VOLVER AL EVANGELIO (II)
14. Malversaciones al Evangelio
El Galileo presentó a la sociedad de su tiempo el Evangelio como Proyecto de vida y no como un nuevo régimen de creencias. La felicidad dependía de ese recién inaugurado y definitivo modo de vivir. La vida que Jesús propuso superaba el individualismo poniendo en primer plano la solidaridad, la justicia y la fraternidad. La puesta en marcha del Evangelio hacía posible dejar atrás la tristeza, el miedo, la esclavitud y la muerte…, ¡y empezar a respirar!
Muy temprano, sin embargo, se produjeron algunos movimientos desacertados que provocaron serias carencias en la comprensión y el desarrollo del Proyecto.
14.1. el olvido
Uno de ellos fue cómo el texto de Marcos cayó en el olvido. Al haber sido asimilado por Mateo y Lucas, el más antiguo de los evangelios acabó siendo ocultado en el agujero negro del abandono. Con el tiempo llegó a pensarse que Marcos era un resumen de Mateo. De manera que su evangelio se ignoró hasta el punto de que se prescindió de su estudio durante aproximadamente diecisiete siglos.
14.2. por sobrio y sin fantasías
Marcos no respondía a la tendencia surgida cercano el final del primer siglo de idealizar la figura de Jesús de Nazaret. El evangelista no se había interesado por su nacimiento ni asoció su condición de hijo de Dios a una intervención sobrenatural ¡sobre una niña de alrededor de trece años! Dejó claro desde el principio que fue su compromiso por la justicia la que le acreditó haber alcanzado tal categoría humana, la de Hijo, y contar con el máximo aval:
“Inmediatamente, mientras salía del agua… Hubo una voz del cielo:
– Tu eres mi Hijo, el amado, en ti he puesto mi favor” (Mc 1, 10.11).
14.3. solo la cruda realidad familiar
Es más, a Marcos, que nunca nombra en su texto a José, no le tembló el pulso al escribir que el Galileo fue tenido y tratado como ilegítimo. Ese es el significado del cáustico interrogante de sus paisanos en la escena que narra el regreso a su pueblo con el colectivo de discípulos (https://www.atrio.org/2012/10/leyendo-a-marcos-22/):
“¿No es este el carpintero EL HIJO DE MARÍA…?” (Mc 6,3).
Tanto Mateo (13,55) como Lucas (4,22) modificaron el escandaloso texto de Marcos para hacer desaparecer la mofa con que le vejaron los aldeanos de Nazaret, unos vecinos conocedores al detalle de sus antecedentes familiares y de una vida compartida junto a ellos desde su edad más temprana.
14.4 y de seguidores interesados al compás de un cabeza dura
Marcos también contó a las claras y sin pelos en la lengua la realidad de la actitud y pretenciosas ambiciones de los discípulos más significados mientras anduvieron acompañando a su Maestro con intenciones ocultas. En especial, dejó en muy mal lugar a Pedro. Y no trató, como hicieron los otros evangelistas, de incorporar al texto algún relato restaurando su imagen.
14.5. Nada de embelesos finales. La pura verdad
Tampoco narró Marcos apariciones del Galileo tras ser ejecutado. El brusco final de su obra:
“Salieron (las mujeres) huyendo del sepulcro del temblor y el espanto que les entró, y no dijeron nada a nadie, del miedo que tenían” (Mc 16,8),
fue remendado mucho más tarde por manos desconocidas con dos postizos (Mc 16, 9-20) obtenidos a partir de retales entresacados de Mateo y Lucas.
Previamente, Marcos había dado cuenta con pasmosa concisión y sencillez de la desbandada de los discípulos tras atravesar la dramática experiencia del apresamiento de aquel inigualable amigo de Nazaret:
“Todos le abandonaron y huyeron” (Mc 14,50).
