Brindar al mundo “exceso” de amor misericordioso
como lo hace nuestro Dios
A ustedes que me escuchan yo les digo: Amen a sus enemigos, traten bien a los que los odian; bendigan a los que los maldicen, recen por los que los injurian. Al que te golpee en una mejilla, ofrécele la otra, al que te quite el manto no le niegues la túnica. Da a todo el que te pide, al que te quite algo no se lo reclames.Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? También los pecadores aman a sus amigos. Si hacen el bien a los que les hacen el bien, ¿qué mérito tienen? También los pecadores lo hacen. Si prestan algo a los que les pueden retribuir, ¿qué mérito tienen?
También los pecadores prestan para recobrar otro tanto. Por el contrario, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Así será grande su recompensa y serán hijos del Altísimo, que es generoso con ingratos y malvados. Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados. Perdonen y serán perdonados. Den y se les dará: recibirán una medida generosa, apretada, sacudida y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan serán medidos (Lucas 6, 27-38)
El domingo pasado reflexionábamos sobre el pasaje de las bienaventuranzas. El evangelio de hoy continúa esa presentación de los valores del reino mostrando tres actitudes concretas en las que se presenta la diferencia entre una sociedad donde cada uno ve por su propio interés y lo que ha de ser el actuar cristiano. La primera se refiere a los enemigos, a los que tratan mal o injurian. Sobre ellos se dice que se han de amar, tratar bien, bendecir, rezar por ellos. La segunda se refiere a los que usan la violencia o roban las pertenencias. La respuesta es no poner resistencia y darle todo lo que se tiene. La tercera es dar todo lo que pidan y si alguien quita algo, no reclamarle. Vistas estas actitudes en sociedades como las nuestras tan llenas de violencia y de aprovechamiento de unos sobre otros, resulta muy difícil ponerlo en práctica.
Pero la cuestión no es tomar al pie de la letra los ejemplos señalados sino entender el espíritu de lo que significa la vida cristiana. En realidad, se resume en la llamada “regla de oro”: hacer a los otros lo que queremos que ellos nos hagan. Y la fundamentación de tal actuar también radica en que la gente se porta bien con los que se portan bien, con las personas que ama. Pero no lo hace con los que no ama. Y aquí viene la pregunta para el cristiano: ¿Qué mérito se tiene si solo se hace el bien a los que se ama? Eso lo hacen todas las personas. La vida cristiana tiene algo más que ofrecer al mundo. Allí donde impera la violencia puede ponerse la paz. Allí donde impera el egoísmo, puede implementarse el compartir. Allí donde prima la indiferencia, puede ponerse la atención a los otros, buscando también lo mejor para ellos.
Ahora bien, la razón para este comportamiento lo explicita la segunda parte del evangelio: “Ser
compasivos o misericordiosos como Dios es misericordioso”. En este mismo texto, pero en la versión de Mateo, se dice “sean perfectos como el Padre celestial es perfecto”. Y ambos textos remiten al texto del Levítico (19,2): “sean santos como Dios es santo”. Ahora bien, la santidad en Israel implicaba la
“separación” para participar de lo sagrado y se hablaba de ello en el ámbito ritual. Conocemos que Jesús cuestiona esa pureza ritual que excluye a muchos. Por tanto, hablar de Dios como misericordioso puede ser mucho más significativo que los otros términos. De hecho, el Antiguo Testamento también habla de Dios como misericordioso y el evangelio de Lucas lo presenta en este texto muy diciente para sus destinatarios que son los pobres y excluidos.
La vida cristiana, por tanto, está llamada a testimoniar el amor misericordioso de Dios y esa misericordia siempre es “generosa, apretada, sacudida, rebosante”. Si hay algo que los cristianos pueden ofrecer al mundo de hoy es ese “exceso” de misericordia porque, efectivamente, todos necesitan de ese amor gratuito en muchos momentos de la vida y para algunos es la única posibilidad de levantarse de las situaciones de injusticia a las que las estructuras de pecado los someten. El evangelio termina con el refrán de oro expresado de otra manera: “de la forma que midan, así serán medidos”. Ojalá que estos valores del reino sean vividos con mayor radicalidad, con total generosidad como Dios mismo lo hace con absolutamente todos sus hijos, aunque sean ingratos y malvados.

