
Con esta entrada se concluye la serie de Salvador Santos con el título Los discípulos no entendían a Jesús. Para compensar el actual silencio de comentarios que han acompañado otras veces las entregas se Salvador, convocamos a una Conversación en el atrio el martes de la semana próxima, como se indicará al final. AD.
Ser capaces de liberar al pueblo (II)
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La liberación es un objetivo prioritario que requiere siempre máxima urgencia
La espera, actitud patrocinada por la ideología religiosa de los Letrados, alimenta la pasividad, acrecienta la esclavitud y da alas a los poderosos. El fanatismo violento promovido por los discípulos fracasa una vez tras otra, estrellándose contra la furia y ensañamiento del imperio dominante. La esperanza y la agresividad carecen de energía para liberar. La liberación exige:
- por un lado, asumir el riesgo de vérselas con toda ideología invasiva que someta y despersonalice;
- por otro, poner al alcance de la mano de los doblegados una alternativa social que les devuelva la dignidad y les garantice la plena condición humana.
El Galileo decidió hacer frente a la realidad de un pueblo que, aunque roto por la esclavitud, manifestaba fuertes deseos de encontrar salida a sus males: “Traédmelo”.
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Los discípulos siguen atascados en un estéril fanatismo ideológico
Su gran equivocación, extendida hasta hoy, partía del hecho de no admitir que el Proyecto Humano de Jesús inauguraba la época definitiva esperada por ellos. Ellos siguen apegados a Jesús como un personaje útil para sus ambiciosos objetivos. Sordos y mudos, guardan las apariencias y se resisten a aprender. Marcos muestra la situación crudamente a las comunidades destinatarias de su escrito. A ellas incumbe la tarea liberadora que abre camino al Proyecto Humano. El evangelista presenta del siguiente modo el encuentro de Jesús con el pueblo invadido por una ideología que le ha arrastrado hasta un atolladero de difícil salida:
“Se lo llevaron y, en cuanto lo vio el espíritu, empezó a retorcerlo; cayó por tierra y rodaba echando espumarajos. Jesús le preguntó al padre:
– ¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?
Respondió:
– Desde pequeño; y muchas veces lo ha tirado al fuego y al agua para acabar con él. Si algo puedes, conmuévete y ayúdanos.
Jesús le replicó:
– ¡Ese <<si puedes>>! Todo es posible para el que tiene fe.
Inmediatamente el padre del chiquillo gritó:
– ¡Fe tengo, ayúdame en lo que me falta!
Al ver Jesús que una multitud acudía corriendo, intimó al espíritu inmundo:
– ¡Espíritu mudo y sordo, yo te lo ordeno: sal de él y no vuelvas a entrar en él!
Entre gritos y violentas convulsiones salió. El chiquillo se quedó como un cadáver, de modo que todos decían que había muerto. Pero Jesús, cogiéndolo de la mano, lo levantó y se puso en pie” (Mc 9,20-27).
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La trabajada pedagogía de Marcos reclama prestar toda la atención a los detalles de su escrito
La acción: “Se lo llevaron” responde con inmediatez al encargo de Jesús: “Traédmelo”. Marcos escribe en plural tanto la petición como la entrega de la solicitud, de modo que en ambos casos se hace referencia a un colectivo en la sombra representado por los dos personajes relevantes del relato: el padre, decidido a encontrar a toda costa salvación para su hijo, y este, que padece las consecuencias de estar dominado por una ideología devastadora.
43.1. Ante la presencia del Galileo (“…y, en cuanto lo vio el espíritu”), el ideario fundado en el sometimiento no encuentra escapatoria
Su intransigencia acaba por perder la calma. La debilidad que trata de disimular a base de furor ha quedado al descubierto una vez frente a Jesús y ser consciente de la grandeza del Proyecto Humano que él plantea. La escasa estatura del ideario le obliga a esconder su endeblez mostrando el poderío que maneja: “…empezó a retorcerlo; cayó por tierra y rodaba echando espumarajos”. Marcos recurre de nuevo a los defectos de un ataque epiléptico para describir la agresividad de la ideología que mantiene bajo control al pueblo representado por el hijo. Este se halla derribado y arruinado por la violencia de la práctica social en la que a duras penas sobrevive. El fuerte carácter de los verbos usados por el evangelistas: “empezó a retorcerlo” (συνεσπάραξεν: ‘retorció’, de συσπαράσσω ‘sacudir con convulsiones’); “cayó” (πεσὼν: ‘caido’, de πίπτω (‘caer’, ‘precipitar’, ‘sucumbir’) y “rodaba” (ἐκυλίετο, de κυλίω (‘hacer rodar’, ‘voltear’) indica la lamentable situación en que se encuentra el pueblo. A falta de argumentos, la ideología del orden social injusto no tiene más recursos que la provocación y la amenaza continua.
