Salvador Santos, a pesar de sus problemas de visión, del poco tiempo dicponible por el mucho que dedica a su familia y amigos africanos, con gran esfuerzo , inicia hoy una serie de siete entregas escritas para nosotros sobre el tríptico de Marcos (Mc 8,34-9,1; 9,2-13 y 9,14-29) que sigue a la multiplicación de los panes y precede a su subida a Jerusalén. Estoy seguro de que serán tan bien recibidas como siempre y podrá dar ocasión a comentarios enviados directamente a él o a ATRIO. AD.
Las cosas claras antes de seguir (I)
- Marcos, el pionero de los evangelistas, rechazó idealizar su relato y a su principal protagonista
A medida que avanza su texto van apareciendo con mayor nitidez en él:
- las reticencias de los discípulos ante el Proyecto de Jesús,
- la oculta estrategia seguida por el colectivo de estos acompañantes y
- los esfuerzos continuados del Galileo por sacarlos de su equivocación y hacerles comprender.
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Tras la larga secuencia de los panes, un lector poco avezado puede suponer
que el grupo de seguidores había dado ya un paso adelante al superar de alguna manera las dudas que les habían asaltado sobre Jesús y su Proyecto en la conocida escena de la barca:
“Se decían unos a otros: -Pero entonces, ¿quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?” (Mc 4,41).
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Pero los discípulos permanecían aún atrancados en la red ideológica institucional,
incapaces de reconocer la extraordinaria novedad del Galileo. Tuvo que ser él quien, les obligara a salir de sus vacilaciones: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” (Mc 8.29a). La respuesta a la pregunta del colectivo de seguidores, manifestada por boca de Pedro: “Tú eres el Mesías” (8,29b), confirmaba su lenta evolución. No podía ser de otra manera. Sus cortas miras nacionalistas les mantenían fuertemente anclados en los fondos tradicionales. A Jesús nunca le interesó que se extendiera entre la gente la idea de que él era ese Mesías (‘Cristo’) tan esperado y de límites tan estrechos: “Pero él les conminó a que no lo dijeran a nadie” (8,30).
3.1. Los discípulos, en cambio, no vieron en el Galileo más que al Mesías prometido por el AT,
el que actuaría siguiendo el modelo davídico que habría de lograr la hegemonía de la nación judía. Jesús, por el contrario, insistió una y otra vez en la realidad social de su Proyecto como alternativa al Poder. Y avisó con claridad de las intenciones criminales en contra suya del órgano supremo de la nación: “…ser rechazado por los senadores, los sumos sacerdotes y los letrados…” (Mc 8,31). La más alta corporación nacional se opondría radicalmente al Proyecto que él daba a conocer a los suyos con pelos y señales: “Y exponía el mensaje abiertamente” (καὶ παρρησία τὸν λόγον ἐλάλει) (Mc 8, 32a).
3.2. Los discípulos, sin embargo, con idéntico modo de pensar al de la cúpula del poder,
no podían aceptar ese planteamiento explicado por el Galileo punto por punto al grupo de seguidores con total claridad. ¿Y cómo no alentar a la gente descubriéndoles que Jesús era el Mesías? El colectivo de los acompañantes de Jesús estaba desde el principio por contar con la multitud como elemento imprescindible para obtener la victoria en todos los frentes. Pedro, en nombre de la totalidad de seguidores, se le revolvió: “Pedro lo tomó consigo y empezó a increparlo” (Mc 8, 32b). Lejos de achantarse, el Galileo tildó a Pedro de “adversario” (‘satanás’) por su pensamiento acorde a los poderosos y su oposición a un Proyecto, según él, garantizado al máximo nivel: “¡Quítate de mi vista, Satanás!, porque tu idea no es la de Dios, sino la humana” (Mc 8,33).
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En esa situación crítica, Jesús optó por poner las cosas claras y en su sitio antes de seguir
Marcos lo expuso en un relato que exige ser interpretado dentro de los márgenes de este borrascoso contexto:
“Convocando a la multitud con los discípulos, les dijo:
– Si uno quiere venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, que cargue con su cruz y entonces me siga; porque el que quiera poner a salvo su vida, la perderá; en cambio, el que pierda su vida por causa mía y de la buena noticia, la pondrá a salvo. Y ¿de qué le sirve a una persona ganar el mundo entero a precio de su vida? Y ¿Qué podrá pagar para recobrarla? Además, si uno se avergüenza de mí y de mis palabras ante esta generación idólatra y descreída, también el Hombre se avergonzará de él cuando llegue con la gloria de su Padre acompañado de los ángeles santos.
Y añadió:
– Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar el reinado de Dios con fuerza” (Mc 8,34 – 9,1).
Jesús inició su declaración tras realizar un movimiento muy significativo: “Convocando (προσκαλεσάμενος) a la multitud con sus discípulos…”. El verbo griego προσκαλέω, compuesto de la preposición con sentido direccional: πρός (‘hacia’) y el verbo καλέω (‘llamar’, ‘llamar a sí’, ‘convocar’) fue usado por Marcos en ocho ocasiones; en su gran mayoría (siete), asociado a una intervención de Jesús y en 15,44 en una actuación de Pilato solicitando a un militar la certificación del fallecimiento del Galileo.