Y la idea de que ese Dios es el dueño de la Vida y de La Muerte, es una idea devastadora. Absolutamente devastadora. Pero claro, no soy cristiana y… Pues no puedo competir con los cristianos auténticos. Pero pensar, ya lo creo que puedo pensar. Y decidir dentro de la legalidad, también. Sorry.
No sé si una sedación terminal se considera eutanasia. No lo sé. Pero lo volvería a hacer. No hubo problema. Lo estaban esperando. Y dije: hasta aquí. Y el médico de urgencias, después de haber subido mil veces por la noche durante aquellos días, un día me dijo: son conscientes de lo que le sucede a su madre? Y eso me hizo pensar. Y tomé la decisión. La volvería a tomar. Pero, no hay día que no lo recuerde. Y es ese poso que te deja el cristianismo de que el sufrimiento… Pero lo vencí. Y ya está.
Por puro amor permití que a mí hermana le suministrasen la sedación final. Estaban esperando mi consentimiento, convencidos de que era su hija. Mayor que su hermana pequeña 18 años. Hasta que dije: hasta aquí. Ni mu a mis otros cuatro hermanos mayores, ventajas de ser su hija y haber estado a su lado cuarenta días en el hospital. No hay un solo día que no lo recuerde. Y siempre pienso: lo volvería a hacer. Nadie, nadie debe morir inhumanamente, por mucho valor que ustedes le den al sufrimiento. Y, lecciones de Amor, las justas. Las llevo fatal. Muy mal. Fatal. Ustedes sigan con su amor , yo seguiré con el mío. El mío es humano. Totalmente. Absolutamente humano. El de su Dios, ni idea.
Amiga Carmen: Vaya para ti y también para los y las comentaristas que siguen un cordial saludo. Comparto mucho, mucho lo que algunas pensáis. Y por ello hago una reflexión, que aunque requiera matices vale para transmitir lo que siento en estos casos de dolor.
-Comienzo diciendo que la eutanasia -bien controlada- en casos terminales no solo me parece una buena obra, sino que la veo como una obra de caridad. Dios Padre no quiere el sufrimiento -no puede quererlo-, solo pide que lo aceptemos como parte inevitable en nuestra situación encarnada. La materia inevitablemente falla. No olvidar que nuestra encarnación en materia es la opción del amor por lo más frágil… Tanto que es el AMOR el que explica incluso el mal… (No me extiendo: Torres Queiruga lo explica muy bien.) La muerte de Jesús no puede, no debe -siempre a mi juicio- concebirse como muerte expiatoria… Pensar así, equivaldría a una gravísima deformación del concepto del Dios Padre de Jesús.
-Por eso insisto en que, en casos terminales, la eutanasia, aplicada con amor, es una obra de caridad, de caridad. El Dios de Jesús no quiere sufrimiento, sino amor en el cielo y en la tierra. Por eso, es importante no confundir la penitencia que causaba dolor y que se imponía tradicionalmente, con la obra de «poda» para que nuestro hermano cuerpo -y sus egos íntimos- crezca mejor, y más robusto dé mejores frutos… La poda íntima no es la penitencia tradicional del cilicio etc. Es preparar el terreno para una mejor floración sin egos… que matan la convivencia y el desarrollo personal.
-Por eso, en la Iglesia de Jesús, compuesta -y dirigida- por personas a veces demasiado humanas, hay que hacer también mucha poda. Poda de estructuras, de ideas y de cultos…, no siempre evangélicos… Poda-revisión que alcance también a los concilios. Donde haya seres humanos que enseñan o dictan normas debe haber revisiones. Esto no equivale a rebajarnos, sino a reconocer nuestros límites y aceptarlos.