43.2. La escena cobra dinamismo a partir del diálogo iniciado a continuación por Jesús con el personaje actuante en función de padre
La conversación dará mayor relieve a la pedagogía de Marcos. El Galileo hace hablar al pueblo para ahondar en su desdicha: “Jesús le preguntó al padre”. La pregunta, relativa a la amplitud y hondura del padecimiento, trata de hacer recapacitar sobre la verdadera dimensión del problema: “¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?”. Para conseguir la liberación resulta esencial el conocimiento de la propia historia. El personaje representativo del perfil maduro del pueblo responde sin ocultaciones: “Respondió: Desde pequeño”. El pueblo, representado por el personaje ‘hijo’, no nació siendo esclavo. La esclavitud irrumpió en él más tarde a consecuencia de graves equivocaciones. El pueblo tuvo su origen al arriesgarse por la libertad, pero decidió y consintió desde muy temprano someterse al orden injusto (I Sam 8,4-11). La historia del pueblo llegó a ser ruinosa desde entonces. Siglo tras siglo, se sucedieron desastres y miserias cada vez más difícilmente superables. Hubo momentos en que estuvo a punto de irse todo al traste y llegar al borde de la desaparición. Así lo expuso Marcos, poniéndolo en boca del personaje ‘padre’ y siguiendo el modelo gráfico con que construyó este relato: “…y muchas veces lo ha tirado al fuego y al agua para acabar con él”.
43.3. Nada más dada su respuesta al Galileo, el padre le dirige una petición
Pero tras la decepción sufrida con los discípulos, la introduce con un cierto aire de desconfianza: “Si algo puedes…”. Ha perdido seguridad de que Jesús pueda darle solución definitiva a la necesidad de su hijo. No puede comprender aún la distancia entre los discípulos y Jesús. El colectivo de los discípulos aspira a conseguir el Poder que somete. El Galileo, en cambio, cuenta con el poder que libera. Aun desconociendo esa radical diferencia, el hombre plantea su solicitud confiando en una actuación con la que no quedará defraudado: “…conmuévete y ayúdanos”.
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La comunidad destinataria del evangelio de Marcos ya conoce las actuaciones liberadoras del Galileo
En especial, las producidas tras conmoverse al ver a la gente en condiciones de desahucio. El verbo griego σπλαγχνίζομαι (‘conmoverse’), significando un removimiento de las entrañas ante el infortunio, fue utilizado con anterioridad: en la escena del leproso, previamente a proceder para sacarlo de su aislamiento social: “Conmovido, extendió la mano y lo tocó” (Mc 1,41); al ver el abandono de la gente y antes de entrar a exponerle su Proyecto: “…vio una gran multitud; se conmovió, porque estaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas” (Mc 6,34); y al cerciorarse del hambre de la gente: “Me conmueve esta multitud, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer…” (Mc 8,2).
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El padre había tomado la decisión de acudir al Galileo admitiendo que su Proyecto ofrecía la Liberación que siempre había esperado
La frustración sufrida con los discípulos no quebró por completo su confianza. Abandonó una discusión estéril y se acercó esperanzado a él requiriendo su ayuda. El verbo griego βοηθέω (‘prestar ayuda’, ‘socorrer’) solo fue usado en los evangelios sinópticos por Mateo en un relato similar a este, el de la mujer siro-fenicia, personaje representativo de una cultura ajena a la judía, reclamando también la Liberación de ese pueblo extranjero encarnado en su hija: “Ella los alcanzó y se puso a suplicarle: ¡Socórreme, Señor!” (Mt 15,25). En nuestro relato, el plural “ayúdanos” confirma que ambos personajes: ‘padre’ e ‘hijo’, representan la realidad del pueblo judío.
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El diálogo entre Jesús y el hombre avanza y se adentra hasta lo más importante de la lección a aprender por los discípulos
La comunidad destinataria de Marcos necesita tener los oídos bien abiertos. El evangelista subraya el momento escribiendo por primera vez en el relato el nombre de Jesús al anotar su acción de respuesta: “Jesús le replicó al padre”. Las primeras palabras del Galileo apuntan directamente al titubeo patente en el padre: “Si algo puedes…” al presentar su petición. La sutil censura: “¡Ese si puedes!” invita a recapacitar respecto a la vacilación ante la capacidad liberadora de Jesús. La impotencia de los discípulos no es atribuible al Proyecto. Los discípulos se equivocaban al optar por la violencia pretendiendo el poder que someten y renegando del liberador que tenían a un paso. Ese poder que salva traspasa toda frontera: “Todo es posible para el que tiene fe”.