CONVOCAR (προσκαλέω)
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En todos los casos relacionados con Jesús, este verbo (προσκαλέω: ‘convocar’)
marca la importancia especial del objeto de su convocatoria:
- La constitución de los Doce (Mc 3,13).
- La respuesta a los embajadores bajados desde la capital lanzando al aire falsas noticias sobre él (3, 23).
- El envío de los Doce de dos en dos actuando con autoridad para liberar (6,7). La denuncia pública de la ideología religiosa y sus inútiles tradiciones (7,14).
- El apremio a los discípulos para que den solución al problema de la multitud hambrienta (8,1).
- La advertencia al colectivo de seguidores sobre el poder como camino equivocado, proponiéndoles el servicio como única ruta (10.42). Una lección de economía y entrega total (12,43).
5.1. En esta delicada circunstancia, suspendió la conversación privada con sus discípulos y,
sin que el evangelista hubiera notificado la presencia allí de otras personas, emplazó a la multitud a acercarse. Con dicho gesto hizo palidecer la singularidad del colectivo de seguidores, distanciándolos hasta posicionarlos al mismo nivel de la muchedumbre. Se dirigirá a todos sin diferenciar a los suyos del resto de la gente.
5.2. El Lector puede imaginar la escena
En un lugar indefinido, Jesús, sin nadie a su lado, está ocupando un espacio. Cara a él, los discípulos se apiñan junto a la multitud. Él se dirige a todos sin distinción. Y sus afirmaciones se orientan en particular a cada uno de quienes le escuchan. Comienza en condicional aludiendo a la decisión individual: “Si uno quiere…” (Εἴ τις θέλει). El verbo principal: θέλω (‘querer’, ‘estar resuelto’, ‘estar dispuesto’) delimita las condiciones que `planteará a continuación solo para quién tome una firme determinación de seguir a su lado: “…venirse conmigo…” (ὀπίσω μου ἐλθεῖν).
5.3. El verbo griego utilizado por Marcos: ἔρχομαι (‘venir’, ‘caminar’, ‘marchar’) tiene carácter activo,
habla de andadura; alude a una marcha a realizar. El tema del camino del que se empezó a hablar tras la secuencia de los panes: “Por el CAMINO les hizo esta pregunta…” (Mc 8,27). El camino hace referencia al recorrido desde Galilea a Jerusalén, donde se producirá la denuncia de Jesús del engaño a que se ha conducido al pueblo y su inevitable enfrentamiento con las autoridades de la nación. El camino implica movimiento. Estar junto al camino expresa la inmovilidad de quien ha renunciado a adherirse al Proyecto. En la parábola, la semilla que cae junto al camino no cala y tarda poco en desaparecer (Mc 4,3). El camino designa un modo de conducirse similar al de Jesús y un objetivo al que dirigirse.
5.4. La expresión griega que acompaña al verbo: ὀπίσω μου (“detrás de mí”) no ofrece dudas
Está conectada con la primera de las invitaciones del Galileo a seguir sus pasos. Fue la utilizada con la primera pareja de hermanos, Simón y Andrés: Δεῦτε ὀπίσω μου (“Veníos conmigo”) (Mc 1,17), seguida más tarde al exponer la decisión de seguirle tomada por la segunda pareja: ἀπῆλθον ὀπίσω αὐτοῦ (“se marcharon con él”) (Mc 1,20).
Esta expresión: ὀπίσω μου (“detrás de mí”) fue utilizada por Jesús al final del relato anterior (Mc 8,31-33) en su enfrentamiento con Pedro. Ahí le trató de adversario (‘satanás’) y le ordena dejar de seguirle: Ὕπαγε ὀπίσω μου (Lit.: “Aléjate de detrás de mí”) (Mc 8,33).
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A partir de esa recriminación a Pedro,
voz y figura representativa de la totalidad del grupo de seguidores, Jesús exigirá dos condiciones a quienes quieran acompañarle adheridos a su Programa:
6.1. La primera: “…que reniegue de sí mismo” (ἀπαρνησάσθω ἑαυτὸν)
pide posicionarse en el polo opuesto a esa actitud manifestada antes por el cabeza dura representando el sentir del colectivo de seguidores. El verbo ἀπαρνέὁμαι (‘negarse’, ‘rechazar’) seguido del pronombre reflexivo ἑαυτὸν (‘a sí mismo’) es usado aquí exigiendo desestimar los planes individuales con los que cada uno pretende obtener un beneficio particular. Los discípulos acompañan a Jesús y dicen de boquilla aceptar su Proyecto, pero esconden sus reservas respecto a él y lo acompañan desde planteamientos individualistas y nacionalistas. A ellos les mueve el propio interés y el logro de una posición de privilegio una vez alcanzado el poder que ingenuamente pretenden obtener. Frente a esos escondidos planteamientos, el Galileo exige, como primera condición para seguirle, descartar la ambición personal: “…que reniegue de sí mismo…”. La búsqueda del propio beneficio se opone al objetivo del Proyecto y malogra una misión con sello fraterno y horizonte universal. La demanda “reniegue de sí mismo” no reclama reprimirse y hundirse en humildades, sino el rechazo de la feroz codicia de ponerse en el vértice de una pirámide por encima de todos los demás.