Siguiendo el hilo existencial sobre el sufrimiento humano, sin amor, el sufrimiento humano carece de sentido. El sentido no se encuentra en nosotros ya que el Amor procede de Dios y todo fue hecho por Amor ya que Dios es Amor en si mismo…Pero el Amor “de caridad” no es un mero sentimiento atractivo y sensual,….sino que reside en la fuerza y poder de la voluntad para desear el bien a lo que amamos, querer lo mejor para el ser amado….y querer sacrificarnos por lo que deseamos en el mismo Amor de Dios Es por ese Amor desbordado por lo que existe la Creación, es por Amor por lo que hemos venido a existir, es por Amor por lo que el mundo se mueve, es por Amor por lo que nos “sostenemos” en el vivir, es por Amor a nosotros por lo que Jesús entregó voluntariamente Su vida en la Cruz, y es en el Amor por lo que debemos vivir y morir. El sentido de la vida se encuentra en que podemos ofrecer nuestro sufrimiento en la vida y aceptar el tránsito de la muerte en el Amor misericordioso de Jesús. Sin fe, el sufrimiento se convierte en un “sin sentido”…y es exactamente la “desesperación” general que estamos presenciando en este mundo actual, con los innumerables y horrendos crímenes diarios de todas clases que nos llegan por “los medios” cada día, sin contar el terrorismo, las guerras fratricidas, los suicidios en todas las edades etc etc que revelan la pérdida del verdadero sentido de la existencia que solamente podemos encontrar en el amor a nuestros hermanos y a Dios…que es el resumen cabal y perfecto de la Ley del Amor en la eternidad del Padre..Un saludo cordialSantiago Hernández
Jesús nos invita siempre a la oración -a pedirle al Padre en Su nombre- ya que el Padre ve hasta el más secreto deseo del corazón humano desde “el presente” de Su Eternidad infinita. Hemos de ofrecer una oración por Francisco en este momento de dolor ante esta situación “crítica” de salud para que en la Misericordia de Dios se cumpla y se acepte Su voluntad que será Su designio impenetrable pero siempre dirigido “al bien de los que Le aman”. Un saludo cordial
Santiago Hernández
No, no hablo de curación. No. La naturaleza seguirá su curso y la medicina hará lo que pueda. Solamente me gustaría que no sufriese más de lo necesario. No sé. Yo sí creo en algo que no sé qué es, de hecho es una frase muy recurrente en mi personica, reza por mí que yo no puedo. La verdad, creía que vosotros sí creíais en la oración. No de petición, no. Sencillamente en la oración. Como te darás cuenta, no os entiendo en absoluto. Vosotros tampoco a mí, así que estamos en paz. No lo puedes puedo remediar. Si sé que alguien conocido está sufriendo y … Pues echo un montón de menos una varita mágica. En cuanto a lo que suceda en la iglesia cuando este señor deje el cargo por la causa que sea…el tiempo dirá. Hay respuestas que únicamente guarda el tiempo. Para una persona de mente clásica como la mía que se quedó en Eintein. No me preocupa nada ese tema. Me preocupa el señor, pobrecico, tan mayor y a lo mejor pensando que se ha equivocado en cosas importantes. No sé. Para mi, que he visto desaparecer a muchas personas, lo definitivo es llegar al momento ese de caer en el vacío en paz. Con paz interior. Y con el menor sufrimiento posible. Eso es lo que le deseo. Tanto tiempo viéndolo…es que parece de la familia, no sé…
Utilizo el Responder. Gracias.
Voy a hacer mi comentario, procurando, como hago siempre, no molestar a nadie, pero también lo voy a hacer con sinceridad.
Cuando yo voy a un templo, ya sé que todo lo que allí se diga va a ser desde la fe cristiana, y si voluntariamente voy a una procesión de semana santa en la que abundan la crueldad, el dolor, la sangre o las lágrimas, me diré a mi misma, ya sabes a donde venías.
Según el principio de que Atrio es un lugar de «encuentro entre lo profano y lo sagrado», siempre he interpretando por mí, esta afirmación de la siguiente manera: lo sagrado, como “lo religioso” y lo profano como “lo no religioso. (si me equivoco, podéis rectificarme), porque sagradas son muchas cosas en la vida que no entran en el campo de las religiones. Y es por eso por lo que la mayor parte de mis escritos han ido en el sentido de que sagrado no es equivalente a creencia religiosa.
