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Los discípulos no entendían a Jesús 3/7

Nueva clase particular para los testarudos (I)

  1. Tras haber emplazado a los discípulos y a la multitud, colocándolos en el mismo plano, Jesús les puso las cosas claras a unos y a otros

Agregarse a su Proyecto requiere pensárselo dos veces y a fondo. Unirse con él en la tarea de implantar la realidad social del reinado de Dios no se reduce a un simple acompañamiento con el escondido propósito de obtener un beneficio personal a corto, medio o largo plazo. Él exige el abandono de los intereses individuales y una firme lealtad al Proyecto Humano asumiendo todos los riesgos que ese novedoso quehacer lleva consigo.

  1. Al finalizar la larga secuencia de los panes (Mc 6,33 – 8, 26) -analizada en ATRIO bajo el título: La Semilla de la igualdad

los discípulos reconocieron por boca de Pedro que Jesús era el Mesías esperado: “Tú eres el Mesías” (Σὺ εἶ ó Χριστός; “Tú eres el Cristo”) (Mc 8,29b). Tal declaración mostraba a unos discípulos completamente descaminados. La fórmula empleada por ellos se ajustaba al estrecho y excluyente reducto del nacionalismo. El Galileo cortó entonces por lo sano. No convenía extender semejante idea; “Pero él les conminó a que no lo dijeran a nadie” (Mc 8,30).

 

  1. El reinado de Dios propuesto por Jesús sobrepasaba con mucho las diminutas fronteras nacionalistas,

algo insoportable para los discípulos, las masas y la cúpula del Poder. Por ese motivo, Jesús avisará a sus amigos respecto a lo que le espera por llevar adelante su Proyecto. Las cortas miras de los líderes del país judío se le opondrán con todos los medios a su alcance. E incluso le conducirán hasta la autoridad del imperio dominante buscando que sea ejecutado (Mc 8,31). Jesús no ocultará esos riesgos extremos; por el contrario, expondrá su Programa a los discípulos con todo lujo de detalles: “Y exponía el mensaje (ὁ λόγος) abiertamente” (Mc 8,32a).

 

  1. Pero el planteamiento de ese modo de hacer del Galileo no interesó a los discípulos.

Pedro intervino de nuevo como portavoz del grupo y, en un aparte, se opuso enérgicamente a esa propuesta de reinado de Dios: “Pedro…empezó a increparlo” (Mc 8,32b). El cabezota tenía difícil comprender la dimensión de ese Proyecto Humano. Ni siquiera supo darse cuenta del pleno convencimiento del Galileo respecto a la manera de llevarlo a cabo. Jesús plantará cara al grupo considerando que Pedro, su portavoz, actúa como el Adversario: “Él se volvió y, de cara a sus discípulos, increpó a Pedro diciéndole: – ¡Quítate de mi vista, Satanás!, porque tu idea no es la de Dios, sino la humana” (Mc 8,33).

 

  1. Será entonces cuando ponga firme al grupo y plantee dos condiciones INDISPENSABLES para quienes quieran seguirle

    ((https://www.atrio.org/2025/04/los-discipulos-no-entendian-a-jesus-i/#more-43585)

Marcos no ofrece datos relativos a una respuesta de los discípulos a estas exigencias. Su silencio hace pensar que siguen en las mismas.

 

  1. Y, desde esa idea, el evangelista presenta un singular y complicado relato que ha dado pie a diversas interpretaciones

Su texto consta de dos partes bien diferenciadas. La primera se lee así:

 “A los seis días Jesús se llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, los hizo subir a un monte alto, aparte, a ellos solos, y se transformó delante de ellos: sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como ningún batanero en la tierra es capaz de blanquear.

Se les apareció Elías con Moisés; estaban conversando con Jesús. Reaccionó Pedro diciéndole a Jesús:
– Rabbí, viene muy bien que estemos aquí nosotros; podríamos hacer tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

Es que no sabía cómo reaccionar, porque estaban aterrados.
Se formó una nube que los cubría, y hubo una voz desde la nube:
– Este es mi Hijo, el amado: escuchadlo.

Y, de pronto, al mirar alrededor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos” (Mc 9,2-8).

