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Pedro el pescador

Hoy he tenido conocimiento de esta nueva web que, con sencillez minimalista de recursos, se ha creado en Caleruega, publo natal de Domingo Guzmán, donde vive y seguramente alienta este proyecto el dominico Jesús Espeja, viejo amigo. Sabio y humilde, verdadero espiritual Precisamente el comentario al evangelio de mañana dmingo es suyo y hace un buen comentario a lo que será el cóclave. Dejo aquí ese texto y el enlace a la red Diálogos en línea: https://yvosotrosquiendecisquesoy.blogspot.com/ . AD.

Domingo 3º de Resurrección. Evangelio: Juan 21, 1-19.

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: —«Me voy a pescar». Ellos contestan: —«Vamos también nosotros contigo». Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada.

Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: —«Muchachos, ¿tenéis pescado?». Ellos contestaron: —«No». Él les dice: —«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: —«Es el Señor». Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al aguaLos demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: — «Traed de los peces que acabáis de coger». Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: —Vamos, almorzad». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

Para meditar.

En el relato del evangelio se presenta primero a Pedro y después a los otros discípulos. Han bregado toda la noche, pero su trabajo ha sido en vano; nada han conseguido. El Resucitado los llama desde la otra orilla, aunque ellos no perciben de entrada esa presencia.

Pero hay un discípulo amado, que vive la intimidad con Jesús, reclinado en su pecho, que permaneció fiel junto a la cruz, que guía a Pedro para encontrar al Resucitado en la noche oscura y vacía de resultados. Jesús está en la orilla del mundo que desborda nuestros ángulos de visión. Ante esta buena noticia, Pedro, que estaba desnudo, se ciñe la túnica, como Jesús se ciñó la toalla para servir a los demás en la Última Cena, y de nuevo emprende la tarea de pesca que esta vez será muy fructífera. Terminarán compartiendo el pan y el pescado en el almuerzo con Jesús.

Los cardenales, también comiendo el mismo pan en la celebración de la eucaristía, estos días se reúnen para elegir a un nuevo PapaEl Espíritu solo decide encarnado en nuestra decisión. Solo sopla para indicarnos el camino que finalmente decidimos nosotros libremente. No hay determinismo. A la hora de elegir al obispo de Roma, que por su misión calificamos como sucesor de Pedro, los cardenales ejercerán su libre decisión influidos por ese soplo. Ellos son creyentes como nosotros, con sus condicionamientos. Recemos para que sean permeables al Espíritu Santo. Elegirán a un bautizado que, como Pedro, se irá haciendo creyente, sirviendo a la comunidad humana como testigo de la fe. Avivemos nuestra confianza.

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