Yo, nacida en una sociedad católica tradicionalista, he vivido dentro de ella durante gran parte de mi vida como agente pasivo, creyéndome todo; cuando pasé a agente activo, comencé a plantearme muchas enseñanzas ortodoxas hasta ese momento, comencé a fijarme más en el mensaje humano del Evangelio desde la praxis de Jesús, y, por tanto cuestionándome de forma consciente lo que yo llamo “sermones”, leyendo mucho, mucho, informándome todo lo que me ha sido posible, desde la exégesis científica y la hermenéutica, asistiendo al Congreso de Teología de Madrid casi cuarenta años y, no voy a negar que ello me llevó a crear mi proyecto de vida en el que tan válidos eran estos valores evangélicos como que son o deben ser compatibles con los derechos humanos y la ética civil, nunca poniendo por delante afirmaciones del evangelio por encima de los otros sin su exégesis correspondiente.
Me voy a referir a los comentarios anteriores hablando del sufrimiento propio y ajeno al que me sumo con mi solidaridad y empatía, trátese de que la persona sea importante o anónima. Desde hace más de cuarenta años, cuando salí del círculo de las creencias tradicionales y entré en comunidades de base que inyectaban prioritariamente la empatía de Jesús con los más vulnerables, sin preguntarles si eran creyentes o no, enfoqué mi vida a participar en todas aquellas plataformas que trabajaban por causas justas y solidarias con quienes sufren para buscar la causa y, a ser posible, eliminar su sufrimiento. Eso sí, mis fundamentos se afianzaban en mi entorno familiar desde mis convicciones más profundas sin darle diferente valor por el hecho de que fuesen creyentes religiosos o no.
Ese es el peligro de las religiones, que, a lo largo de la historia ha llevado a cabo tantas guerras entre “buenos y malos”. No hace falta hacer un relato histórico de estos hechos. Pero creo que ese principio de “se lo tiene merecido” o el de «es designio divino«, ha entrado en vena social muy profundamente.
Cuando se habla de sufrimiento de una persona creyente, que agota todas las posibilidades humanas, acude al recurso o como queramos llamar, de confiar en Dios, de ofrecer su sufrimiento a Dios (yo no sé para qué, pero cada cual es cada cual), o de que Jesús con su sufrimiento salvó el mundo o que Jesús cargó con todo el sufrimiento del mundo por amor, pues mis respetos a quien se agarre a esa tabla de salvación, pero también, digo que, para mí el sufrimiento es inútil y absurdo y no sirve para nada, Lo acepto porque entra en la condición humana, pero rechazo que entre en los planes de cualquier Dios creador y Padre
Por otra parte, yo pienso que la enfermedad es una cosa y la persona enferma es otra, así como no hay que olvidar a los familiares que sufren o sufrimos ante la impotencia de no poder evitarlo. Hay que ser realista.
Pongo dos ejemplos que yo estoy sufriendo en estos momentos. Yo tengo una persona muy, muy querida que lleva cuatro meses retorciéndose de dolor a pesar del cuidado constante de médicos, intervenciones quirúrgicas y de medicamentos, incluido el fentalino ocasional cuando nada le hace efecto. A pesar de ser creyente, ni se acuerda de Dios, lora y llora porque no entiende nada. A la vez, tengo otra persona igual, muy, muy queridísima, con una enfermedad mental, está en tratamiento e ingresada y, así y todo, está sufriendo muchísimo. Ayer, al acabar de hablar por teléfono con ésta última y escucharla llorar y, solamente escucharla, diciéndole lo mucho que la quiero y diciéndome que, con que la escuche, ya le hago mucho bien. Y hoy igual. Mientras hablaba con ella, ayer vi la llamada de la otra persona, a la que llamé inmediatamente, también llorando, hasta el punto que tuvo que cortar un ratito la llamada porque el llanto no le permitía hablar. Os podéis imaginar cómo me quedé yo y cómo estoy yo.
Y conozco tantos casos conocidos, que lo de meter a Dios por medio, lo veo rayando la crueldad, salvo para el sujeto que le sirva de consuelo y lo haga voluntariamente; algo es algo, pero no es universalizable ni siquiera entre los y las creyentes. Ya he dicho en varias ocasiones que la teología de la cruz y todo lo que supone, hay que manejarla con mucho cuidado, no tanto el saber estar al lado, manifestar tu cariño y saber que estás ahí con toda la empatía posible. A veces la filosofía o las teorías o teologías del sufrimiento, no sirven de nada, en cambio, el amor, nunca estorba, a cambio de nada referido al premio divino. El amor tiene sentido en sí mismo.
