
Este artículo de Juan Antonio Vinagre muestra otro camino para seguir la Conveersación rn rl atrio. AD.
El artículo de L. Boff: “La tierra viva engendra a todos los seres vivos y a nosotros” , me sugiere esta reflexión que, aunque sea reiterativa, me parece bueno exponerla de nuevo. Lo mismo que releemos un libro, que nos interesa, varias veces -y hasta algunos los tenemos como libros de cabecera-, reitero esta reflexión. Y mucho más ahora que el papa Francisco se recupera de sus achaques, y que tal vez muchos deseaban que se fuera con sus intentos de renovar la Iglesia…
Y eso que reitero -porque creo que debe conocerse más y mejor- es el intento de Francisco de Asís (del Francisco de Asís del siglo XIII) de renovar la Iglesia y volver al Evangelio. (Lo mismo que decimos y pedimos hoy). A partir de una experiencia íntima personal que, orando ante un crucifijo en una capilla de San Damián de Asís, percibió una voz: “Francisco, repara mi Iglesia, que amenaza ruina”, Francisco se vio con el papa Inocencio III en la cima del poder (en tierra y cielo) para pedirle la conversión de la Iglesia al Evangelio… (Tanta ostentación y poder en la curia y en la iglesia jerárquica los veía como una grave infidelidad al Mensaje del Reino…) Para sus frailes no quería más regla y norma de vida que el Evangelio…
Este intento lo conoció y compartió otro fraile, Antonio de Padua o de Lisboa, pasado de los benedictinos a los franciscanos en vida de Francisco de Asís, que lo acogió con gusto. Pues bien, tras la muerte de Francisco en 1226, Antonio, profesor de teología, tal vez decepcionado por el poco caso que le hicieron a Francisco -la Iglesia no cambiaba- se dedicó a predicar, y en sus sermones con frecuencia arremetió contra obispos -el poder jerárquico-, denunciando su modo de vida antievangélico, hasta decirles: Vosotros que os declaráis seguidores de Jesús, vivís en palacios y tanto os dedicáis a la buena vida y a comer bien que engordáis como cerdos...
Por no escuchar a Francisco de Asís, la Iglesia siguió el camino de ir por la pendiente antievangélica, camino que se había iniciado siglos antes de Francisco de Asís. Hace algunos años, hablando con algún teólogo sobre este tema, dijo: “Hoy la curia romana no hubiese canonizado a Antonio de Padua”. (Entonces lo canonizaron al año siguiente de su muerte.) Esta es, según parece, la diferencia: Entonces no le escuchaban, pero reconocían que tenía razón. Hoy -desde hace dos o más siglos-, el poder en la Iglesia no aceptaría esas denuncias… y lo consideraría rebelde y tal vez… ¿Esto es lo que en el último siglo hemos “avanzado”?
No sigo más por hoy. Otro día tal vez diga algo sobre la genial intuición de Francisco de Asís, cuando consideraba que teníamos una fraternidad común y llamaba a todo “hermano”. Desde hermana tierra, hermano sol, hermano lobo, hermana muerte… El artículo de l. B. da para esta reflexión, que es más profunda de lo que pensábamos…
