviedades lo que he leído. Obviedades.

    Y ya le contesté a Óscar.Y me gusta kierkegaard, pero no me tiene que gustar lo que otros dicen sobre él.   Se nota un montonazo que es un trabajo de doctorado sobre la importancia o la relevancia que para el cristianismo tiene la figura de kierkegaard.   Para mí la tiene.   He leído sobre él cosas mucho más interesantes.  Y además, me gusta su manera de pensar.       Porque luchó contra la idea de ese Dios que me han querido meter en la cabeza a machamartillo.   Y no me he caído del caballo. Sigo sin saber qué es Dios.  Y ya me da igual.      Me importan las personas.  Las personas.    Las personas.          No sé si te suena a nuevo lo que digo.        Menudo cansannnnncio tengo en mi Alma.      Querías mi opinión ?  Pues ya la tienes.   O quizás crees que esta persona me ha descubierto a Kierkegaard?      De verdad que…     Uuuuuufffffff    

  • carmen

    De verdad que… Uuuuuufffffff 

  • carmen

    Ana.No recuerdo eso que dices.  Será cierto.   Anda que no he dicho mil veces, claro, soy una maestra y… Pero no se puede presentar un artículo así.  No es lo mismo.   A mí me chirrió un montón.          Porque, insisto, aquí hay muchas personas que no son  licenciadas en filosofía, ni en teología, ni en psicología, ni en… Y hacen unas reflexiones que a muchas personas les encanta.   Si no fuese así, no las publicarían.           Porque una cosa es la titulación que tengas y otra muy diferente lo que hayas aprendido a lo largo de tu vida, sin parar por ninguna criba universitaria.        En esa dirección iba mi comentario.             Vaya por delante que una licenciatura cuesta mucho trabajo sacarla.   Muchas veces hay que compaginar estudios y trabajo.    Y es un logro personal enorme.       Al menos eso creo.         Otra cosa es compartir o no  la forma de pensr del que escribe .          Nada que ver .      No se debe identificar currículum con pensamiento.     No sé debe.     Porque eso te puede llevar a pensar, tantos títulos tienes, tanto vales.      Y todos sabemos que no es así.    Por lo menos, lo sé.        Un abrazo.     Gracias.   

    • Antonio Duato

      ¡Vaya! Veo que Ana y tú, Carmen, con la ovación de muchos, os habéis quedado a la puerta de un artícuo que a mí me pareció totalmente iluminador. Y suelo informarme bien de las personas cuyos artículos aquí publico. Con frecuencia no soy yo quien los encontrado. Sino porque alguien me ha invitado a leerlo. Y ¡claro que lo leí! Y me entusiasmó el contenido. Después me enteré de quién era esa autora Mª cielo. Y de la revista en la se publicaba. Y de dónde era esa universidad en la que había jóveneS doctorandos que preparban ponencias para un congreso en otra Universidad aemana. En el que trataba sobre la reflexión interior y la fe en momento presnte. Siguiendo las reflexiones de teólogos de la misma talla de la misma o mayor altura que Rahner. Y que conocián lo importante que fue Kierkegard para entender bien esa raíz del cristianismo moderno fundadoen en el acto de fe personal y no en el «depósito de la fe»…

      Y me extrañó que fuese precisammente Leandro Sequeiros, que envía siemmpre referencias a grandes autores ya consagrados y a libros muy sesudos quien me abriera a esa ventana de la revista Norte y, dentro de un número de ella, a ese precioso artículo de Mría Cielo Aucar.

      Reflejaba en la entradilla la extrañeza y la alegría de encontrame en esa revista a una persona que escribía cosas de tanto valor.

      Pero si os queréis quedar con ese reproche a mi frase «una simple licenciada en Filosofía», la retiro totalmente, declaro mi error y asumiré el castigo que merezca tal desprecio a ña condición femenina. Debí decir «una persona» sin más.

      Pero si vais a seguir escribiendo en este hilo, que sea sobre lo que dice esa persona tras haber leído con calma una o dos veces, como hice yo al publicarlo.