Pido disculpas porque, últimamente me salen unos comentarios demasiado largos, pero no sé reducirlos.
Nada de largo, Ana.
Cuando se escribe sinceramente de lo que a uno le acontece y cómo reacciona en cada mmento o a lo largo de una vida, todo se lee con fruto personal y todo hace reflexionar sobre uno mismo. Yo te contestaría extensamente. Pero no puedo entretenerme tanto como quisiera. Pero sí te envío, ¡a nuestra joven bisabuela!, un agradecido abrazo.
Perdón. No sé dónde poner esto.Acabo de ver en un mensaje de esos que pasan mientras dan las noticias, que el Papa necesita respiración asistida. Eso no es tener dificultad para respirar, es no poder respirar por él mismo. No sé. Ustedes, los que creen en un Dios personal y esas cosas, echen un rezo por él. El sufrimiento no vale para nada, solamente es sufrimiento. Pobrecico, tan mayor… Es que no puedo hacer algo en lo que no creo, pero ustedes sí. Por favor. Me da mucha lastimica. Perdón,no sé dónde ponerlo.
Haces bien, Carmen, en expresar aquí cómo estás viviendo personalmente la grave enfermedad del papa. Hasta la rueda de prensa de los médicos el viernes pro la tarde en que se decía bien claro el difícil equilibrio en que estaba en claro peligro su situación médica y tras las ya alarmantes noticias de ayer sobre la crisis pulmonar y sanguínea que tuvo, yo ví claro que iba ser difícil superar esa situación y volver a poder cumplir los compromisos acumulados de este Año Santo, repleto de actos y agravado por las grandes crisis geopolíticas.
En resumidas cuentas. El fin del pontificado se acerca, o por muerte natural o por renuncia voluntaria.
Y confieso que desde el viernes me he sentido más unido aún a la persona de Jorge Bergoglio, con cuya herencia y trabajo personal por una de una espiritualidad humana y de fe cristiana auténtica me sentía muy sintonizado. Así lo explicaba en mi artículo del día 1 de febrero: https://www.atrio.org/2025/01/la-raices-humanas-de-la-esperanza-de-francisco/
M he sentido desde anteayer más unido que nunca a su persona, deseando quee en estos momentos de enfermedad acapte sobre todo saberse querido por Dios, que es mucho más que saberse querido por tantos millones de personas en todo el mundo, lo cual tiene la tentación de crearte a tí mismo una falta seguridad. Ahora se trata de que el próximas horas o días que le quede auno de lucidez decida no hacer nada por mejorar su iaagen. Ya le sugería que hace tiempo, pensando en este tipo de situaciones, sería bueno que prohibiese por decreto que los papas fueran beatificados antes de medio o un siglo de su muerte, para evitar lo de «papa subito».
Pero, silo tuviera preparado en la recámara, sería oportuno que publicara normas que seguramento otros habrán sugerido sobre cómo hacer más eficaz el nombramiento de un nuevo papa, sin presiones políticas exteriores (siempre las ha habido y ahora podrían ser terribles) y haciendo temporal el mandato, al menos como recomentación o declaración del elegido. Si no, el peligro de elegir a uno que permanezca más de 25 años en el cargo, o a uno viejo con pocos años y salud para llevar a puerto una reforma.
Ya me gustaría tener la claridad de reflxionar y expresar mejor lo que pienso. Tal vez lo haga en mi próximo artículo que no fui capaz de escribir el viernes.
Entretanto, te digo, Carmen y digo a todos, que me siento muy muy unido en estos instantes decisivos de enfermedad grace; que me gustaría que la venciese y saliese con más humildad y fe de la prueba, pero que no soy capaz de pedir a mi Dios, al Dios de Jesús, nada por su curación. No sé si podría hacer Él algo extraordinario o sobrenatural a parte de lo que puedan hacer su compleja estructura biológica o la ciencia y atención de los sanitarios. Ni cuando mis padres o hermanos fui capaz de dirigir a Dios ese tipo de oración de petición. Solo, en su nombre, hice y hago una oración de profunda adoración y confianza en que Él nos ama y acoge en sus manos la vida de cada persona.
