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Los discípulos no entendían a Jesús 4/7

Nueva clase particular para los testarudos (II)

  1. El relato da un salto cualitativo con la entrada en escena de dos nuevos personajes. Marcos mantiene su línea redaccional figurativa con la flamante presencia de los recién llegados: “Se les apareció (ὤφθη αὐτοῖς) Elías con Moisés”. El pronombre: “les” (ἀυτοῖς; ‘a ellos’) señala una aparición dirigida intencionalmente a los receptores del aleccionamiento. La clase requiere la presencia de esos dos invitados.

La forma de enlazar los nombres de estas dos figuras del AT (“Elías CON Moisés”), al presentarlos como participantes necesarios en la acción, pide no pasar de largo. Habría bastado unirlos mediante copulativa: “Elías Y Moisés”. Marcos, sin embargo, recurrió a la preposición griega σύν (‘con’) para marcar a Moisés (representando a La Ley) como sujeto preeminente y a Elías (personificando a Los Profetas) en función de interprete cualificado de la Ley y autorizado precursor del auténtico Mesías.

El verbo griego ὁράω (‘ver’, ‘contemplar’) empleado para la presentación de estos personajes se usa con frecuencia en voz pasiva con el significado de ‘dejarse ver’ o ‘aparecer’.  La forma verbal ὤφθη, usada esta única vez por Marcos, ha de traducirse por “se apareció”, como se hace en I Cor 15,5.6.7.8. La entrada en escena de las dos figuras ocurre con vistas a ser contemplados por los tres receptores de la enseñanza. Moisés y Elías aparecen con el fin de que su presencia les ayude a comprender el valor decisivo del Programa de Jesús.

27.1. El texto presenta a Moisés y Elías sin entrar en comunicación directa con los tres discípulos

Se hallan en otro plano. Están ahí para que se entienda el sentido de su presencia. No se recoge ninguna palabra salida de ellos. Marcos informa de su brevísimo papel: “…estaban conversando con Jesús”. El Galileo es su punto de referencia. Se dirigen a él. Hacen caso omiso a los discípulos allí presentes. Para ellos es como si no estuvieran. Jesús atrae toda la atención de los dos personajes del AT. Los discípulos solo miran pendientes de lo que sucede. Les toca aprender. Ese es su papel a desempeñar.

27.2. Marcos imprimió brío expresivo al movimiento de los personajes aparecidos al usar la perífrasis verbal formada por imperfecto más participio: “estaban conversando” (ἦσαν συλλαλοῦντες)

en lugar de recurrir a la forma simple del imperfecto συνελάλουν; “conversaban”, del verbo συλλαλέ (‘hablar con’). Con dicha formulación, el evangelista da consistencia al hecho y reclama sobre él el interés del Lector y de los miembros de la comunidad destinataria de su escrito. La idea que transmite es que todo el AT: La Ley (Moisés) y los Profetas (Elías) están volcados hacia Jesús. Reconocen su preeminencia y manifiestan ser sus subordinados. Representan el cauce que ha conducido hasta hacer desembocar en el Galileo y su Proyecto todas las antiguas promesas. Los discípulos tienen a la vista materia para la reflexión. Esta acción figurada muestra la equivocación de pensar que el Programa de Jesús no responde a las expectativas suscitadas por el AT. Los tres discípulos andan desatinados al considerar la hegemonía política y la supremacía religiosa como fundamento del reinado de Dios prometido por el AT. La Ley y los Profetas se han presentado en la escena como avalistas del Proyecto planteado por Jesús. Es la lección a aprender por los obcecados discípulos.