 

23.1. El texto comienza con un apunte temporal: “A los seis días”

Llama la atención esta concreción cuando con anterioridad no se ha hablado de fecha alguna. Marcos no ha aportado más referencia que el relato previo en el que Jesús les paró los pies a los discípulos y los puso en su sitio, estableciendo los dos requisitos INDISPENSABLES para poder seguir con él. La interpretación historicista del texto pasa de largo sobre esta anotación de “los seis días” considerándola con simpleza como un dato que confirma la realidad de los hechos. Tal lectura elude preguntar por qué Jesús esperó seis días para emprender esta acción. Tampoco se interesa por lo ocurrido en ese tiempo y dar con la razón que llevó al evangelista a dejar en blanco ese tramo de tiempo. Pero lo que demuestra el error de ese entendimiento historicista es que, a pesar de que Mateo mantuvo que fueron “seis días” (Mt 17,1), Lucas, en su lugar paralelo, no habla de “seis”, sino de “ocho”: “OCHO DÍAS después de este discurso” (Lc 9,28). ¿En qué quedamos? ¿Fueron seis o fueron ocho? ¿Quién acierta y quién se equivoca? Estas preguntas habrían de ser las lógicas entre quienes permanecen atentos a una explicación basada en hechos reales.

23.2. En esta entrada de Marcos (“A los seis días”; Καὶ μετὰ ἡμέρας ἓξ) encontramos la primera pista para entender correctamente el relato

El “seis” (ἕξ) tiene un doble significado. Por un lado, simboliza lo inacabado, lo que está por concluir. El “seis” reclama ser completado, dar remate a la obra tenida entre manos. Su culminación estará representada por el siete. Por otra parte, el día sexto alude al de la creación del ser humano. La fórmula inicial: “A los seis días” prepara y reclama estar atento ante una enseñanza nueva y fundamental: La que ilustra acerca de una Creación a falta aún de alcanzar su momento culminante y sobre la plenitud humana que la consuma.

23.3. El número “ocho” de Lucas viene a tener idéntico significado

El ‘ocho’ simboliza la realidad humana definitiva, el día que rebasa al de la misma Creación. Es el día primero de la semana (Jn 20,19), el que abre el nuevo período.  Ese es el sentido que tiene el número en el cuarto evangelio al hablar de la presencia de Jesús en la comunidad, aun encerrada en el miedo, después de haber sido ejecutado: “OCHO DÍAS después estaban de nuevo dentro de CASA sus discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús estando las puertas atrancadas, se hizo presente en el centro y dijo: -Paz con vosotros” (Jn 20,26).

23.4. Tras esta primera orientación respecto al sentido y contenido del relato, Marcos pone en movimiento a los personajes: “Jesús se llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan”

La iniciativa corresponde a Jesús. Él toma una decisión en la que involucra a tres discípulos. Ha resuelto llevarlos con él: “…se llevó consigo…” (παραλαμβάνει; “toma consigo”. El presente histórico activa a la comunidad y la impulsa a sentirse protagonista). Lo que el Galileo vaya a hacer les incumbe directamente. Se trata de algo a no olvidar que habrán de continuar aprendiendo en cada momento histórico.

23.5. Ha sido y sigue siendo habitual entender que se llevó con él a esos tres discípulos porque los tenía por sus íntimos,

algo nunca afirmado en ninguno de los cuatro evangelios. La razón de tomar consigo a esos tres no debe separarse del contexto: una situación de crisis y de oposición de los discípulos al Proyecto. Jesús se llevó con él ¡a los tres a los que puso mote! A Simón, al que previamente había llamado “Satanás”, el mismo que le negó antes de ser ejecutado, por su constante obcecación, le había llamado con el sobrenombre: “Piedra” (Πέτρος). Y a Santiago y a Juan por una declarada ambición que generaba una tormentosa situación en el grupo, les endosó el apodo: “Hijos del trueno”. Estos dos hermanos iban buscando los mejores puestos e intentando echar a un lado a quien les hiciera sombra. Jesús no se hizo acompañar de estos tres discípulos por razón de intimidad, sino debido a su testarudez. Los tres representaban lo más saliente de las fuertes convicciones nacionalistas del grupo. Eran quienes, por su influencia sobre el resto, precisaban alguna que otra instrucción especial aparte. No sería esta la primera vez que el Galileo lo hiciera. Ya hubo otro aleccionamiento a los tres obcecados con ocasión de la situación límite en que se hallaba el pueblo, expuesto figuradamente por el evangelista en el relato de la hija de Jairo (Mc 5, 35-43; https://www.atrio.org/2012/10/7776/). En esta nueva y crítica ocasión, tratando de orientar nuevamente la torcida y atolondrada mentalidad del colectivo de discípulos, el Galileo separará del resto del grupo a los tres testarudos para impartirles una exclusiva clase particular sobre el sentido del Proyecto.

