
La vida sigue y la Iglesia, es ley de vida, también. Después de un papa, tiene que llegar otro y en ese proceso se desatan todas las pasiones y tentaciones para obtener el poder en la Iglesia.
No nos engañemos, ojalá la estructura de la Iglesia Católica fuera una estructura de servicio en vez de una estructura de poder; pero cuenta con más de 400 mil sacerdotes en el mundo y más de 5.000 obispos y 252 cardenales, que deben ser gobernados y además, el Papa no deja de ser un jefe de estado, por lo que es necesario sustituir a Francisco de la mejor manera posible.
Es tradición, decir que, en un cónclave, el que “entra Papa, sale cardenal” pero no es verdad. De los últimos 5 papas (Juan Pablo I, el breve, el pobre, no cuenta para esto), al menos 2 (Pablo VI y Benedicto XVI) estaban cantados de antemano y respecto a Francisco, no olvidemos que había sido el principal rival de Ratzinger en el cónclave anterior, luego, a pesar de la presión y campaña mediática que hubo de soportar el cónclave para no elegir ni a Bergoglio ni a Maradiaga (A la facción ultra conservadora gringa le da pavor lo que venga de cualquier país al sur del Río Grande), a nadie debía sorprender la elección de quien luego fue Francisco. En el fondo, las únicas sorpresas fueron Juan Pablo II y el propio Juan XXIII.
Sin embargo, a diferencia de Juan XXIII y de Juan Pablo II, Francisco no ha señalado a nadie como su claro delfín y aunque esto también tiene matices, lo que tiene, desde luego, son consecuencias.
Por otra parte, los rumores de renuncia de Francisco debido a su mala salud, hicieron que el colegio cardenalicio, se estuviera preparando para un cónclave tutelado por un papa en precario, pero vivo. La repentina muerte del Papa, hace que ese colegio esté ahora huérfano y sea una elección con mucha incertidumbre-
Ahora mismo, hay 3 grupos de cardenales electores: Los continuistas (O Francisquistas) a los que se les supone un papado en la línea del último y que profundizarían en las reformas comenzadas por Francisco y en su estilo de gobierno de la Iglesia, menos clerical y más en salida, menos inquisitivo y más misericordioso (O como diría Francisco: “con olor a oveja”), los rigoristas (Francisco los denominaba “rígidos”) de quienes se espera una ruptura con la línea seguida por Francisco, llegando incluso alguno de sus cabezas visibles a hablar de “Herejías Francisquistas”, y que son, con diferencia, los que más gritan y se ofenden; y una línea intermedia de los “que ni fu ni fa”, que se acoplarán al poder del que salga, defenderán esa parte de su cuerpo donde termina la espalda, y correrán presurosos a darla enhorabuena al vencedor. Yo los llamo “los gallegos”, porque si te los cruzas por las escaleras de Santa Marta, no sabrás si suben o bajan. Son los más numerosos.
Entre los “Francisquistas”, destaca con luz propia Pietro Parolin. (70 años), Secretario de estado vaticano. Es el principal favorito, por lo que si el aserto es cierto, no saldrá elegido. Tampoco es un francisquista declarado, nunca ha hecho declaraciones relevantes; pero ha sido el brazo ejecutor de Francisco en la mayoría de decisiones polémicas y en especial en la negociación para a normalización de la Iglesia Católica en China o (Nos pillan mucho más cercanos) los acuerdos con el Gobierno Español para acabar con el anacronismo del Monasterio del Valle de Cuelgamuros (Llamado por los Friki Fachas. Valle de los caídos).
Cuanto más se tarde en sacar la “fumata bianca”, menos posibilidades tiene de ser elegido, porque lo que es seguro es que estará entre los primeros votados. En un cónclave de más de 7 días, no tiene ninguna posibilidad.
Los otros dos “Papabiles”, continuistas son Luis Antonio Tagle, filipino, arzobispo emérito de Manila, pro-prefecto de Primera Evangelización y Nuevas Iglesias y presidente de Caritas Internacional (Donde ni destaca ni hace daño, y lo más importante, no de desgasta), de 67 años (Edad perfecta) y uno de los que más se ha destacado como seguidor y promotor de las ideas de Francisco.
Hay quien señala que Francisco lo “marcó” como su sucesor cuando declaró “El futuro de la Iglesia está en Asia”-
Para mi es el gran favorito, aunque, precisamente por eso y a pesar de su perfil bajo y poco polémico, la pate más conservadora de la Iglesia ha tratado de complicarle con un supuesto escándalo en Caritas Internacional, que a mi juicio, pudiera perjudicarle.
El segundo es Matteo María Zuppi, cardenal de Bolonia y Consiliario de la Comunidad de San Egidio. Es probablemente el más “progresista” de todos y el presidente de la poderosa Conferencia Episcopal Italiana. Se ha pronunciado a favor de tener una actitud de acogida más misericordiosa a divorciados/as y miembros/as del colectivo LGTBI, así como de la integración de la mujer en ministerios ordenados (El diaconado, concretamente).