Pedro, fuente principal de Marcos, explicó con sinceridad a la comunidad origen del evangelista Marcos el grado de torpeza demostrada por los tres cerriles tomados aparte por el Galileo. El mismo Pedro confesó haber intervenido entonces de nuevo dando pruebas de ser el principal y máximo exponente de la testarudez: “Reaccionó Pedro diciéndole a Jesús…”. Se dirigió a él utilizando la fórmula que, según el evangelista oyente de sus informaciones, solo emplearon Pedro y Judas: “Rabbí”. (Ῥαββί). Esa era la manera ordinaria de dirigirse a los intérpretes oficiales de la Ley, los Letrados. El tratamiento de Rabbí denotaba un reconocimiento de superioridad con el que se pavoneaban estos arrogantes guardianes de la sagrada tradición. Este uso advierte de la persistencia de Pedro en entender a Jesús como Mesías, pero dentro de las categorías ideológicas del judaísmo. Mateo y Lucas suavizan la fijación de Pedro al nacionalismo religioso evitando este título. Y lo sustituirán por otros que, como Rabbí, también entrañaba reconocimiento de autoridad y dependencia:  Κύριε (‘Señor’) (Mt 17,4) y Ἐπιστάτα (‘presidente’, ‘comandante’. ‘jefe’) (Lc 9, 33). Jesús nunca se referirá a sí mismo llamándose: Rabbí. Empleará el término:  διδάσκαλος (‘Mestro’). En la realidad social del reino de Dios, donde impera la fraternidad, no cabe condición de supremacía: “Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar Rabbí, pues vuestro maestro (ὁ διδάσκαλος) es uno solo y vosotros todos sois hermanos” (Mt 23,8).

27.3. Pedro no sale de sus casillas. Y confunde el contenido de la enseñanza

Interpreta la escena de manera desacertada y opuesta a su auténtico significado. No se siente interpelado. Busca, por el contrario, salir fortalecido en su posicionamiento haciendo reconocer a Jesús su suerte al tenerlos a ellos como colaboradores: “…viene muy bien que estemos aquí nosotros…”. Pedro intenta quedar bien haciendo una pícara proposición desde el ideario tradicional. La oferta del cabeza dura hunde sus raíces en el más puro nacionalismo: “…podríamos hacer tres chozas…” (ποιήσωμεν τρεῖς σκηνάς). Ellos se ofrecen como operarios para abrir un cauce que haga derivar el agua hacia su molino. Se denominaba ‘choza’ (σκηνή; ‘barraca’, ‘choza’, ‘tienda’, ‘tabernáculo’) a un débil y modesto albergue construido con palos y ramas que sirvió de hogar protector durante el tránsito por el desierto de los esclavos escapados de Egipto.

La fiesta de la chozas, originariamente asociada a la vendimia y la recolecta de frutas, se instituyó posteriormente como fiesta nacional (Lev 23, 33-44) en recuerdo de la marcha por el desierto tras la liberación de la esclavitud. Se prolongaba hasta los siete días durante los cuales varones adultos y chicos adolescentes comían y dormían obligatoriamente en dichas barracas. Jerusalén se llenaba en esos días de peregrinos venidos de todas partes del país e incluso de fuera de él. La fiesta recordaba la constitución del pueblo y a Yahvé como su rey. Se asociaba, además, a la conquista de la tierra de Canaán, por lo que cobró un fuerte carácter mesiánico.

27.4. Pedro, zoquete a más no poder, había entendido la enseñanza del monte al revés

Para el más cabezón de los tres testarudos, Moisés y Elías estaban allí mostrando la preeminencia de la Ley y los Profetas, el Antiguo Testamento, al que Jesús debía acomodar su Proyecto. Las chozas señalaban el camino tradicional. El lanzado y atolondrado portavoz hablará de “tres chozas” (τρεῖς σκηνάς) igualando a los tres personajes: “…una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Pedro da el nombre de los dos personajes aparecidos como si los hubiera reconocido nada más verlos. Con su afirmación queda de manifiesto en el relato la ingenuidad propia del lenguaje figurado. El texto no informa de que estos personajes se hubieran presentado dando sus nombres. Y, desde luego, ninguno de los tres discípulos había visto ni llevaban en su cartera imagen alguna de estos personajes aparecidos allí de sopetón. No estaban capacitados de ninguna de las maneras para poder identificarlos como Moisés y Elías.  Sin embargo, Pedro, sin retrato de ellos, los reconoce al instante.