 

  1. Marcos presenta la escenografía indicando el destino adonde se dirigen los personajes

El evangelista, puntilloso a más no poder, seguirá marcando la pauta de lectura con su forma de redactar: “…y los hizo subir a un monte alto…” (καὶ ἀναφέρει αὐτοὺς εἰς ὄρος ὑψηλὸν). Todo el peso de la acción descansa sobre Jesús. El texto permite imaginar no a cuatro amigos yendo, sino a uno, con una intención determinada y conocedor del destino, conduciendo a los otros tres, ignorantes del lugar y de la razón de dirigirse a esa determinada posición. El presente (ἀναφέρει) del verbo ἀναφέρω (‘llevar de abajo arriba’) sigue dando actualidad a la intervención de Jesús e insiste en señalarle como autor de la maniobra de llevar consigo a los discípulos. Ellos intervendrán a remolque de su acción.

24.1. El lugar escogido conforma el decorado: “…a un monte alto” (εἰς ὄρος ὑψηλὸν)

Marcos no identifica el monte ni da pistas concretas sobre su altura o ubicación. Se desinteresa completamente de esas cuestiones. Es la única vez que el evangelista habla de un monte escribiendo el término sin artículo. Sigue, pues, en la línea de hacer destacar el carácter figurado del relato. Desde el siglo IV, sin embargo, la tradición afirma que estos hechos se produjeron en el monte Tabor, una elevación en medio de una llanura situada en la Baja Galilea. Como parecía que dicho monte tenía escasa altura, en tiempos más cercanos a nosotros se han vertido otras hipótesis recurriendo a montes de mayor elevación (el monte Hermón, por ejemplo). Pero son simples conjeturas sin base alguna en el texto del evangelista. Se va descaminado preguntándose por el nombre del monte al que se dirigió el Galileo. El pico a alcanzar no es otro, sino el marcado por el prominente sentido del texto.

La búsqueda de sentido ha de orientarse siguiendo la dirección de la sobresaliente representación imaginada y redactada con inteligencia por Marcos. Él habla de un espacio separado de las bajuras donde se desarrolla el quehacer diario, un lugar simbólico que señala el punto donde el ser humano se eleva para encontrar desde su perspectiva un significado decisivo a la vida ordinaria. El texto precisa únicamente que se trata de “un monte alto”. El adjetivo “alto” (ὑψηλός) ofrece otra nueva pista, esta vez relativa a lo que el Galileo ha ido a hacer allí ante los tres atascados discípulos. Fuera de este texto de Marcos y el de su paralelo en Mateo, la expresión: “un monte alto” se escribe en el NT solo en otras dos ocasiones mostrando, con sentido también figurado, realidades opuestas:

    • los reinos del mundo con su gloria en el relato de las tentaciones de Mateo (Mt 4,8)
    • y la ciudad definitiva en el final del libro del Apocalipsis (Ap 21,10).

 

  1. Otros dos apuntes subrayan la acción de Jesús con los tres discípulos

Va a actuar con ellos en privado: “aparte” (κατ᾽ ἰδίαν; ‘en privado’, ‘separadamente’). Concentrará toda su atención en los tres. Son los que más necesitan enderezar sus planteamientos. El texto insiste en que serán solo ellos a quienes Jesús se dirija: “…a ellos solos” ( μόνους). Su cerrazón les impide entender el Mensaje y declarar los intereses que ocultan. Jesús perseguirá, por tanto, abrirles las entendederas y romper su silencio en privado. El relato del sordomudo está referido figuradamente a ese atranque crónico de los discípulos: “Le llevaron un sordo tartamudo y le suplicaron que le aplicase la mano. Lo tomó APARTE (κατ᾽ ἰδίαν), separándolo de la multitud, le metió los dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua” (Mc 7,32-33) (https://www.atrio.org/2010/10/la-semilla-de-la-igualdad-11/).

25.1. Una vez a solas en el enclave de altura, el evangelista informa de lo que Jesús vino a hacer con aquellos tres discípulos destacados por su obcecación: “…y se transformó” (καὶ μετεμορφώθη)

Prácticamente la totalidad de traducciones escribe: “…se transfiguró…” llevados por el empuje de la tradición que ha caminado durante siglos a remolque de la Vulgata de Jerónimo de Estridón, que tradujo: “…et transfiguratus est coram ipsis”. El verbo griego:  μεταμορφόω (‘transformar’), usado en pasiva como aquí se presenta, significa ‘transformarse’. De dicho verbo deriva nuestra palabra `metamorfosis’: transformación o cambio profundo. Pero ¿Cómo entenderlo? ¿En qué consistió esa transformación o cambio profundo?