      • ana rodrigo

        Querido Antonio, tienes razón, yo no he hecho ningún comentario sobre este texto ni tampoco quise desviar la atención del tema del mismo, solamente quise transmitirle a Carmen que yo fui la primera que me apliqué a mí misma lo de «simple licenciada» el 25/01/2025, 13:22 pm con la  el siguiente párrafo: Soy una simple licenciada en “Filosofía y Letras, especializada en Geografía e Historia, que, de forma transversal, me ha servido mucho para mi vocación de educadora” ,  aclarando que lo dije con otro sentido diferente al de simpleza, creo tú tampoco lo dijeses con ese sentido, como ya has explicado. Sencillamente fue así. Cierto que dije que cuando leí esta expresión en otra persona, me sonó mal (simple opinión), aún a sabiendas que yo lo había dicho primero, y así lo reconocí y lo reconozco.
         
        Carmen también lo ha aclarado, que los títulos académicos no dan, lo que yo llamo la sabiduría de tantísimas personas que, desde su sencillez, aportan magníficas reflexiones sin necesidad de títulos académicos, aunque éstos aporten los nada despreciables conocimientos.
         
        Como dice Gabi Vallejo, mis padres no tenían estudios (en pueblo aislado de Zamora, en aquellos años de guerra y postquerra) y sí mucha sabiduría que caló en mis propias raíces para siempre y que sigo agradeciendo y admirándoles cada vez que los recuerdo.
         
        Repito, no quise desviar la atención del tema del artículo, sólo quise aclarar las cosas poniendo mi misma expresión dicha antes que la tuya. Pido perdón con toda sinceridad si no he sido oportuna o no me he explicado debidamente. Me callo. Sigo con el propósito de ser, desde mis limitaciones personales, más cuidadosa cuando escriba algo. Vamos a ver si lo consigo.
         
        Gracias, por tanto, Antonio. Un abrazo

  • mariano alvarez valenzuela

    Simplemente, Óscar: siguiendo así tus requerimientos para dirigirme a ti.

    • mariano alvarez valenzula

      He leído con atención tu análisis sobre el «sentimiento trágico de la vida» y la crítica que realizas a Kierkegaard, a quien describes como un «histrión superlativo de sí mismo» y un «genio de provincias». Pero, permíteme que antes de entrar a responderte, te pregunte el porqué de esta descalificación sin haberla argumentado previamente, máxime cuando no eres tú en primera persona quien toma postura en el artículo al cual tratas de responder.
      ¿No te parece al menos una descortesía racional, características de una personalidad reactiva y dependiente de la autoridad de terceros? Tu actitud solivianta también a la sensibilidad de lectores como es mi caso. Incitando también a una “contra respuesta” reactiva, muy contraria al espíritu perseguido aquí en Atrio. Personalmente aprecio mucho de lo que hay detrás de lo que te escondes, por eso me expreso de esta forma, que no es descalificativa, sino una expresión de afecto hacia tu persona.
      Ahora entro a ofrecerte mi posicionamiento personal, enfatizo lo de personal, pues sale de mí, para bien o para mal, de mí. Y desde aquí me abro a la crítica tuya, pero que sea la tuya personal, sin intermediarios. Me interesa tu propia crítica, y no la de los que no tienen palabra para responderme.
      Como bien sabes Kierkegaard, para muchos, lejos de ser un simple «histrión» o un «genio de provincias», es considerado el padre del existencialismo cristiano. Su obra se centra en la experiencia individual y subjetiva de la fe, enfatizando la importancia de la relación personal con Dios y la necesidad de una elección auténtica en la vida de cada individuo.
      Para Kierkegaard, la vida es una serie de decisiones que cada persona debe enfrentar, y es en estas elecciones donde se encuentra el verdadero significado de su a existencia, y así lo transcribe en sus escritos, no como lo hace el científico, en el que sus afirmaciones son por necesidad objetivas, respetuosas con el propio método científico.
      Cuando la razón, esa facultad humana, que debe dar razón de sí, no de sí misma, sino de su persona entera se ajusta al patrón de la razón objetiva se desnaturaliza. Corrígeme si no fue Ortega quien, refiriéndose a ella, a la razón, en sus escritos del «hombre como proyecto» y la diferencia entre naturaleza y cultura, decía o venía a decir: “El Hombre cuanto más se naturaliza, más se desnaturaliza”.
      Desde la perspectiva de Kierkegaard, el «sentimiento trágico de la vida» no es una mera «imaginación romántica» o un «tosco melodramatismo», sino una expresión legítima de la condición humana. Reconocer la dimensión trágica de la existencia no implica caer en el pesimismo, sino aceptar la realidad de la finitud y la incertidumbre que caracterizan nuestra vida. Esta aceptación nos impulsa a buscar un sentido más profundo y a comprometernos de manera auténtica con nuestra propia existencia y con la de los demás.
      En contraste, la visión de Ortega, con su raciovitalismo, propone una integración de la razón y la vida, enfatizando la importancia de la perspectiva individual en la construcción de la realidad. Sin embargo, esta postura puede ser criticada por no abordar suficientemente la dimensión trascendente de la existencia humana y por subestimar la importancia de la relación personal con lo divino.
      En mi conclusión, Kierkegaard nos invita a una reflexión profunda sobre nuestra existencia, enfatizando la importancia de la autenticidad, la responsabilidad personal y la trascendencia. Lejos de ser una «trampa adormecedora», nos desafía a enfrentar la realidad de nuestra condición humana y personal, a buscar un sentido que trascienda nuestras limitaciones, en comunión con Dios y con los demás, pero sin perder la singularidad de cada uno, que tampoco se reduce a individualidad.