Y seguiremos reflexinando y comentando por aquí o en nuevos hilos. AD.
¡Hola, ANTIGUOS atrieros (hace unos 13 años)!
¿Se imaginan lo que nos estamos perdiendo, en el caso que estuviera vivo PEPE SALA:
¡los DIÁLOGOS con CARMEN serían de antología!
……………….
PEPE SALA – 11/06/2012, 18:57 pm
Con mucho gusto, Oscar, dialogo contigo respecto a las diferentes formas de interpretar los asuntos “espirituales” (y milagrosos, jejeje)
Yo creo que no hemos avanzado demasiado desde aquellos lejanos tiempos de nuestra edad media. Bien es cierto que algunos “juglares” se han arrimado demasiado a los clérigos y algunos clérigos (poquísimos y contados con los dedos de las manos) se han bajado del burro clerical y han pisado TIERRA. Pero, en lo fundamental, seguimos casi igual que en ” in illo témpore”:
Justo es reconocer que la represión y el peligro de ser ” tostado” como un jugoso churrasco argentino llevó a la gente sencilla ( e ignorante, más que sencilla) a asumir como propias las tradiciones que los clérigos les imponían. Y no hay mayor fanático de lo tradicional que el IGNORANTE convencido de que será muy sabio si asume lo que le muestran los supuestos ” sabios”.
Así nos luce el pelo en este jodido mundo mundial donde personas con carreras superiores de Universidad siguen empeñados en hacernos tragar ruedas de molino ( apariciones, milagros imposibles, reliquias que cuestan un riñón, aguas que curan montones de males…) y ¡ ay! de aquel que no se trague la píldora.
Bueno, pues yo no me la trago. Ni la de Mateo, ni la de Marcos ni la de Judas Tadeo… ¿Jesucristo y su “reino”?
Lo siento, pero prefiero seguir siendo republicano y no admito ningún tipo de “reino”, puesto que TODOS LOS REYES son acaparadores de ventajas ante sus “súbditos”.
Saludos, pues. (Tengo ganas de hacer un comentario respecto de los “milagros” tan abundantes que se dieron y se dan en nuestro famosísimo Camino Xacobeo. Y hablo de la actualidad, no de la edad media… aunque lo parezca.)
Estimada Carmen,
Gracias por tu mensaje y por la sinceridad con la que compartes tus sentimientos. Es conmovedor que, aunque no compartas la fe en un Dios personal, te brote un sentimiento genuino de compasión hacia el Papa y supongo que a hacia los demás también. Eso dice mucho de tu humanidad. Además tu reflexión esta bien traída al comentario del evangelio de hoy.
Entiendo que el sufrimiento puede parecerte algo absurdo y sin sentido. Nadie, creyente o no, lo busca por sí mismo. Pero en la fe del cristiano, el sufrimiento, todo sufrimiento, no es visto como un fin inútil, sino como una realidad que, asumida libremente con amor y esperanza, y habiendo agotado todos los medios para evitarlo, nos dignifica. En este caso el sufrimiento es un valor activo. No se trata de glorificar el dolor, sino de reconocer que incluso en medio del sufrimiento puede surgir un valor profundo en el mismo. La entrega, la paciencia, la solidaridad con otros que también sufren, y en la unión con Aquel que, según nuestra fe, la de los que sí creemos en un Dios Personal, cargó con el sufrimiento del mundo por amor. No lo buscó y mucho menos lo evitó. Lo asumió libremente como ofrenda, sabiendo y mostrándonos que el sufrimiento no está por encima de su libertad. Para el cristiano, la vida, es un don recibido, del que se siente responsable, y ante la fatalidad inevitable ofrece su sufrimiento a quien le dio el don de la vida, confiando plenamente en Aquel que no lo evitó al mostrarnos estar por encima de todo sufrimiento.
Bien traído tu ruego. En tu subconsciente hay un susurro del valor de la oración y que tu consciente así lo acaba de expresar.