6.2. La segunda condición: “…cargue con su cruz…” (ἀράτω τὸν σταυρὸν αὐτοῦ)
amplia con coherencia el sentido de la primera. En esta ocasión, abunda en la instrucción dada previamente por Jesús a los discípulos explicándoles que la cúpula del poder de la nación le llevará a la muerte (Mc 8,31). El objetivo pretendido con su Proyecto no será la obtención del Poder y el mantenimiento de su estructura, sino el desarrollo de una sociedad alternativa que el orden injusto no aceptará de ninguna de las maneras.
6.2.1. La expresión “cargue con su cruz” pone al descubierto la mano de Marcos
y cómo la redacción de este relato fue realizada por el más tempranero de los evangelistas con posterioridad a que Jesús fuera ejecutado mediante crucifixión. Marcos conoció desde muy pronto lo ocurrido con Jesús; sabe de qué habla. Y no oculta el riesgo de ser leal al Proyecto. El esfuerzo continuado por trivializar esta condición ha dado sus anodinos frutos. El dicho: “cargue con su cruz” se ha explicado como disposición a soportar las vicisitudes de la vida ordinaria. El texto paralelo de Lucas ha servido como palanca para esta interpretación. Mateo sigue a la fuente principal, Marcos, al pie de la letra (Mt 16,24). Lucas también lo hizo, aunque incorporando un añadido: “ἀράτω τὸν σταυρὸν αὐτοῦ καθ᾽ ἡμέραν” (“cargue con su cruz CADA DÍA”) (Lc 9,23).
6.2.2. El truco de atenuar al máximo el duro significado de la expresión: “cargue con su cruz”,
aun siendo una burla a la inteligencia, ha resultado fácil de colar, en especial entre quienes coinciden en la práctica con la postura e intereses del cabeza dura. Consiste en aminorar el fuerte sentido de: lealtad inconmovible y perseverante que Lucas da a su expresión “…cada día”, reduciéndolo a: sobrellevar con resignación las dificultades con que todo el mundo se encuentra a todas horas.
6.2.3. Pero la cruz nada tiene que ver con la brega e inconvenientes de cada jornada
La cruz era un método de ajusticiamiento del imperio romano con sediciosos y agitadores sublevados contra su poder. El AT consideraba un maldito a quien era sentenciado a muerte colgándole de un palo. Así lo indica Pablo citando un texto del Deuteronomio (Dt 21,23): “El Mesías nos rescató de la maldición de la Ley, haciéndose por nosotros un maldito, pues dice la Escritura: <<Maldito el que cuelga de un palo>>” (Gál 3,13).
6.2.4. La exigencia “que cargue con su cruz” no puede interpretarse como asunto banal
Implica una ruta a recorrer con firmeza indesmayable en un entorno saturado de hostilidad. El empedrado camino, una vez sabidos sus riesgos, se anda decidido y desatendiendo e incluso disculpando, al pasar, las mofas y los escarnios de las gentes regidas por el poder. Es lo acostumbrado: Las masas alienadas por los principios ideológicos del orden injusto y adheridas a su engañoso modo de proceder se pavonean mientras usan el ataque enfurecido contra quien se arriesga por rutas alternativas y sufre penalización por ello.
6.2.5. El aviso de Jesús no tiene vuelta de hoja y se extiende hasta la actualidad
Su seguimiento exige dos condiciones previas: “que reniegue de sí mismo” y “que cargue con su cruz”. Expresados por él con severidad, esos dos requisitos no admiten trapicheos ni cambalaches. Su concisión armoniza con su claridad. No piden un credo ni actitudes espirituales ni prácticas piadosas ni búsquedas interiores ni elevaciones a estados místicos. Sus dos exigencias no son reglas para agregarse a un movimiento religioso, sino actitudes imprescindibles para una andadura social coherente con la Buena Noticia: el Reinado de Dios.
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A raíz de cómo continúa el Galileo su declaración,
resulta evidente que él no habla de una existencia moldeada por el orden injusto, sino de una vida caracterizada por la igualdad y la fraternidad, señas de identidad de una sociedad donde solo Dios reina. La Buena Noticia anunciando esa época definitiva da cuenta del paso tenido por imposible: el del atropello a la Justicia, el de la esclavitud a la libertad, el de la muerte a la vida. Jesús exigirá esas dos condiciones indispensables: “que reniegue de sí mismo” y “que cargue con su cruz” a quien quiera acompañarle en esa tarea de hacer realidad un cambio tan radical. El Galileo aportará un doble argumento dando razón de la necesidad de cumplir tales requisitos.