      • oscar varela

        Tienes razón, Mariano, falta ver la otra cara:
        EL LADO JOVIAL DE LA FILOSOFÍA (OCT8)
        1- La filosofía, al ser teoría y mera combinación de ideas, su índole propia es jovial
        – un juego de ideas, que nacido después de un traumatismo (los pre-socráticos),
        – instala definitivamente su modo de decir en un estilo risueño.
        – Como se juega al disco y al pancracio, se juega a filosofar.
        Si nuestras creencias son para nosotros la realidad misma, quiere decirse que el plano de nuestra vida en que funcionan y que a ellas obedece es profundamente serio, hasta el punto de que todos los demás son en comparación con él vida más o menos imaginaria, esto es, no seria.
         
        NOVELA 2- Mientras leemos una novela estamos ausentes de nuestra vida real
        – y casi transmigrados a la vida irreal de la novela.
        – Durante ese rato casi no hemos vivido en serio, sino al revés;
        – conseguimos evadirnos de la onerosa e irrevocable seriedad que es últimamente vivir.
         
        TEORÍAS CIENTÍFICAS 3- Como de la poesía, podemos decir lo mismo de las verdades científicas, las teorías, las ideas.
        – Si en comparación con la poesía la verdad científica parece seria,
        – en comparación con la vida creyente, las ideas no son tampoco cosa seria.
        – Colocamos la filosofía en el nivel de la tonalidad humoral que le es propia.
        – Si la tomamos solo patéticamente, como a la religión atañe, estamos perdidos,
        – porque entonces perdemos la «libertad de espíritu», la audacia y alegría acrobáticas
        – sin las cuales no es posible teorizar.
        [Léase a Platón, cuando al fin de su larga vida, espuma su inmensa experiencia filosófica y científica: «¡Quién sabe! Tal vez el chaquete (petteia) y las ciencias no son cosas diferentes.»; y Descartes y Leibniz se ocupan del ajedrez y demás albures y mueven a sus discípulos matemáticos para que trabajen muy seriamente sobre los juegos.]
        – En la teoría se trata de si unas ideas casan o no entre sí y con los hechos a que se refieren.
        – No es, pues, cuestión de s’engager o de ne pas s’engager ni demás aspavientos del provinciano «existencialismo».
         
        JUEGO 4- El juego no puede existir sin una peculiar seriedad que con­siste en «cumplir sus reglas».
        – Hay en el teorizador una fruición de «descifrador de enigmas» en que, por lo pronto,
        – pierde el enigma todo el carácter patético que per accidens puede envolver
        -y lo empareja con el jeroglífico, la charada y las palabras cruzadas.
        [Una leyenda de Hornero cuenta que murió de rabia por no haber logrado descifrar el famoso acertijo de los piojos que le propusieron unos mancebos pescadores].
        [Nietzsche no llegó a saber ni lo que era la tragedia ni lo que era la filosofía. Entró en ambos asuntos maniáticamente —con la manía de Schopenhauer y de Wagner y de los «hombres fuertes» y demás zarandajas «fin de siécle»]
        – En este juego de descifrar enigmas, el filósofo crea una figura del Universo
        – como el poeta, como el pintor, como el fantasmágora.
         
