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Ha fallecido Julia Pérez (1951–2025)

No conocí a Julia, pero sí, y desde hace muechos años, a Carlos Díaz, su esposo y a su padre Teófilo Pérez, Presidente de la HOAC cuando yo estaba muy relacionado con ese movimiento. Pero traigo su memoria aquí porque su vida ha sido siempre un tesstimonio de mujer y madre, de cristiana comprometida en la liberación de la mujer y del mundo obrero. AD

El funeral se celebrará el próximo lunes 5 de mayo a las 19:30 en la parroquia Nuestra Señora de Europa (Madrid).

Casada con Carlos Díaz y madre de tres hijos, Julia se licenció en Historia y dedicó su vida al pensamiento crítico, la fe vivida y una acción social profundamente comprometida. Desde 1988 colaboró activamente con el Instituto Emmanuel Mounier y, junto a Andrés Simón Lorda, impulsó la creación de la Fundación Emmanuel Mounier, a la que entregó generosamente su tiempo y su corazón, compaginándolo con su labor en Cáritas Madrid.

Hija de Julita y Teófilo Pérez Rey —matrimonio del que nacieron ocho hijos—, creció en un entorno marcado por la fe y la militancia cristiana. Su padre fue uno de los fundadores de la Editorial ZYX, presidente de la HOAC entre 1959 y 1966, y cofundador del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos, del que sería vicepresidente. Julia recogió ese legado con fidelidad y lo encarnó con sencillez y firmeza.

Autora reflexiva y crítica, escribió para la Editorial ZYX un libro sobre Lenin y, dentro del Instituto Emmanuel Mounier, publicó las biografías de Nelson Mandela y Vasco de Quiroga, figuras a las que supo retratar desde una mirada profundamente personalista, centrada siempre en la dignidad humana, la justicia y la libertad. Su pensamiento, arraigado en el personalismo comunitario, buscó siempre iluminar las realidades sociales desde el rostro concreto del otro.

Sus palabras, siempre cercanas y valientes, transmitían tanto lucidez como ternura. “Me produce una pena inmensa ver lo fácilmente que nos acostumbramos al horror”, escribió con amargura ante la indiferencia. Frente a las dificultades, nunca perdió el ánimo: “Aquí estamos para aguantar hasta donde se pueda, y un poco más.” Su mirada creyente era a la vez dolorida y esperanzada: “Que así sea… Pobres de nosotros. Qué pequeñitos somos.”

No temía alzar la voz ante lo que consideraba amenazas a la dignidad humana: “Pues detrás [del aborto] irá la eutanasia y luego a librarse de los tontos y los feos”, advertía con crudeza. Denunció con firmeza las injusticias globales, como el sufrimiento del pueblo palestino: “Qué vergüenza lo que está sucediendo ahí”, dijo sobre Gaza. Y supo también expresar su dolor con fraternidad: “Cualquier comentario sobre lo que estamos haciéndonos entre sus hijos es tremendo. Dios nos perdone. Un fuerte abrazo, hermano.”

Pese a todo, conservaba una esperanza sencilla y honda, que expresaba con el anhelo de un nuevo comienzo: “Feliz Navidad. Ojalá pudiéramos renacer. Un abrazo.”

Julia fue testigo lúcida y militante cristiana. Su vida fue una entrega constante a los demás, desde una fe profundamente encarnada. La recordamos con gratitud, con la certeza de que su palabra y su ejemplo siguen iluminándonos, y en certeza de estar ya en los brazos de Dios, Padre Misericordios

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