
Damos cuenta aquí de los comentarios recibidos a entradas de Atrio en esta última semana. AD.
• De: Verónica Pojmaevich (Argentina)
• Para: Mariano Alvarez Valenzuela
• Objeto: Últimos escritos
• Texto: Me encantan estas entradas donde se toman en cuenta obras de arte.
• De: Ana María Rodrigo
• Para: Mariano Alvarez Valenzuela
• Objeto: A ritmo de Vals
• Texto: Querido Antonio, podría escribirle (y así se lo digo) a Mariano lo que voy a decirte a ti como agradecimiento, a él por haberlo escrito y a ti por haberlo publicado, y es lo siguiente: este artículo es de lo más bonito que he leído, en mucho tiempo, en prosa poética. También la poesía abre infinitos a quien la lee, pues la subjetividad son mundos abiertos, diferentes, cada cual con su ritmo, pero siempre compartiendo mundos nuevos, sorpresivos y sorprendentes en belleza, en sugerencias, en luces, en sombras, pero siempre persiguiendo horizontes nuevos como la vida misma en un universo inconmensurable.
Gracias a Mariano, gracias a ti y gracias por hacer posible este atrio de encuentro.
Abrazos de esos en los que los brazos se abren para cincelar mis mejores sentimientos. sentimientos.
• Para: Mariano Alvarez Valenzuela
• Objeto: A ritmo de Vals
• Texto: –La reflexión de Mariano, que combina muy bien profundidad, sugerencia y poesía, me sugiere esta otra pequeña reflexión. El cincel, el pincel… son instrumentos con fines creativos. La lectura de tu reflexión, Mariano, me sugiere que la verdad se extrae del mármol de la realidad, cuya imagen se perfila, se revisa, se corrige y perfecciona hasta que aparezca el rostro auténtico de la imagen soñada de esa verdad real. La verdad no se crea, se extrae de la realidad.
Por eso, una verdad ajena a la realidad es un cuento, un mito o un intento de manipulación. Al hilo de la poesía que hay en tu artículo, cabe decir que la mejor poesía es el reflejo de la realidad profunda, a veces inefable. Valiéndome de Becquer añadiría que en la verdad profunda se encuentra la mejor poesía. ¿Juan de la Cruz no iba por ahí.
Mientras no sepamos ver-descubrir la verdad de la realidad, y separarla de nuestras “verdades” humanas -que frecuentemente son invenciones inconsistentes, cuando no malévolas-, muchas de nuestras verdades humanas serán sospechosas… Por eso, nuestras verdades -especialmente las “políticas” y económicas- son tan falibles y efímeras, son con frecuencia tan morbosas, amorales-inmorales que repugnan. La verdad y la dignidad del hombre-mujer no se llevan bien, mientras no se respeten. Y esto exige mucha madurez humana -cosa que no se advierte ni en política ni en los sistemas neoliberal ni en el totalitario.
Cuando seamos capaces de extraer una figura-verdad auténtica del mármol de la realidad, podremos decirle a esa figura-verdad: “Habla”… Mientras tanto, mejor que se calle.
• Para: Salvador Santos
• Para: Salvador Santos