        MITO (POESÍA) – SAGESSE – RELIGIÓN 5- Si, desde hace veintiséis siglos, no hubiese filosofía,
        – el hombre de Occidente habría pugnado por seguir ocu­pándose
        – solo de religión, de mitología, de «experiencia de la vida» o prudencia (sagesse).
        – La supresión imaginativa hace que esos tres «modos de pensar» – religión, mito, poesía-
        – se aproximen como para formar un frente común y absorber la convicción humana.
         La poesía como fábula en que se casi-crece es ya casi-mito.
        [Mito es formalmente fábula que es lo que significa mythos y fábula es aquello de que se fabla, de que se habla y que se cuenta. El mito se cierne entre ser un cuento y ser verídica narra­ción de un acontecimiento metafísico, transcendente].
        – Un paso más y estamos en la religión, que es un creer a pie juntillas en cierta idea del Universo.
         
        EL FRENTE COMÚN religión-mito-poesía6- Este frente común –religión-mito-poesía consiste, pues,
        – en una interpretación puramente imaginaria del Mundo
        – y a ella habría el hombre de acogerse definitivamente si no hubiera existido filosofía.
        – Esto confirma que el hombre no tiene más remedio que creer, y si esto le falla, casi-creer
        – en una figura de lo que es el Mundo, de lo que él es y su vivir.
        – Todas ellas sirven, en forma diversa, una misma función en la economía de la vida humana.
        – Ahora vemos que hay en la humana vida una función inexcu­sable:
        – la de tener presto para uso del hombre un repertorio de «ideas» sobre lo que hay,
        – de interpretaciones sobre su existencia,
        – y que la filosofía es un modo de. construirse ese repertorio,
        – divergente de aquel frente común.
         
        FILOSOFÍA 7- La filosofía reaparece afirmando su genuino modo frente y contra poesía, mito y religión,
        (lo que, en absoluto, quiere decir que implique hostilidad).
        – Se afirma a sí misma frente a las afirmaciones que las otras son.
        – La filosofía nace porque el hombre había perdido su fe sana y en­teriza en aquellas cosas.
        – La filosofía no crea la duda, sino, al revés, es engendrada por ella.
        – El hombre, perdida la antigua fe, se habría quedado estupefacto sin reacción adecuada alguna.
        – Ahora bien, la estupefacción prolongada engendra la estupidez.
        – De aquí esas etapas de general imbecilidad a que la historia nos hace asistir.
        – Habría sobrevenido una general degeneración de la mente humana en la cual
        – ni religión, ni mito vivaz, ni poesía luminosa existirían
        – sino que los espacios de la convicción humana se habrían henchido de superstición,
        – que es la forma de vida mental característica del mente capto.
        – Está por decidir si el hombre primitivo contemporáneo, más bien que auténticamente primitivo,
        – no es un degenerado caído en atroz estupidez e inercial superstición.
         
        ¿CÓMO SIGUE? 8- La filosofía ni es un don ni es una posibilidad permanente, sino, más bien,
        – un inexcusable deber que con nosotros mismos tenemos, y por eso no sirve de nada decir
        – que la filosofía también fracasa al intentar servir aquella función constitutiva de la Vida
        – que es interpretar el Universo.
        [Mientras no haya otra forma nueva y superior, mientras no descubra el hombre la ultra-filosofía, aun siendo un perpetuo fracaso, habrá, quiérase o no, que renovar sin pausa su empeño y será forzoso reconocerla como un ensayo necesariamente perpetuo y perpetuamente necesario].
         
        EL MELODRAMA de KIERKEGARD y demás EXISTENCIALISMOS 9- Nada más contrario al cariz del filosofar que hablar melodramáticamente
        – de que en él se trata, de engager l’homme en una doctrina.
        – Esto solo sería posible y tendría sentido si la filosofía fuese «creencia».
        – Pero es todo lo contrario -teoría- y, por tanto, algo que nace de la duda
        – y que pervive en ella permanentemente.
         
        YO y LA FILOSOFÍA 10- Ciertamente la filosofía es una cuestión personalísima.
        – En la filosofía le va al filósofo la vida. Se juega su vida.
        – Filosofía y razón son dos compromisos que el hombre -que cada cual es- tiene consigo.
        – Pero esto no signi­fica que al filosofar el hombre s’engage. Todo lo contrario.
        [La obligación del filósofo es hacerse cargo de la dubitabilidad sustancial constituyente de todo lo humano y es, por tanto, el compromiso que el hombre tiene consigo de ne pas s’engager. El engagement es la contradicción más radical que cabe de la esencia mis­ma de la teoría que es revocabilidad permanente.]
         