15. De varones y mujeres
Como era de esperar, los valientes hombres, se agazaparon en el desánimo por haber visto frustradas sus aspiraciones de conquistar el poder y gozar de posiciones privilegiadas. Atenazados por el temor de seguir igual suerte que su Maestro, se refugiaron, alejados del Proyecto, en las guaridas del anonimato. Las mujeres, en cambio, permanecieron, más allá del final, en el lugar de la ejecución. ¡Solo y nada más que las mujeres! Ellas, lideradas por la incombustible Magdalena, reflexionaron buscando alguna luz en la cerrada penumbra. Tan grandioso Proyecto no podía quedar en nada. Resultaba disparatado pensar que el orden injusto había logrado abatir definitivamente la vida mostrada por el Galileo. Tras la experiencia de unos años junto a él, las mujeres concluyeron que la caverna de la muerte se hallaba desierta. Ese apretado lugar estaba inhabilitado para contener al inabarcable ser humano que asombró a la Magdalena y atiborró de alegría la endeble existencia de mujeres e insignificantes. Seguir el itinerario marcado por el Galileo era la única manera de encontrarse con él:
“Y ahora, marchaos, decid a sus discípulos y, en especial a Pedro: <<Va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis, como os había dicho>>” (Mc 16,7).
Despreciar ambiciones y emprender con lealtad desde el inicio el trayecto seguido por el de Nazaret es la única manera de encontrarse con él y dar con la vida. La religión, las oraciones, la liturgia, la obediencia a normas, ritos, o dogmas, las creencias, poses piadosas, muestras de ortodoxia, la palabrería, espiritualidades, contemplaciones, aceptación de misterios, la mística… son caminos inadecuados para ver cara a cara a quién superó la muerte. El regreso a Galilea resulta necesario para iniciar la andadura acertada. En ese espacio, el más alejado de las instituciones que mantenían el poder vasallo del imperio dominante, inició Jesús el camino:
“Cuando entregaron a Juan llegó Jesús a GALILEA y se puso a proclamar la BUENA NOTICIA (Evangelio) de parte de Dios”.
16. VOLVER AL EVANGELIO
implica retornar a su principio, a Galilea, dejando atrás otros espacios equivocados. Y una vez ahí, responder con pasos decididos siguiendo la ruta marcada por Jesús. Él no es el imaginado por la religión, sino el que los autores de los evangelios expusieron en sus textos a las primeras comunidades.
Los asustados discípulos tardaron lo suyo en salir del estancamiento. Fue el tiempo en que las mujeres, aun habiendo dado con el punto de partida y el itinerario, quedaron paralizadas por el miedo. No era aquél un mundo donde a las mujeres se les daba la iniciativa. Marcos dejó ahí la acción detenida al final de su escrito:
“Salieron (las mujeres) huyendo del temblor y el espanto que les entró, y no dijeron nada a nadie del miedo que tenían” (Mc 16, 8).
Esas últimas palabras de Marcos destacando el apuro de las mujeres demuestran que únicamente pudieron ser ellas las que las comunicaron. A ellas se debió también el enérgico impulso que movió al grupo de discípulos a reemprender el camino establecido con claridad por el Galileo.
16.1. Reinstaurar la función de El/la Lector/a
Además del arrinconamiento de Marcos, otra gran torpeza se produjo con el progresivo desplazamiento y relevo de la figura del Lector. Los encargados de explicar con pormenores el sentido del texto fueron perdiendo protagonismo al tiempo que ganaba terreno un conjunto doctrinal fundado no sobre experiencias, sino en juicios teológicos tenidos como verdades intocables a aceptar y creer de forma inapelable.