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Marcos saca a relucir de nuevo el asunto de la fe, el paso negado a dar por los discípulos
Y de nuevo, en boca del Galileo, la fe de la que habla no tiene como referente a Dios ni denota creencias ni alude a introspecciones o espiritualidad. La fe es adhesión al Proyecto humano, un paso culminante capaz de atravesar todas las orillas hasta alcanzar la Liberación tanto tiempo desconocida. La fe es un movimiento que logra lo que siempre pareció inaccesible.
47.1. Ante la declaración del Galileo, el hombre no se contiene: “Inmediatamente…”
El evangelista alude ahora a él mencionando también a su hijo: “…el padre del chiquillo…”. El evangelista se refiere a él con el sustantivo griego παιδίον, usado para hablar de niños menores de siete años. El término parece colisionar con la respuesta dada con anterioridad por el padre: “desde la infancia” (παιδιόθεν) a la pregunta de Jesús: “¿Cuánto tiempo hace que le pasa eso?”. Pero no hay incoherencia, sino constatación reiterada de que el pueblo a quien el hijo representa nunca llegó al desarrollo en libertad y ni siquiera ha alcanzado el juicio aun inmaduro de la adolescencia.
47.2. El hombre actúa al contrario que los discípulos
Estos se retraen y guardan silencio. Acompañan a Jesús haciéndose los desentendidos, como si fuesen sordomudos. El personaje que hace el papel de padre da un paso al frente exponiendo su realidad. ¡Y lo hace a grito pelado! (“gritó”), admitiendo ante Jesús tanto su disposición activa como su debilidad: “¡Fe tengo, ayúdame en lo que me falta!”. Pone sobre el tapete su decisión de acudir a él buscando Salvación y los pasos que ha tenido que dar hasta encontrarle. Su movimiento evidencia e identifica su fe: “Fe tengo…”. Sin embargo, reconoce en sí mismo una carencia: le falta actitud comprometida para dar al Proyecto completa adhesión y solicita ayuda para llegar a ese punto: “…ayúdame en lo que me falta”. Esta es la lección a aprender por el colectivo de los discípulos: Salir de su enroque, ser leales en su camino junto al Galileo y solicitar su ayuda para entender y asumir su Proyecto. Y en dicha instrucción ha de esmerarse la comunidad destinataria de Marcos. El evangelista la ha expuesto con su finura pedagógica mediante el guion seguido por el personaje que hace el papel de padre.
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El diálogo entre Jesús y el padre queda aquí abortado de repente
Como primera consecuencia, el hombre desaparece de la escena al igual que antes sucedió con la multitud. El corte se produce a raíz de un inesperado acontecimiento que irrumpe en el cuadro y acelera la acción. El Galileo lo ha visto venir: “Al ver Jesús…”. Lo que constata es el movimiento de una multitud que se acerca al lugar donde se encuentran: “…que una multitud se acercaba corriendo…”. El texto no da seña alguna que haga saber de qué multitud se trata, lo que indica su desinterés por identificarla. Solo importa el hecho de ser un gentío sin conexión alguna con la multitud que discutía con los discípulos al comienzo del relato. Esta se presentaba como figura del pueblo doblemente representado: Un sector de ese pueblo, roto y abatido por un fanatismo violento, aparece bajo la imagen de un chiquillo inmaduro invadido de esa ideología destructiva; otra parte de ese pueblo, con deseos firmes y confiados de una Liberación definitiva que deje atrás la esclavitud y la ruina adicional del fanatismo violento, ha sido llevada a escena personificada por el personaje que ha actuado con madurez como padre.
48.1. El significado de la multitud y el hecho de que ella haya motivado la interrupción del diálogo está marcada por su movimiento
El inusitado verbo usado por Marcos, da cuenta del alcance de la maniobra multitudinaria. El verbo griego ἐπισυντρέχω (‘acudir corriendo’, ‘acudir juntos hacia un lugar’), escrito en presente: ἐπισυντρέχει (Lit.: ‘acude corriendo’, traducido: “acudía corriendo”) para expresar actualidad sirve a Marcos como aviso a las comunidades de que el tumulto y la aglomeración carente de compromiso comprime dejando poco espació a la decisión y el compromiso. Esas avalanchas de gente son lo que el colectivo de discípulos quiere mantener a cualquier precio. El ejemplo del relato de la mujer que se desangraba queda como ejemplo de esa opresión de la multitud tan deseada por los discípulos: “Los discípulos le contestaron: Estás viendo que la multitud te apretuja ¿y sales preguntando <<quién me ha tocado>>?”.