        ESCEPTICISMO 11- la víscera del conocimiento en cuanto pensar exacto es “escepticismo”;
        – el hombre no tiene derecho a más y tiene la obligación de ser escéptico.
        – Es el nivel propio al ser humano, que vive de hipótesis, como Platón enseñó para siempre.
        (cuando deja de serlo o no lo logra, empiezan automáticamente a funcionar la estupidez y la brutalidad que son sus más prominentes inclinaciones).
         
        BARRIENDO EL EXISTENCIALISMO 12- De aquí que sea a limine imposible y radical tergiversación una «filosofía existencial».
        – Resulta que, tras el desliz de dejarse influir por Kierkegaard, no se le ha entendido.
        – Porque en Kierkegaard lo que es «existencial» no es la filosofía sino la religión
        – y en esto lleva com­pletamente razón.
        [De otro modo va a resultar que la idea de que el filósofo queda obligado a s:’engager en la Verdad para ser filósofo traerá consigo —ya lo ha traído— que se va a hacer del hecho del engagement criterio de la verdad, y entonces van a darse —ya se están dando— como «verdad filosófica» las in­sensateces y necedades más exuberantes, como el lugar-comunismo, etc.]
         
        EN FIN … 13- La filosofía no es demostrar con la vida lo que es la verdad, sino estrictamente lo contrario,
        – demostrar la verdad para, gracias a ello, poder vivir auténticamente.
        – Lo demás es pretender probar que dos y dos son cuatro a fuerza de asesinar o dejarse asesinar.
        – No, no; el filósofo no puede dejar «sin trabajo» al mártir usurpándole el oficio.
        – El martirio es testimonio del hecho que es la «creencia»
        – pero no de la utopía sutilísima que es la Verdad.
        – Dejémonos, pues, de intempestivos melodramatismos y filoso­femos jovialmente.
        – Ni hay por qué hacer ante este imperativo, ademanes de asombro, de ofendida dignidad.
        – A ese estado de ánimo, a ese temple que propongo como el adecuado a la filosofía,
        – llamaron los antiguos —que de estas cosas sabían más que nosotros— jovialidad,
        – esto es, el tono vital propio de Jove, de Júpiter o Dios Padre.
        – La filosofía resulta así una «imitación de Jove».

  • Juan A. Vinagre

    Sí, hay que volver a repensar la existencia humana: una tarea en tiempos de incertidumbre, creada por bulos y mentiras con el fin de controlar mentes e intereses que vacían la existencia de sentido que vaya más allá del «aquí y ahora». Cuando se vacía de sentido profundo la existencia, el hombre se reduce a un ser que no piensa o piensa poco. Y cuando no se piensa, no se es. En este caso solo le interesa disfrutar el momento… Carpe diem… No hay más… Por ahí nos quiere llevar el gran capital que quiere solo ovejitas y corderos… Esto es también una parte del homo «sapiens», que carece de sentido humano. Así lo manipula todo, incluso la religión.

  • carmen

    Nunca entendí la manía que este señor le tenía a Unamuno.       Para mí que lo leyó poco.      Lo de kierkegaard es genial.   Por supuesto que un provinciano no puede pensar bien.        Por supuesto.  Hay que ser de Madrizzzz.   O de Madrinnn,  según se pronuncie.     Porque, a mí me han dicho que en aquel  Copenhage , no había librerías ni nada,  como hacía tanto frío…        Las neuronas del tercer mundo ,  se congelan y …es  inútil. A mí me encanta Unamuno.        Y ahí por ahí una frase que una vez me dijeron:  fue grande quién luchó contra él mismo, pero fue el más grande de todos el que luchó contra Dios.    Kierkegaard.

    Entiendo que contra una idea de Dios concreta.   Supongo que la de un provinciano.     Y, provinciana como él, no puedo no darle la razón.    Y fue todo un jesuita de pedigrí, no crean…       Claro, creía que era una chica joven y además mujer,   ya me caería del caballo yo solica.  Pero no me caí.    La vida tiene cosas realmente sorprendentes. 

  • carmen

    O quizás este artículo de una simple licenciada se publica porque es de la cuerda que, en este momento, está tocando Atrio?Pregunto . 

