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La Buena Noticia (5/21)

 ANUNCIO DEL EVANGELIO (II)

6. La plenitud al alcance de la mano

        Siguiendo el texto de Marcos, las primeras palabras pronunciadas por Jesús al anunciar El Evangelio:

        “Se ha cumplido el plazo” (Πεπλήρωται ὁ καιρὸς)

7. A solo un paso

        informan sobre un punto de inflexión en la historia. Nada más salir a escena, el Galileo empieza proclamando con insólito atrevimiento el final de una larga etapa saturada de calamidades. Según su declaración, se había superado ese tiempo pasado, distinguido por un orden injusto que había pisoteado y machacado la vida del pueblo. El aguante ya no daba más de sí.

 

8. El tiempo como ‘andar’ y ‘alcanzar’

        El sustantivo καιρός (‘tiempo’, ‘ocasión’, ‘momento oportuno’, ‘coyuntura’), escrito con artículo (ὁ καιρός), se emplea aquí con un doble sentido: habla de un amplísimo sector de tiempo determinado y, a la vez, de una circunstancia concreta que da fin a dicho período.

        Dicho término: ὁ καιρός alude a una época anterior infructuosa. Ese mismo sentido tiene en el relato de la maldición de la higuera:

“Viendo de lejos una higuera con hojas, fue a ver si encontraba algo en ella, pero al acercarse no encontró nada más que hojas, porque el tiempo (ὁ καιρός) no había sido de higos” (Mc 11,13).

        En este punto, conviene concretar poniendo límites a la amplitud de ese tiempo:

 

9. Concejales desaconsejables

        Habiendo salido de una oscura y larga etapa de esclavitud en Egipto y nacido en la libertad, el pueblo israelita contaba con experiencia suficiente para haber desarrollado una larga historia de fraternidad. Sin embargo, sus gentes claudicaron ante las dificultades, renunciaron a enfrentarse a ellas defendiendo una organización horizontal y se emperraron en imitar el modelo piramidal utilizado por el resto de pueblos:

 “Los concejales de Israel se reunieron y fueron a entrevistarse con Samuel en Ramá. Le dijeron: Mira, tú eres ya viejo y tus hijos no se comportan como tú. Nómbranos un rey que nos gobierne, como se hace en todas las naciones” (I Sam 8, 3-5).

        El rechazo de una estructura social basada en la igualdad, la justicia y la fraternidad representaba desestimar la única soberanía garante de dicha plantilla:

“El Señor le respondió (a Samuel): Haz caso al pueblo en todo lo que te pidan. No te rechazan a ti, sino a mí; NO ME QUIEREN POR REY” (I Sam 8,7).

        Las consecuencias de tal determinación habían sido ya experimentadas por el resto de naciones. Y el pueblo fue avisado convenientemente respecto a lo que se exponía:

        “Hazles caso; pero adviérteles bien claro, explícales los derechos del rey».
Samuel comunicó la palabra del Señor a la gente que le pedía un rey. Estos son los derechos del rey que los regirá: a sus hijos los llevará para destinarlos en sus destacamentos de carros y caballería y para que vayan delante de su carroza; los empleará como jefes y oficiales en su ejército, como aradores de sus campos y segadores de su cosecha, como fabricantes de armamentos y de pertrechos para sus carros. A sus hijas se las llevará como perfumistas, cocineras y reposteras. Sus campos, viñas y los mejores olivares se los quitará para dárselos a sus ministros. De su grano y sus viñas les exigirá diezmos, para dárselos a sus funcionarios y ministros. A sus sirvientes y sirvientas, sus mejores burros y bueyes se los llevará para usarlos en su propia hacienda. De sus rebaños les exigirá diezmos. ¡Y ustedes mismos serán sus esclavos!” (I Sam 8, 9-17).