27.5. Pedro, cautivo entre los barrotes de sus ideas tradicionales, persiste en mantener la vigencia del AT,

que nada afirma respecto a que el triunfo del Mesías habría de pasar por el fracaso. Muestra así su ineptitud para entender el Proyecto del reinado de Dios como sociedad alternativa y los riesgos que se corren por hacerla realidad. Él y los otros dos obstinados, Santiago y Juan, están imposibilitados para asimilar que, llegados a la capital, los líderes de la nación rechazarán al Galileo conduciéndolo a la muerte. La lección a aprender resultaba harto difícil. ¿Cómo ceder de sus pretensiones y conformarse con ese fatídico Programa? ¿Cómo admitir un recorrido que concluyera poniendo fin a la confianza e ilusiones que el colectivo de discípulos había depositado en el Galileo? Los tres testarudos están horrorizados imaginando el descalabro de su Proyecto y cómo se malograrían en ese caso sus escondidos intereses. El término griego ἔκφοβος (‘aterrado’, ‘amedrentado’) va más allá del miedo: “Es que no sabía cómo reaccionar, porque estaban aterrados”.

27.6. No habrá chozas para Jesús y los dos personajes del AT, Moisés y Elías

En su lugar se originará una nube que los envolvió: “Se formó una nube que los cubría”. La nube cambia por completo la perspectiva ofrecida por Pedro. Ella hace desaparecer la idea de un itinerario libre tras una liberación a través de la violencia revolucionaria contra el imperio dominante: las Chozas. La nube envolvente manifiesta a los tres cerriles discípulos que están ante la presencia de quien marca el rumbo sin equivocaciones, una ruta distinta a la de ellos, opuesta a la violencia y directa a la libertad anhelada. El hecho traslada la mente de los discípulos al libro del Éxodo. Allí la nube cubrió la choza o tienda tenida como morada de Yahvé:

“Entonces la nube (νεφέλη) cubrió la tienda (σκηνή) del encuentro y la gloria del Señor llenó la tienda (σκηνή; traducida generalmente por ‘santuario’)” (Ex 40,34).

El AT usó la imagen de una nube para describir la presencia e intervención cercana de Yahvé entre humanos. Así lo describe Ezequiel al comienzo de su libro:

“Entonces se apoyó sobre mí la mano del Señor, y vi que venía del norte un viento huracanado, una gran NUBE y un zigzagueo de relámpagos” (Ez 1,4).

La estampa de nubes en forma de columna sirvió como descripción de Dios, en primera línea de los escapados, abriendo camino al pueblo en su difícil marcha por un extenso territorio yermo y sin senderos: el desierto:

“El Señor caminaba delante de ellos, de día en una columna de nubes para guiarlos” (Ex 13,21).

27.7. La nube echaba el cierre a las palabras de Pedro y nublaba sus intenciones

Una voz, saliendo de ella y dirigiéndose a los tercos discípulos, establece la clave para interpretar sin error alguno el valor de Jesús y el sentido de la tarea que se ha propuesto llevar a cabo. El AT ha quedado mudo ante la voz procedente de la nube.  La declaración salida de ella, poniendo el broche a la enseñanza de los discípulos está constituida por tres breves y concluyentes afirmaciones sobre Jesús: “Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo”.

    1. La primera lo identifica: Este es mi Hijo

 La voz empieza señalando (Οὗτός; ‘Este’) a Jesús y reconociéndolo como “Hijo” (ἐστιν  ὁ υἱός μου). Confirma así la más estrecha relación entre él y el emisor de la voz. Es hijo porque presenta un gran parecido a Él. Esa semejanza ofrecida por el Galileo queda demostrada por la singular forma de actuar y comprometerse con el Proyecto Humano. Jesús es el modelo representativo de la plenitud humana. Así se reflejó también en el relato de su bautismo. En esa otra circunstancia, una voz llegada de arriba se dirigió a él tras su compromiso total por la Justicia:

 “Hubo una voz del cielo: – Tú eres mi Hijo, el amado, en ti he puesto mi favor” (Mc 1,11).