    • oscar varela

      Donaciones voluntarias a Atrio Lugar de Encuentro
      –Transferencia personal a “Antonio Duato”:
      IBAN ES80 2100 7344 7313 0028 0602 <sm(Desde el extranjero: SWIFT / BIC: CAIXESBBXXX)
      Concepto: Donación para Atrio.org
      –Bizum al número 609 510 862

      https://www.youtube.com/watch?v=G-kJVmEWWV8

    • oscar varela

      EL LADO DRAMÁTICO DE LA FILOSOFÍA (OCT8)
       
      1- No creo en el «sentimiento trágico de la Vida» como formalidad última del existir humano.
      – La vida no es, no puede ser una tragedia. Es en la vida donde las tragedias se producen y son posibles.
      – Esa idea del sentimiento trágico de la vida es una imaginación romántica
      – y como tal, arbitraria y de un tosco melodramatismo.
      – El romanticismo envenenó el cristianismo de Kierkegaard,
      – y de él pasó la canti­lena a Unamuno primero y luego a Heidegger.
       
      2- El cristianismo envuelve en sí no un sentimiento, no un vago «sentido»,
      – sino directa y formalmente una precisa idea, una interpre­tación casi trágica de la vida,
      – pero es porque no se detiene a contemplar el fenómeno de la Vida como tal,
      – sino que es desde luego solución al problema de la Vida, es salvación;
      – es una concepción solo casi trágica:
      – a la postre, todo termina bien y las cosas se arreglan.
       
      KIERKEGAARD:
      – fabricó el tosco aguardiente de romanticismo pro­vinciano.
      – Era este el típico «genio» de provin­cias.
      – En la miseria ambiental de Copenhague, donde todo es pequeño, ridículamente concreto,
      – donde todo hombre automáticamente se vuelve «tipo», marioneta pública y mote: Kierkegaard,
      – histrión superlativo de sí mismo, marioneta de Hegel que quiere «representar» el anti-Hegel
      -, necesita dar y darse el espectáculo de sí mismo y ser un gran «tipo», un «original»,
      – de quien los chicos se rían en la calle y le señalen con el dedo cuando vuelve la esquina,
      – en el pueblín donde todo son conocidas esquinas.
       
      3- Kierkegaard necesita absolutamente ser «la excepción», «el extraordinario»
      – A veces, se siente insatisfecho de lo reducido de su público y de la medida pro­vinciana de su mundo:
      («No es afortunado, hablando humanamente, ser lo extraordinario en circunstancias tan menguadas como son las de Dinamarca. Es un verdadero martirio»)
       
      4- En Copenhague sigue siendo el único asunto de que se habla, la religión.
      – Kierkegaard, sin pestañar, dará un escándalo en el cristianismo (a lo S. Pablo);
      – hará de la religión sustancialmente escándalo y con ese escándalo dará su escándalo.
      – «El escándalo ejercía sobre él gran atracción».
      – «Solo un instrumento elegido por Dios puede producir el inmenso escándalo»
      – y yendo al cementerio a injuriar en su tumba al teólogo más respetado y famoso (Mynster),
      – despertará el inmenso escáldalo
      («el tercer gran escán­dalo después del de la predicación de Cristo, y del matrimonio de Lutero»)
       
      «PROVINCIANISMO» y PROVINCIALISMO
       
      5- Este hombre cree que la travesura grotesca ejecutada por él en su aldea
      – va a retumbar en los senos cósmicos.
      – En eso consiste la enorme lacra que es el «provincianismo»,
      – cosa que es casi la inversa del buen provincialismo,
      – donde toda nación hunde sus raíces y de que se nutre.
       
      6- El provincial cree que su provincia es su provincia,
      – pero el «provinciano» cree que su provincia es el Uni­verso y su aldea una galaxia;
      – las facciones del villorrio quedan ridículamente amplificadas al tamaño de Ecumene.
       
      7- En provincias nadie puede pasar por inteligente ni sentirse tal a sí mismo,
      – si no representa un papel. La razón de ello es que
      – en la provincia no hay auténtico «público» ante el cual ser sin más lo que de verdad se es.
      – El verdadero «público» es abstracto porque se com­pone de tantos individuos,
      – tan distantes e invisibles que su indivi­dualidad, su personalidad no consta.
      – Un público así, que lo es de verdad, no conoce tampoco la personalidad del «publicista»,
      – se inte­resa solo y directamente por los «temas en sí»
      – y el inteligente tiene que manifestar su «personalidad», su «genialidad»
      – aplicándola a la materia de que se trate y desapareciendo en esa aplicación.
       