 

10. Dos Sistemas socio-políticos contrapuestos

        Resulta evidente que se habla de dos sistemas sociales opuestos e incompatibles: el de la libertad, el único que Dios avala, y el del sometimiento y la esclavitud, regido por los poderosos. Ni uno ni otro están referidos a espiritualidades o doctrinas religiosas, ni describen tiempos o actos litúrgicos. Exponen sencillamente cuestiones de carácter socio-político con sus efectos y desenlace final, determinados en función de las decisiones tomadas por los integrantes de la nación.

        10.1 Instauración del Sistema aplastante de los poderosos

        Además de entrar en un tiempo improductivo, el grave retroceso condujo al pueblo a una situación de servidumbre y penuria de largos siglos de duración. Un interminable período en el que los tiranos y poderosos se despacharon a sus anchas. Enronquecieron los profetas denunciando disparates, abandonos, fraudes, desmanes, latrocinios y homicidios de todos los colores, pero la realidad fue de mal en peor por mucho que aquellos se desgañitaron. Los imperios dominantes de turno se fueron pasando de mano en mano el vasallaje del pueblo judío. Y este no tuvo más remedio que apechugar con el fatal resultado de su histórica equivocación. Floreció el desaliento, y el pueblo, atiborrado de esperanza, claudicó ante todas las desgracias que se le fueron viniendo encima.

        10.2 ¡Clamores desesperados!

        Conscientes de que sus denuncias caían en saco roto, los profetas pasaron a las declaraciones amenazantes. Auguraron calamidades y ruina contra los responsables del pueblo y quienes engordaban a costa de la miseria y el hambre de la gente. El cumplimiento de tales maldiciones estaba asegurado porque se había comprometido a llevarlo a cabo el mismo Yahvé, que no estaba ya por seguir tolerando tamañas injusticias y tantas y continuas infidelidades al Proyecto humano fruto de su inmensa esplendidez. ¡Pero ni por esas! De manera que los profetas estuvieron convencidos de que la solución al problema humano no podría salir de los responsables del pueblo. Sería obra exclusiva de Yahvé. Y anunciaron a bombo y platillo su decisiva intervención. Sería ese el momento culminante en que se implantaría la Justicia de manera definitiva.

        10.3 Los Profetas o el tanteo de una escapatoria

        La conjugación de devastación y salvación, acometividad y ternura, resulta habitual en los escritos de los profetas. Ellos trataron, pues, de levantar el ánimo de la gente ilusionándola con poner todas las cosas en su sitio: la Paz. No encontraron mejor fórmula que anunciar la intervención divina frente a la debacle. La salvación llegaría por medio de un ser humano respaldado por Dios y de probada lealtad a su Programa:

“Mirad, el Señor de los ejércitos desgaja con violencia el ramaje,
son talados los árboles próceres, los más altos se desploman;
es cortada a hachazos la espesura del bosque
y a manos del Poderoso el Líbano va cayendo.
Pero, retoñará en tocón de Jesé, de su cepa brotará un vástago,
sobre el cuál se posará el espíritu del Señor;
espíritu de sensatez e inteligencia,
espíritu de valor y de prudencia,
espíritu de conocimiento y respeto del Señor.
No juzgará por apariencia ni sentenciará solo de oídas;
juzgará con justicia a los desvalidos,
sentenciará con rectitud a los oprimidos;
ejecutará al violento con el cetro de su sentencia
y con su aliento dará muerte al culpable.
Se terciará como banda la justicia
Y se ceñirá como fajín la verdad”
(Is 10,13.14 – 11, 1-5).

        10.4 El pueblo buscando quien lo lidere

        El pueblo estuvo convencido desde época muy temprana de que los acontecimientos anunciados por los profetas respecto a una intervención definitiva de Dios se harían realidad. Yahvé (“el Campeón”) no engaña. Él nunca se echaría atrás:

“El Campeón de Israel no miente ni se arrepiente, porque no es un ser humano para arrepentirse” (I Sam 15,29).