El descuido en analizar y explicar el Evangelio ajustando a él la vida fue a más. El individualismo ganaba terreno a medida que se iba apagando la identidad social de los adheridos al Proyecto. La función de Lector desaparecía al correr de los años. Como contrapartida, fue cobrando auge una autoridad veladora del ideario religioso y la ortodoxia doctrinal. Las discusiones teológicas se multiplicaron y dieron al traste con la exposición y enseñanza del Mensaje. La transformación del evangelio en religión a instancias del imperio dominante completó el desatino. Se extendió el discurso y menudeó la praxis. Proliferaron entonces interpretaciones equivocadas del Proyecto. De manera que los siglos se llenaron de divisiones, enemistades y hasta guerras de exagerada crueldad. La fragmentación permanece en la actualidad y cada una de sus partes asegura ser poseedora de una verdad falsificada con teorías. La amañada expresión ‘hermanos separados’, usada para justificar una fraternidad inexistente, finge la vinculación de cada una de las religiones autodenominadas ‘cristianas’ con el Mensaje de Jesús, aunque la realidad demuestra que todas ellas hunden sus raíces en idearios muy alejados de la propuesta del Galileo: la Buena Noticia, el Evangelio. Cada una de ellas presume de autenticidad y discrimina al resto como instituciones fraudulentas. Las religiones son de por sí conglomerados de duro e impermeable caparazón. Son excluyentes y consideran que la salvación se consigue más allá de la historia y se obtiene aceptando incondicionalmente sus dogmas. Se hallan en las antípodas del Evangelio. Los adheridos al Programa del Galileo se caracterizan por no buscar el refugio personal, sino la liberación de todo el género humano. Su actividad no queda en el interior de una organización religiosa persiguiendo asegurarse la vida en el más allá, sino que se desvive porque muchos la disfruten ya en cada momento histórico.
16.2. Hablar como la gente
Hasta el uso de la lengua latina contribuyó a incrementar la distancia entre la gente sencilla y el Evangelio. Mientras el pueblo llano fue haciendo evolucionar el latín vulgar hacia las lenguas romances, la institución religiosa se anquilosó en un latín culto cada vez más inentendible por la gente. La traducción del Antiguo y Nuevo Testamento se significó por seguir la estrechez del cauce doctrinal y alejarse del sentido de los textos originales. La explicación del Proyecto derivó en discursos tendentes a adiestrar en prácticas piadosas, pláticas aleccionando sobre observancia de un código destacado en represión de conductas sexuales y lecturas ininteligibles en ceremonias litúrgicas, útiles para realzar la sacralidad, que obligaban al silencio y apocaban al pueblo mientras se agigantaba la superioridad de una clase clerical. El Evangelio cayó en manos de personajes ignorantes dedicados a asustar a diestro y siniestro a base de peroratas amenazantes que aterrorizaban al personal con castigos eternos de exagerada crueldad. El Evangelio dejó de aparecer como la Buena Noticia que abría el paso a la alegría y a la vida y fue convertido en un ceñidor que asfixiaba la libertad y ponía trabas al progreso humano encarcelando a la gente en la inmadurez.
16.3. Pero, –puestos en guardia–, se habla en clerical
Hasta bien entrado el siglo XX estuvo prohibida para el pueblo la lectura de la Biblia. Se tenía por peligrosa. Tal tarea estaba reservada en exclusiva al clero. Era la manera de tener al Evangelio bajo control, blindar la sagrada autoridad y asegurase la obediencia de la gente. La realización de estudios teológicos en puntos reconocidos oficialmente ha autorizado y sigue autorizando a quienes los culminan a interpretar y comentar el Evangelio. Pero esta fórmula ha resultado solo útil para trabar la dinámica del Evangelio mediante las ataduras del ideario religioso. Conviene saber que ni en seminarios, ni en centros teológicos y ni siquiera en las facultades de Teología se enseña el texto original. No se explica la forma de traducirlo ni cómo analizar a fondo su contenido. De manera que predomina la pauta de utilizar fragmentos del texto para defender doctrinas, preceptos, dogmas y hasta ideas interesadas, de dudosa condición o incluso de carácter enfermizo.
16.4. (Lectores) condenados por herejes
Hace más de cuatro siglos se realizó la primera traducción completa de la Biblia (AT y NT) a nuestra lengua desde los originales hebreo y griego. Llevó a cabo la ingente tarea el monje declarado hereje: Casiodoro de Reina. Esta traducción fue incluida en el Índice de libros prohibidos. La misma suerte corrió la revisión posterior hecha a esta Biblia (1602) por el también monje y hereje Cipriano de Valera. A finales del siglo XVIII y en el XIX se llevaron a cabo algunas traducciones desde el latín de la Vulgata. Hasta cercana la mitad del siglo XX no aparecerá la primera traducción católica realizada desde los originales hebreo y griego. A partir de ahí hasta la actualidad han proliferado diferentes versiones, aunque la mayoría de ellas ha seguido el procedimiento habitual de intercambios de palabras de una a otra lengua, olvidando la equivalencia entre expresiones y modismos de culturas muy diferentes distanciadas, además, en el tiempo.