      8- Pero en la provincia no hay más materia, más asunto que las otras personas,
      («bien conocidas de todo el mundo», se entiende),
      – conocidas dentro de la provincia.
       
      9- La vida provinciana es toda hacia dentro, reabsorbe sus propias secreciones
      – y consiste en un constante reingresar en el dentro del dentro.
      – Por eso, el «inteligente» provinciano tiene que crear, no doctrinas temáticas para prójimos imprevisibles,
      – sino un papel para sí mismo, una figura «bien conocida» por ejemplo:
      – adop­tando la dramatis persona de ser el enemigo titular, oficial y cotidiano del respetable Don Fulano de Tal.
       
      10- Así Kierkegaard en Copenhague.
      – La gran perso­nalidad provinciana era allí el teólogo Mynster.
      – Pues bien, Kier­kegaard hará sustancia de su persona:
      – ser «el que ataca e insulta al teólogo Mynster».
       
      11- No creo que exista escritor que aparte del cristianismo tanto como Kierkegaard
      – porque es este en tal grado provinciano que ha conseguido hacer de esta religión
      – un asunto que solo puede interesar en los barrios de Copenhague.
      – Se las arregla para con­vertir la cuestión de Dios y el Diablo en cosa de semejante jaez
      – a la cuestión de si es el león o el tigre el rey del desierto,
      – cuestión que todas las tardes discuten en el casino las «fuerzas vivas» del villorrio.
       
      12- La vida intelectual ha descendido tétricamente de nivel en todas partes,
      – pero en países donde nunca fue normal y saludable, la dege­neración de los caletres es superlativa
      – y el nivel anda ya por debajo del mar.
       
      13- Muy especialmente es la filosofía lo contrario de todo provin­cianismo
      – porque consiste, quiera ella o no, en una perspectiva ra­dical
      – por su método y universalísima por su tema.
      – Todas las demás perspectivas humanas son parciales
      – y su «modo de pensar» o de sentir o de ser es un provincianismo del pensar, del sentir, y del Ser.
      – La filosofía siente repugnancia hacia cuanto es parte, parcialidad y par­tidismo.
      – El filósofo nunca fue de un partido y todos quisieron adju­dicárselo después.
      ………………….

      • oscar varela

        LA TRAMPA ADORMECEDORA DE LA RELIGIÓN CRISTIANA:

        «a la postre, todo termina bien y las cosas se arreglan»

        ¡Gracias a «Dios»; algo es algo!

         

        Gracias!

  • carmen

    Una simple licenciada?Lo encuentro

    poco acertado ..   Si fuese un simple licenciado lo pensaría igual. No va de género.Conozco a muchiiiiisimas personas relacionadas con el mundo de la Educación. Ni se  pueden imaginar cuántas.El coleccionar títulos no es sinónimo de sabiduría. Lo afirmó delante de quien sea.  Se le supondrá, como el valor en la mili. Una suposición.

    Si alguien, aunque sea el mismísimo ministro de cultura, o el decano de la Sorbona,  o el mismo Rector de la universidad de murcia, hace referencia a mí como una simple licenciada,  tengan por seguro que no se queda sin respuesta. Además, aquí hay personas que sin tener licenciaturas en psicología, o en filosofía, o en teología, dan unas lecciones magistrales, para quienes le interese el tema, claro.

    Hay una cosa llamada libro, en singular.   Libros en plural. Sorry.  Pero si no lo digo…

    • ana rodrigo

      Mi querida Carmen, te leo siempre y coincido contigo en muchísimas más cosas de las que imaginas. En este caso me dirijo a ti para aclararte que la primera que dijo lo de ser «una simple licenciada» en Filosofía y Letras, fui yo, sobre mí misma, cuando relaté una serie de datos autobiográficos,  no lo decía en sentido despectivo ni para mí ni para nadie, sea hombre o mujer, sino con sentido de sencillez, sin otras aspiraciones de titulaciones académicas. Estuve desacertada, lo reconozco. Pero tienes razón que esta expresión, dicha en masculino, sería casi insólito y sí, suena como despectivo. Repito, en aquel momento lo dije de mí misma, con el sentido ya aclarado.
      También debo confesar que, cuando lo leí en otra persona, referido a otra mujer, me sonó mal. En fin, son cosas que pasan y de las que siempre estoy aprendiendo y, cuando haga falta, corrigiéndome a mí misma.
      Gracias a todas y a todos. Seguimos caminando y dándole vida a los años.
      Un abrazo, Carmen, sigue hablando clarito, que se te entiende muy bien.

