El cónclave es eclesial, no político
Este miércoles, 7 de mayo, empieza el cónclave. Supongo que durará unos tres días, aproximadamente. Lo normal es que el próximo domingo ya tengamos nuevo papa, incluso antes, pero no hay nada seguro. Hay grupos de la extrema derecha política, sobre todo norteamericana, que están intentando politizar el cónclave.
Clasifican a los cardenales en un burdo Excel de muy pocas columnas: conservador o liberal; europeo, americano o de otros continentes; abierto o cerrado a las parejas gay; preocupado o no por la ecología; abierto o no a la ordenación de mujeres; etc. Tratan de mostrar los rasgos más destacados de los cardenales que sienten afines a su ideología y desprestigian a los que ellos no soportan, que son los “progresistas” y los “liberales”. Hurgan en el pasado de estos, y a la que encuentran un punto mínimamente oscuro, lo magnifican con grandes titulares para ensuciar su reputación. Todos tenemos puntos oscuros en nuestro pasado. Todos somos pecadores. Nadie puede tirar la primera piedra (Jn 8,7). Francisco, al que tanto admiramos, siempre reconoció que, siendo el P. Bergoglio, no había sabido ser un buen provincial jesuita en tiempos de la dictadura argentina y, sin embargo, los cardenales lo eligieron en el 2013; Benedicto XVI, siendo el Prefecto Joseph Ratzinger de la Congregación para la Doctrina de la Fe, había congelado el dosier de la pederastia de Marcial Maciel, entre otros, durante más de veinte años, y fue elegido en 2005. Y así podríamos seguir retrocediendo hasta san Pedro, quien había negado tres veces al Señor. No somos ángeles; los cardenales tampoco. La idea no es escoger a un “puro” (Jesucristo aparte, eso no existe), sino a “alguien capaz de levantarse después de haber caído” (san Agustín) y capaz de aprender del error que le hizo caer, de crecer con esa lección y de estar más de cerca de Dios gracias a ello (san Pablo y, salvando las distancias, Tony de Mello).
Toda esa propaganda política a favor o en contra de los cardenales, que viene de la extrema derecha con intereses políticos y económicos, es simple basura. El cónclave no es político, sino eclesial. No se elige una corriente ideológica, sino a un pastor. Obviamente, esa persona se habrá posicionado en un sentido más que en otro en determinados debates (o no), pero eso no va a hacer que su papado sea la dictadura de su programa.
En primer lugar, la Iglesia somos todos, no solo el papa, ni solo el papa, los cardenales y los obispos. Somos todos. La Iglesia es el Pueblo de Dios (Concilio Vaticano II). El papa, como también los obispos y los presbíteros (o sacerdotes), acompaña al Pueblo de Dios en su caminar por la historia, pero no guía a un ciego ni empuja la silla de un paralítico, dicho esto con todos los respetos a ciegos y paralíticos; acompaña a una comunidad inmensa, mayoritariamente mayor de edad, capaz de ser responsable de su misión. Por ello, lo decisivo no es que el próximo papa venga de la izquierda o de la derecha, del hemisferio norte o del sur, de uno u otro continente, sea blanco o negro, hable siete idiomas o solo dos; lo importante es que sea un buen cristiano, un buen obispo, una persona capaz de escuchar, de aprender, de enseñar, de convencer, de reconocer y enmendar sus propios errores, de perdonar y de pedir perdón. Necesitamos un buen pastor, no un buen dictador, ni un buen presidente, ni un buen rey.
Y en segundo lugar, un papa de origen “progresista” puede acabar siendo “conservador”, y viceversa. Lo hemos visto más de una vez. Si es un buen pastor y escucha a su Iglesia, puede cambiar sus puntos de vista.
No nos confundamos. El cónclave es eclesial, no polític