16.5. La clerecía exilió a Los y Las Lectores y Lectoras
La ausencia de la función de Lector ha originado un mar de confusiones a la hora de entender el mensaje de Jesús. La posición más ortodoxa orienta a seguir la interpretación tradicional marcada por la Institución religiosa. Ahora bien, los órganos institucionales, obsesionados en mantener las riendas doctrinales entre sus manos, han implantado una doctrina inmutable, ¡pero jamás han presentado una explicación justificada y al detalle del Evangelio! Quienes se mantienen en mayor o menor medida adscritos al posicionamiento oficial entienden los textos desde las claves del ideario religioso. Otras personas distantes de los criterios oficiales los contemplan a partir de principios humanos y sociales. Pero, en general, el Evangelio sigue siendo un gran desconocido. Lo prueba el hecho de su utilización como una colección de sentencias yuxtapuestas, útiles para defender las propias ideas.
Este uso tan extendido de expresar ideas refrendándolas con citas evangélicas revela que quien lo emplea una y otra vez en sus exposiciones como única fórmula y sin análisis del texto ignora el sentido global del Evangelio, desconoce las costuras de los relatos y muestra su incapacidad para alcanzar la profundidad de su sentido. Tal procedimiento resulta eficaz para arrogarse autoridad intelectual y señalarse como experto en la materia. Esta práctica tan generalizada demuestra en quienes la usan solo unas infatigables ganas de destacar. Su ignorancia se descubre fácilmente porque nunca explican el texto en sus pormenores siguiendo el original griego. Dejan a un lado el contexto, los interlocutores, los hilvanes que entrelazan los relatos, el arraigo de las expresiones propias de aquella cultura o el calado de los modismos… y se quedan en un revoloteo superficial sobre el texto alentados por la literalidad de la traducción que tienen más a mano.
17. volver al evangelio
no es cuestión de vocabulario. Ni consiste en que la institución religiosa se aplique unos exiguos retoques y se engalane con alguna prenda complementaria para lograr aparecer ataviada con aires de modernidad. La vuelta al Evangelio no se solicita, se realiza con decisión conociendo la ruta a seguir. Las mujeres fieles al Galileo llegaron a la conclusión, y así lo transmitieron al resto del colectivo de discípulos, que únicamente podrían encontrarse de nuevo con él siguiendo sus pasos con lealtad. Volver al Evangelio no significa retornar una y otra vez, cada año, a Belén, el lugar de nacimiento del criminal David, sino a Galilea para comenzar proclamando como Jesús el inicio de la Buena Noticia (τὸ εὐ-αγγέλιον):
“Cuando entregaron a Juan llegó Jesús a Galilea y se puso a proclamar la Buena Noticia de parte de Dios”.
y ser leales a su Programa hasta el final, como lo fue aquella mujer destacada por el evangelio de Juan como “el discípulo predilecto” (https://www.atrio.org/2020/12/el-proyecto-de-jesus-madurando-en-el-tiempo-17/; https://www.atrio.org/2021/01/el-proyecto-de-jesus-madurando-en-el-tiempo-y-18/): María la Magdalena.
La Magdalena fue la mujer encargada de trasladar al grupo de discípulos la idea de volver a Galilea. El compromiso será individual, pero el recorrido ha de realizarse colectivamente. El Evangelio o Buena Noticia anuncia, en un mundo dominado por el orden injusto, la presencia de una incipiente sociedad alternativa donde impera la justicia, la igualdad y la fraternidad, lo que entonces se denominó con la fórmula: el reino de Dios:
“Decía:
Se ha cumplido el plazo, está cerca el reinado de Dios” (Mc 1,15a).
Volver al Evangelio conlleva el compromiso de hacer realidad la utopía de esa sociedad alternativa sin desviar los ojos de las pisadas que dejó al pasar aquel inolvidable amigo de Galilea.