Ese es su principal hándicap. Nunca será un candidato de consenso si falla Tagle y sólo la influencia la CEI puede ponerle por delante. Tiene más posibilidades cuanto más largo sea el cónclave.
Tapados a mi juicio, de este sector, serían Pier Batista Pizzaballa, de 60 años, Patriarca de Jerusalén, Franciscano, Podría conciliar muchos consensos, al ser más moderado y buen negociador. Alcanzó notoriedad al ofrecerse a si mismo, a Hamas, como rehén a cambio de los niños israelíes secuestrados; y Ángel Fernández Artime, ex Rector Mayor de los Salesianos, de 64 años y buen amigo de Francisco con quien coincidió algunos años siendo ambos provinciales de su orden en Argentina. Inteligente, moderado, en edad perfecta, aunque cuenta en su contra que es un cardenal de muy reciente creación (Apenas unos meses) y desconocido para muchos, aunque ha sido notorio que fue el cardenal escogido por Francisco para tutelar y ayudar a la primera mujer, prefecta de un dicasterio vaticano (Por algo será)
No tengo que decir que es mi preferido (Que no mi favorito, que sería Pizzaballa), porque es evidente. En la Familia Salesiana se dice que a D. Ángel, se le ha muerto Francisco muy pronto.
No debemos echar en saco roto las opciones de Jean Marc Aveline (77 años), Arzobispo de Marsella que tiene la peculiaridad de ser africano (Argelino) sin ser un Sarah, o un Ambongo. Otro tapado.
En el sector de los “rígidos”, destacan Robert Sarah, guineano, de 80 años (Votará de milagro) y ex prefecto para el culto divino y Gerhard Müller, alemán, de 78 años ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Se han destacado como opositores a Francisco, Sarah más espiritual y más litúrgico y Müller más teólogo, pero ambos radicalmente en contra llegando incluso a afirmar que Francisco ha sido un Papa hereje.
En mi opinión, están destinados a ser quemados en el cónclave para buscar otro candidato, menos inquisitorial, pero del gusto de los poderes fácticos más conservadores como el lobby conservador estadounidense.
El escándalo de Sarah, engañando a Benedicto XVI (Con la colaboración de Ganswein, secretario de Ratzinger) para que figurase como autor junto a él, de un libro muy crítico con Francisco y que Benedicto, solo había prologado; y las sucesivas meteduras depata de Müller que constantemente desprecia al resto delos cardenales; los descarta para ser elegidos pero son perfectos para ser quemados previamente.
Muchas más posiblidades tienen conservadores (o ultra conservadores) como Peter Erdo, (73 años) Cardenal Primado de Hungría, muy peligroso por su cercanía a Orban y que está siendo muy promocionado por El Yunque y sus derivados, o Wilheim Eijk, de 72 años. Famoso por ser el único cardenal holandés conservador, muy crítico con sus paisanos a los que denunció por tratar de elegir un papa que no fuera Ratzinger, en la elección de Benedicto XVI.
Entre los “Gallegos” no se postula nadie aunque destaca el eterno aspirante africano, Peter Turkson, ghanés de 77 años, que es bastante tibio, aunque en el fondo es un gallego de libro, será reformista con los reformistas y conservador con los conservadores.
No obstante, tiene pocas posibilidades tras el posicionamiento claro de los obispos africanos contra la “Fiducia Suplicans”, contra la bendición de parejas del mismo sexo.
Este reducido grupo son los que están hoy en día en boca de todos los curiales romanos, pero no se descarta una verdadera sorpresa.
Ahora es el turno de los grandes electores que tratarán, antes de la entrada en Santa Marta y el “Extra Omnes” de crear alianzas, allanar posturas y determinar actitudes, que desemboquen en un nuevo papa. Entre ellos destacan Omella (Barcelona), Cobo (Madrid), Hollerich (Luxemburgo), Maradiaga (Tegucigalpa), Schönborng (Viena); entre los más continuistas (Sin olvidar a Re, el decano del Colegio Cardenalicio, que en la homilía del funeral de Francisco se postulo con vehemencia por la continuidad) y a Burke (USA, ex prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólca), Arinze (Nigeriano, ex prefecto del Culto Divino), Ambongo (Kinsasa), o Dolan (Arzobispo de Nueva York y buen amigo de Trump).
Por último, hay una costumbre, o más bien una superstición, que es no elegir a ningún papa que se llame Pedro. En primer lugar, por respeto a San Pedro y en segundo lugar porque las profecías de San Malaquías advierten de que el último papa será “Pedro el Romano”. Pues bien, este año hay 3 candidatos principales (Parolin, Pizzaballa y Erdo) que se llaman Pedro; y aunque ninguno nació en Roma, si sale elegido uno de ellos, va a .ser divertido.
A mi criterio, por gusto personal me encantaría que saliera Fernández Artime, creo que el favorito real es Parolin y tengo el pálpito de que saldrá Pizzaballa.
Esa es mi apuesta.