Ambas declaraciones (Mc 1,11 y 9,7), presentando gran similitud textual entre ellas, aluden a un texto del AT de profundo carácter mesiánico: “Voy a proclamar el decreto del Señor. Él me ha dicho: Tú eres mi hijo” (Sal 2,7). El salmo es expresión del ritual formal con que se entronizaba al rey elegido por Yahvé. La voz salida de la nube es manifestación de la realeza de Jesús. Ella respalda con contundencia una tarea exenta de violencia y sí entregada a una alternativa donde el ser humano adquiere su máxima condición.

2 La segunda lo distingue por su condición de predilecto: “el amado”.

La expresión “el amado” (ὁ ἀγαπητός) destaca en él una posición especial. No es un hijo sin más; quien emite la voz le reconoce tan completo parecido con Él que lo contempla como el modelo humano objeto del Proyecto y lo hace merecedor de su amor. Su semejanza se aprecia por su forma de proceder y su entrega comprometida y leal al Proyecto. Él es el ser humano a quien imitar, “el amado” por el diseñador de dicho Proyecto. Él es la ruta segura a transitar. El evangelio de Juan lo presentará como: “el camino” (Jn 14,6).

3. La tercera reclama prestarle toda la atención: “escuchadlo”.

El verbo griego ἀκούω expresa en la mentalidad de la época del Galileo la idea de abrir los oídos y permitir a la persona que habla entrar dentro de quien escucha asumiendo su mensaje. Nada tiene que ver con el simple oír; “escuchadlo” propone dejarse calar por él. Como prototipo, su proceder marca el rumbo acertado, evitando derroteros que pueden conducir a la ruina humana.

La voz salida desde la nube trata de hacer salir a los testarudos de su obcecación. Persistir en el objetivo de conseguir la libertad mediante los métodos habituales del orden injusto, haciendo oídos sordos a las indicaciones del Galileo, solo consigue afianzar el sistema de injusticia. “Escuchadlo” orienta la decisión de los testarudos hacia el itinerario a seguir. Ese recado escueto sin adornos ni aditivos cerrará el determinante aviso de la voz desde la nube.

 

  1. El comunicado ha puesto punto y final a la clase particular específica

Las actuaciones de los personajes en la escena han terminado. Los aparecidos han desaparecido: “Y, de pronto, al mirar alrededor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos”. El desenlace se produce súbitamente: “de pronto” (ἐξάπαινα: ‘de repente’, ‘de pronto’). El foco se centra en los testarudos. A ellos les corresponde ahora la iniciativa. De momento, no hacen otra cosa más que mirar. Su papel al ser llevados al monte por Jesús consistía en prestar atención a ese aleccionamiento especial. Una voz desde la nube le ha puesto fin. De ella ha salido la más solemne y definitiva instrucción: “escuchadlo”. La escucha está referida solo al Hijo, el Amado: el Galileo. Moisés y Elías quedan excluidos de la escucha. Una vez hecha esa última invitación marcando la ruta a seguir, nada se puede añadir. La clase ha concluido. Se abre paso la realidad.

La escenografía ha cambiado. Moisés y Elías han salido de la escena. El AT ha dejado de ser un referente. Ha perdido voz y protagonismo. Una vez actualizado el Proyecto, su función pasa a ser subordinada. La Ley y los Profetas han quedado en un plano secundario. Al lado de los testarudos, únicamente el Galileo: “ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos”. La voz proveniente de la nube reclama a los tres discípulos, Pedro, Santiago y Juan, salir de una vez por todas de directrices y usanzas del pasado y atreverse a tomar nuevas decisiones.

 

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