48.2. El Galileo no rechaza a un gentío a la carrera. No aguardará, sin embargo, su llegada para emprender la liberadora deseada por el pueblo
Lo hará incluso sin que medien palabras con su interlocutor. El enfrentamiento con el demoledor ideario se produce sin pausa: “…intimó al espíritu inmundo”. Marcos tacha ahora de inmunda a la ideología de la violencia. El término griego ἀκάθαρτος (‘inmundo’, ‘sucio’, ‘incapaz de purificar’) designa la realidad de una ideología que degrada a la humanidad y se halla, en el polo opuesto al Proyecto Humano del Galileo, la Buena Noticia.
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Jesús tildará a la ideología fanático-violenta de sorda y muda: “Espíritu mudo y sordo…”
Los discípulos habrán de sentirse interpelados. Ellos están negados a prestar oídos a la enseñanza del Maestro. Y guardan absoluto silencio respecto a las agresivas y ambiciosas ideas que esconden bajo la capa de su deslealtad. La comunidad destinataria del escrito de Marcos tendrá la oportunidad de reflexionar. La sordera y la reserva, características del ideario inhumano, no tienen cabida entre los adheridos al Proyecto. Por mucha que sea la cerrazón, la voz del Galileo taladra de un lado al otro las tapias de la insensibilidad y la indiferencia, mostrando la jerarquía de su lógica y calando con autoridad hasta lo más hondo: “…yo te lo ordeno”. La sensatez de la anunciada Liberación hace añicos los impedimentos, mandando al ideario deshumanizador irse con la música a otra parte: “…sal de él…”, de una vez y para siempre: “…y no vuelvas a entrar en él”.
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Frente al empuje del Galileo, el fanatismo violento no pone fácil su desalojo
Tanto tiempo afincada en el pueblo (“¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto? Respondió: Desde pequeño”), la ideología invasora que lo ha tenido dominado, deshumanizándolo año tras año y día a día, no da su brazo a torcer. Deshacerse de ella es trabajo peliagudo; supone exponerse a soportar sus amenazas y ataques a la propia identidad como pueblo. Plantará cara desafiante, dañando cuanto puede con la agresividad que la define: “Entre gritos y violentas convulsiones, salió”. Desembarazado del ideario destructivo y sin un proyecto que encauce la vida en libertad, el pueblo inmaduro se bloquea, se desploma entumecido dando la impresión de estar en las últimas. Marcos sigue acudiendo a los efectos de un ataque epiléptico para describir esta situación: “El chiquillo se quedó como un cadáver…”. La multitud que había corrido para jugar el papel de gente expectante examina el resultado y llega a la conclusión de que al pueblo le resulta imposible recuperar la vida habiendo abandonado el fanatismo violento con el que mantuvo su esperanza de libertad: “…de modo que todos decían que había muerto”.
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El pueblo, sin embargo, tiene a la mano la alternativa que libera y da la vida
Jesús, posicionado a la vera de un pueblo históricamente desasistido, toma la iniciativa y le echa una mano con el fin de sacarlo de su debilidad: “Pero Jesús, cogiéndolo de la mano…”. Esa misma acción sirvió a Marcos para relatar lo ocurrido en el relato de la hija de Jairo (Mc 5,35-43). El objetivo perseguido fue descrito por el evangelista con los dos verbos que los evangelios utilizan para hablar de la resurrección de Jesús, ἐγείρω (‘levantar’) y ἀνίστημι (‘ponerse en pie’): “…lo levantó y se puso en pie”. El Galileo interviene recuperando al pueblo de su abatimiento. Al darle la mano, le ofrece la posibilidad de adquirir la dignidad, la libertad y la vida tan desconocidas y tan anheladas.