El texto de Marcos no nos aporta explicación alguna sobre la realidad que el evangelista ha pretendido expresar usando el sentido del verbo μεταμορφόω (en voz pasiva: ‘transformarse’). En los evangelios solo aparece una vez más en iguales condiciones: en el paralelo de Mateo (Mt 17,2). En el resto de los escritos del NT lo encontramos usado dos veces en otras dos cartas de Pablo. Ambos textos dan suficientes datos para llegar a comprender el significado de ese verbo:

El primero se lee así:

“…y no os amoldéis al mundo este, sino idos TRANSFORMANDO con la nueva mentalidad, para ser vosotros capaces de distinguir lo que es el designio de Dios, lo bueno, conveniente y acabado”. (Rom 12,2).

El texto de Pablo anima a seguir una praxis. TRANSFORMARSE supone:

    • por un lado, NO CONFORMARSE al orden establecido; es decir, rechazar ser uno más de los integrados en la corriente general por la que se obliga a ir a la humanidad y dar la espalda a los principios de la sociedad del engaño establecidos y defendidos por ella como verdades inamovibles.
    • Por otro, la firme decisión de REFORMARSE O RENOVARSE, aceptando un nuevo proceder nacido de un modo de pensar alternativo. Esa TRANSFORMACIÓN otorga autonomía y permite reconocer el Proyecto Humano, el que trabaja en favor de los insignificantes, los saca de su indigencia y los conduce a la plenitud.

El segundo escribe:

“Y nosotros, que llevamos todos la cara descubierta y reflejamos la gloria del Señor, NOS VAMOS TRANSFORMANDO en su imagen con resplandor creciente; tal es el influjo del Espíritu del Señor” (II Cor 3,18).

Aquí se describe la marcha y la meta de la TRANSFORMACIÓN.  La calidad de vida que disfrutan los miembros de la comunidad les estimula a progresar y, en su avance, ir pareciéndose a Jesús, el modelo de plenitud humana, en su manera de ser, de pensar y de actuar.

25.2. Ante la resistencia de los discípulos a comprometerse con su Proyecto, el Galileo tratará de vencer la terquedad de los más recalcitrantes

Lo hará elevándolos a un nivel de comprensión superior al que usan habitualmente. Trata así de sugerirles que se decidan por un cambio profundo de mentalidad y de manera de actuar semejante al que a él le ha transformado. Pondrá, pues, ante sus ojos lo que pueden llegar a ser como humanos adhiriéndose sin reservas a su propuesta. Les explicará al detalle la ruta a seguir, la misma emprendida por él. Este aleccionamiento de Jesús dirigido en especial a los tres discípulos: “se transformó delante de ellos” (καὶ μετεμορφώθη ἔμπροσθεν αὐτῶν) fue descrito por Marcos en un formato figurado, idóneo para hacer pensar a los miembros de la comunidad destinataria de su escrito y, por extensión, a petrificados tozudos de todos los tiempos.

 

  1. El relato continua sin apreciar ningún cambio en el rostro ni en la figura física de Jesús

Es el amigo inconfundible de siempre. El único dato sobresaliente descrito por Marcos está referido a sus ropas: “…sus vestidos (τὰ ἱμάτια) se volvieron de un blanco deslumbrador…”. Tanto en el AT como en el NT, el vestido exterior o manto (ἱμάτιον) estaba considerado como una prolongación de la persona. Ese significado se percibe en el relato que narra la entrada de Jesús a Jerusalén. La multitud tiende sus mantos en el suelo al pasar el Galileo, demostrando ponerse a sus pies y señalar de ese modo el reconocimiento general a su condición real como Mesías: “Muchos alfombraban el camino con sus MANTOS (τὰ ἱμάτια αὐτῶν) (Mc 11,8).

Marcos persiste en el uso del sentido figurado como manera de destacar el atractivo de un ser humano transformado. El esplendor de su condición sobresale y asombra. La estrategia de la ambición y las cortas miras del nacionalismo decepcionan. La adhesión al Proyecto, en cambio, enaltece y encumbra hasta límites insospechados. Ese alto rango del Modelo Humano presenta trazas divinas, dirá Marcos, sugiriéndolo también con un ejemplo: “…como ningún batanero en la tierra es capaz de blanquear”.

 

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