  • mariano alvarez valenzuela

    Repensar la existencia de la persona y su apertura al otro….

    • mariano alvarez valenzula

      Repensar la existencia desde la persona y su apertura al otro
      En primer lugar, quiero agradecer a Antonio Duato su fino olfato y su aguda sensibilidad por los temas que nos está trayendo a debate. Son como una daga punzante que nos despierta de nuestra aletargada sensibilidad existencial, invitándonos cuanto menos a rascarnos en la herida. A repensar con fuerza la urgencia de una reflexión que nos devuelva al centro de nuestra propia humanidad, especialmente cuando la incertidumbre parece desdibujar los contornos de nuestra identidad y nuestro sentido de vida.
      Comparto esta necesidad de búsqueda, así como el énfasis que se hace de la persona al decir cosas como estas: “Cada uno de nosotros tiene una “historia personal única” que no se puede reducir a una definición abstracta del ser humano en general.” “Cada ser humano tiene una experiencia irrepetible de la vida, algo que lo define y lo distingue de todos los demás” “Existir significa interesarse por la propia existencia.”
      Pero también quisiera aportar mi visión particular en la doble dimensión de su centralidad, en la que su carácter singular, único e irrepetible, está abierto a una vocación de apertura al otro. El otro, es precisamente en quien ese ser singular, se pude percibir en su singularidad y poder decir “Yo”. Sin “Tú” singularidad, ni tú ni yo lo seríamos.
      La existencia no es una abstracción ni una carga, sino una llamada. No existimos aislados ni enfrentados al absurdo, sino que somos convocados a una vida que nos trasciende sin anularnos. En esto, coincido con la idea de que la angustia y la incertidumbre no son solo amenazas, sino también oportunidades para interpelarnos y descubrir lo esencial. Sin embargo, añadiría que la angustia no es solo la reacción ante lo desconocido, sino también el eco de una vocación aún no respondida. La persona no se agota en sí misma; se encuentra en la relación. No es una mónada cerrada, sino un ser en comunión, cuya existencia cobra sentido en el encuentro con los demás y, en última instancia, con su Creador.
      Se ha señalado en el artículo la tentación contemporánea del control, de la pretensión de dominar cada aspecto de la existencia como un modo de evitar el vértigo de lo incierto. Pero si algo nos enseña esta mirada personalista relacional, como unidad del ser humano, es que la vida no es algo que se posee, sino que se recibe, se comparte y se entrega. La persona no es un proyecto de autodiseño sin referencias externas, sino un ser constituido en la relación con el otro. Aquí, la comunidad no es un simple recurso frente a la soledad, sino la expresión misma de nuestra condición ontológica y ontodológica. El ser que recibe al “ser” en un acto de donación, es el propio dinamismo de su relación con los demás. No estamos hechos para la autosuficiencia, sino para la interdependencia, para el don recíproco.
      Desde esta perspectiva, la incertidumbre deja de ser una amenaza paralizante para convertirse en un recordatorio de que no somos dioses de nuestro propio destino, sino caminantes que avanzan en comunión. Y es precisamente en esa apertura donde cada persona encuentra su plenitud sin dejar de ser ella misma. La trascendencia no nos diluye en un todo impersonal, sino que nos permite ser más plenamente quienes somos. Si la persona es relación, no puede comprenderse sin su vínculo con el Creador, la fuente misma de su ser y su libertad.
      En este sentido, repensar la existencia no es solo una tarea intelectual o psicológica, sino un acto de confianza. No basta con interrogarse sobre el sentido de la vida; es necesario vivirlo, comprometerse con él, asumirlo en relación con los demás y con Aquél que nos ha llamado a existir. La incertidumbre, lejos de anularnos, nos invita a salir de nosotros mismos para descubrirnos en el amor y el compromiso con la verdad.
      Agradezco de nuevo este artículo, que nos impulsa a no ceder al miedo ni a la resignación. Añado solo esta clave: el sentido de la existencia no se alcanza en la soledad del pensamiento ni en el aislamiento de la conciencia, sino en el encuentro con el otro y con Aquel que nos ha llamado a ser. En esa apertura se juega nuestra más profunda libertad.