51.1. Una vez recobrado y libre, el pueblo está capacitado para emprender libre su andadura
Pero el texto de Marcos se queda ahí: con el chiquillo en pie. No hay aclamaciones ni aplausos ni vítores por parte de la multitud. No hay muestras de la alegría del personaje actuante como padre. El evangelista tuvo la inteligencia de no agregar acciones superfluas evitando así que la escena fuera interpretada como un hecho milagroso. Afinó lo suficiente para que el Lector pudiera entender que la escena era continuación del aleccionamiento del monte a un colectivo de discípulos cuyo mutismo evidenciaba similar ideario al adoptado por un pueblo tras una historia de violencia que le había dejado hecho un guiñapo.
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De todos modos, Marcos introduce en el relato una apostilla final con un breve diálogo entre los discípulos y el Galileo. Lo expone de la siguiente manera:
Cuando entró en casa sus discípulos le preguntaron aparte:
– ¿Por qué no hemos podido echarlo nosotros?
Él les replicó:
– Esta rale no puede salir con nada, más que pidiéndolo (Mc 9,28-29).
52.1. La escenografía ha cambiado
Un lugar indeterminado al aire libre por donde se desenvuelven multitudes da paso a un espacio concreto marcado por su carácter acogedor. El foco se centra exclusivamente en el Galileo y deja al margen a los discípulos. Marcos señala así que persiste la distancia entre ellos. El texto empieza afirmando que Jesús entra a ese entorno: “Cuando entró en casa…”. Ese emplazamiento sin artículo “en casa” es el singular donde se reúne Jesús a solas con los discípulos. El evangelista se sirvió del término griego οἶκος, escrito sin artículo (‘casa’), para designar el lugar común de la sociedad alternativa. La naturaleza laica de esa “casa” característica de la comunidad de seguidores del Proyecto de Jesús se distingue de los templos, santuarios u otros edificios representativos de las religiones.
52.2. Una vez Jesús “en casa”,
los discípulos aprovecharán la intimidad para poner sobre la mesa, lo que les ha dejado con las orejas gachas: su incapacidad para desempeñar una tarea liberadora, descubierta en ellos por la multitud: “…sus discípulos le preguntaron aparte”.
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La pregunta dirigida al Galileo estando ya a solas: “¿Por qué no hemos podido echarlo nosotros?”,
alusiva a lo acontecido previamente entre ellos y la multitud, busca conocer la causa de su impotencia para liberar al pueblo. Por un lado, indica aceptación de la propia debilidad; por otro, reconocimiento de la autoridad y capacidad de Jesús para lograrlo. La lección parece haber hecho alguna mella en la obcecación del colectivo de seguidores. Tal vez sean ya conscientes de sus carencias y opten por ser leales al Proyecto.
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La respuesta del Galileo (“Él les replicó”) enfilará directa al posicionamiento y la praxis a adoptar por los discípulos para poder salir de su endeblez y lograr ser eficaces en su tarea
De entrada, centra la cuestión refiriéndose a las ideologías que abaten y destruyen: “Esa ralea…” (Τοῦτο τὸ γένος). El término griego γένος (‘linaje’, ‘familia’, ‘especie’; traducido con el sentido negativo que el texto deja traslucir: “ralea”) hace referencia a la ideología del fanatismo violento y a otras similares de desatada ambición y fuerte agresividad, igualmente destructivas. Su profundo enraizamiento en mentes irreflexivas dificulta su derrocamiento: “…no puede salir con nada…,”. La única opción para deshacerse de ellas exige el deseo sincero de librarse de ellas solicitando la Liberación de tal esclavitud a quien ha demostrado tener capacidad para ayudar en esa tarea: “…más que pidiéndolo”.
54.1. La respuesta de Jesús no hace sino llevar al ejemplo práctico del hombre que había desempeñado el papel de padre
Este, representando al sector maduro y decidido del pueblo apostó sin decaer por su Liberación y acudió al Galileo para lograrlo. Los discípulos, fracasados en su tarea de sacar al pueblo de su penosa servidumbre, habrán de optar por quitarse de encima su fanatismo violento y asumir el Proyecto Humano. Únicamente tiene capacidad de liberar quien ya ha sido liberado.
El evangelista guarda silencio y no aporta dato alguno respecto a si los discípulos decidieron por fin prestar oídos a la enseñanza del Galileo y ser leales a su Proyecto o, por el contrario, permanecieron parapetados en su empecinamiento e inacabables vacilaciones.
Convocada para el martes 27 de Mayo una Conversación de ATRIO sobre la serie que hoy acaba
Los dicípulos no entendía a Jesús.
Pueden eviarse esta semana comentarios o preguntas al autor:salsanpac@yahoo.es
o al moderador: antonio.duato.gn@gmail.com.
Entre los dos decidirán qué textos se publican el marte 27 y cómo.