        10.5 Actuaciones desesperadas para precipitar el momento

        Así pues, las promesas de los profetas asegurando una intervención divina para establecer la Paz definitiva generó en la gente ilusión, nuevo aguante y esperanza. Pero el ánimo fue decreciendo a medida que se alargaba la espera. De manera que surgieron movimientos intentando acelerar la llegada del momento prometido. Unos, obsesionados con la religión y desentendidos de los graves problemas de la gente, aseguraban que el cumplimiento de la Ley avanzaría la futura época. Imponían, pues, su escrupulosa intransigencia religiosa obligando al pueblo a cumplir una descabellada preceptiva declarada por ellos de autoría divina. Otros, pertenecientes a los sectores más aplastados y significados por su fanatismo nacionalista, usaron la violencia contra el imperio dominante de turno como medio de acercar la fecha anhelada. Algunos, mezcla de religiosidad y fanatismo violento, desconectaron de la vida social y se enclaustraron sometiéndose a reglas y rituales persuadidos de ser avanzadilla de la ansiada justicia. Las autoridades regidoras de las instituciones y los poderosos no esperaban más cambio que aquel que les afianzara en sus acomodadas posiciones.

 

11.El momento explosivo del Bautista

        A pesar de los diversos intentos por acelerar el instante decisivo, el tiempo pasaba inflándose de calamidades. La injusticia se había colado por todas las rendijas de la sociedad. Reinaba el abatimiento. Ante el abandono y desconsuelo de la gente, el Bautista alentó la esperanza avisando de la cercanía del momento. Y llamó a estar preparado. Se requería únicamente renunciar decididamente a la injusticia. Jesús dio por válido el movimiento de Juan participando en él. El encarcelamiento del Bautista resultó una nueva frustración de las esperanzas. El Galileo, en cambio, lo consideró como señal del agotamiento de la paciencia y el reventón del tiempo de espera. ¡SE ACABÓ LA PACIENCIA! Había llegado el momento oportuno: ὁ καιρός.

 

12. Jesús toma la iniciativa y asume la responsabilidad

        El perfecto griego Πεπλήρωται (“Se ha cumplido”) del verbo πληρόω (‘llenar’, ‘completar’; en su voz pasiva, como aquí aparece escrito: ‘cumplirse’, ‘realizarse’) está referido a ὁ καιρός, ese dilatado tiempo cargado hasta los topes de desdichas y al momento específico que lo ha dejado atrás: el encarcelamiento del Bautista. Dicho por Jesús, Πεπλήρωται (“Se ha cumplido”) declara agotada la capacidad del pueblo de soportar más humillaciones. Resulta inútil continuar aguardando una intervención de Dios para arreglar de una vez y para siempre el grave problema que afecta a los más débiles. Tras una prolongada experiencia sufriendo repulsas y humillaciones públicas, el Galileo resolvió no confiar en una intervención divina. Sin embargo, sí demostró ser divina la facultad del ser humano de derribar las barreras establecidas por el orden injusto, de poner en pie a los postrados e impulsarlos a tomar la iniciativa y echar a andar:

“Pues para que veáis que el Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados… -le dice al paralítico:

A ti te digo: Levántate, carga con tu camilla y márchate a tu casa” (Mc 2, 10-11).

 

13. Dios no interviene en la historia

        La historia es andadura y tarea humana. El establecimiento de la Paz definitiva, que la religión insiste en alargar en el tiempo y dejar en manos divinas, corresponde exclusivamente al ser humano. ¡Y reclama actuaciones de extrema urgencia! Así lo entendió Jesús. Con el Galileo, la esperanza en el futuro pasó a ser cosa del pasado. De manera que se presentó en Galilea proclamando con arrojo haber acabado el tiempo de espera: “Se ha cumplido el plazo”.

 

14. Plazo cumplido para los desesperados

        “Se ha cumplido el plazo” asegura el final de la negra desesperación, de un pasado de infortunio para los pobres, y el comienzo de una etapa caracterizada por aportar la solución al problema humano. “Se ha cumplido el plazo” es un portazo al sistema donde impera la injusticia y la desigualdad y una puerta abierta a una soñada utopía hecha realidad.

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